Sábado 01 de Octubre del 2016
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Vivir despacio, vivir mejor


Las cebras no tienen úlcera.
El psicólogo Tal Ben-Sahar, de la Universidad de Harvard, sostiene que, si una persona escribe diariamente cinco pensamientos bellos, se vuelve más feliz cada día que pasa. Ignoro si esa fórmula está empíricamente probada, pero el experto está convencido de que funciona en casi todos los casos. Como las cosas están tan mal y la moral del personal por los suelos, no estaría de más intentarlo.

Perder, no se pierde nada, más perdemos acumulando mala uva, pánico inducido e indignación desbordada viendo cómo un puñado de especuladores y una banda de inútiles nos arruinan el país.

Bruno Contigiani, estresado ejecutivo de varias multinacionales italianas que un buen día decidió cambiar de vida, acaba de publicar Vivir despacio (Plataforma). En la obra, aparte de referirse al teorema de Ben-Sahar, cuenta que un día comprobó estadísticamente que, cuando le preguntaba a alguien cómo estaba, el personal respondía “como una máquina tragaperras en la cual se ha introducido una moneda” con una retahíla de contestaciones negativas que incluían consideraciones sobre los sueldos, los impuestos, el tráfico, el jefe, el Gobierno, los ricos, el cansancio, el mal tiempo o la edad. Contigiani asegura que ha aprendido a regatear estas situaciones y a buscar pensamientos positivos.

Gracias a ello, asegura, su salud se ha beneficiado: duerme mejor, tiene un sistema inmunitario más fuerte, digiere bien y pierde menos pelo.

Contigiani remite a otro investigador curioso, el profesor de Biología y Neurología Robert M. Sapolsky, de la Universidad de Standford (es además investigador del Instituto de Investigación de Primates de Kenia), que escribió un libro titulado ¿Por qué las cebras no tienen úlcera? (Alianza), donde establece que los animales como los hipopótamos (o las cebras) no se interrogan sobre la previsión social, ni se preguntan qué dirán en la primera cita, mientras que los humanos (y otros primates sociales), que vivimos mejor y más tiempo, somos lo bastante inteligentes para generar hechos estresantes puramente en nuestra cabeza. Para la mayoría de los animales el estrés es una crisis breve y ocasional; nosotros activamos las mismas respuestas fisiológicas que ellos, pero somos incapaces de desactivarlas con la misma rapidez.

Conclusión: si debemos comprometernos, reflexionar y cansarnos, mejor hacerlo en la dirección de la satisfacción en lugar de por la vía del mal rollo.

Hoy me he levantado con cinco pensamientos bellos: Merkel viajaba al espacio exterior, Rajoy vivaqueaba en el Aneto, Mas conquistaba a caballo la Agencia Tributaria, Mourinho hablaba en verso y yo me despertaba con una frondosa cabellera. Lo malo es que, al salir a la calle, me he convencido de que era más fácil el milagro de solucionar mi alopecia que todo lo demás. Y me ha estresado, además de recordar que tampoco soy una cebra.

Marius Carol
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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