Viernes 30 de Septiembre del 2016
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En democracia es el voto —y no el dinero— lo que legitima el poder


Una conversación de Rubalcaba y Seguro en Lisboa.
Desde que se produjo la Revolución de los Claveles, en Portugal, y la Transición democrática consensuada en España, siempre he creído que las relaciones entre los dos Estados ibéricos debían cambiar y volverse mucho más frecuentes y fraternas.

Modestia aparte, yo mismo hice alguna aportación a ello, durante la época en la que tuve como interlocutor al presidente del gobierno Adolfo Suarez. Con él suscribí el Tratado de Amistad entre los dos Estados, que sustituyó el obsoleto Tratado Ibérico firmado por los dos dictadores, Franco y Salazar, siempre desconfiados el uno del otro. Más tarde, con el presidente del gobierno Felipe González, un amigo querido, acordamos ingresar el mismo día en la entonces CEE y mantuvimos siempre contactos regulares y fraternos.

Fue pasando el tiempo, pero las relaciones entre los dos Estados ibéricos, aunque los partidos que estuvieran en el poder fueran política e ideológicamente diferentes, cuando no opuestos, nunca dejaron de ser buenas y fructíferas, en el marco europeo e iberoamericano. En efecto, somos aliados en la Unión Europea —y solidarios, como deben serlo los Estados europeos—, en la OTAN y en la Comunidad Iberoamericana, que une a la Península Ibérica con Iberoamérica, incluyendo, obviamente, a Brasil, un Estado emergente de decisiva importancia hoy.

Viene esto a propósito de un reciente encuentro en Lisboa entre los dos dirigentes socialistas ibéricos, Alfredo Rubalcaba, del PSOE, y António José Seguro, del PS. Anteriormente, y no hace mucho, tuvo lugar la reunión, también en Lisboa, entre el presidente del gobierno Mariano Rajoy, líder del PP, y el actual primer ministro portugués, Passos Coelho, líder del PSD y de la coalición gubernamental PSD/CDS/PP.

Hay, por lo tanto, en la época de crisis global que vivimos —y que tanto afecta a los dos Estados peninsulares, como a tantos otros— muchas razones para profundizar en nuestras relaciones, que no se enmarcan tan sólo en el momento, tan delicado, de la Unión Europea, sino también en otras áreas geográficas que nos afectan tanto como el Mediterráneo occidental, el Atlántico, África, los Estados Unidos e Iberoamérica.

Es evidente que los dos partidos socialistas tienen una visión muy distinta de la que caracteriza —con todos los matices, obviamente— a los dos partidos conservadores ibéricos hoy en el poder.

Sin embargo, más allá de las diferencias ideológico-políticas, son los problemas nacionales los que ahora se nos imponen, independientemente de los intereses partidistas. Y es eso lo que cuenta.

No tenía el gusto de conocer personalmente a Alfredo Rubalcaba, por más que hubiera seguido con atención su trayectoria, sobre todo a través de El País. Él tuvo, sin embargo, la amabilidad de ir a visitarme, lo que me honró y me dio la oportunidad de mantener una conversación, breve, pero suficiente para entendernos en cuanto a la crisis global que nos afecta y al modo de salir de ella, aunque con las limitaciones de pertenecer ambos a partidos de la oposición.

Con todo, lo más importante es la manera de vencer la crisis y de evitar que la austeridad, que los mercados usureros quieren imponernos, nos impida crecer económicamente y luchar contra el desempleo, con el fin de reducirlo drásticamente.

Se trata de un problema muy serio, que no afecta únicamente a nuestros dos Estados ibéricos sino, de forma cada vez más agudizada, a la Unión Europea en su conjunto, especialmente en la zona euro. En estos mismos momentos —¿quién lo hubiera dicho?— otra nación parece a punto de sufrir un colapso: ¡Holanda!

Creo que los partidos socialistas, socialdemócratas, laboristas y verdes, hoy casi todos en la oposición, deben aprovechar esta oportunidad única para reflexionar sobre el papel de la izquierda y refundarse en ámbito político, económico, social y cultural.

Los mercados usureros no pueden seguir dominando a los Estados, como está ocurriendo ahora, porque en democracia es el voto —y no el dinero— lo que legitima el poder. A menos que se quieran destruir las democracias europeas…

Francia, con los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, parece inclinarse hacia la izquierda —ya veremos cómo se comporta el electorado el próximo 6 de mayo—, lo que abre una ventana de esperanza. Otras se abrirán. Y es con esa perspectiva con la que la izquierda, en la oposición y sin prisas por volver al gobierno, debe prepararse no sólo para refundarse en cuanto partido, sino también para ayudar a transformar la Unión Europea en su conjunto, reafirmando los valores políticos, sociales y civilizadores de los Padres Fundadores, en ese contexto nuevo hacia el que Europa, para salir de la crisis, está obligada a virar.

Mário Soares
Fué presidente y primer ministro de Portugal.
Publicado en: El País

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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