Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Ciudadanos normales cambiaron el curso de la historia


La política y la normalidad.
El presidente Truman sustituyó a un gigante político como Franklin D. Roosevelt que murió menos de tres meses después de comenzar su cuarto mandato. Pasó su primera legislatura, al igual que Johnson en 1963 y Ford en 1974, sin haber sido elegido. Se presentó en 1948 y ganó frente a Thomas E. Dewey convirtiéndose en presidente por sus propios méritos.

Durante la campaña le ridiculizaban diciendo que era un hombre vulgar, normal, un personaje del montón, que se había encontrado fortuitamente con la presidencia de Estados Unidos. Solía responder diciendo “qué hay de malo en ser un hombre normal”. Ganó por muchas razones pero una de ellas fue que a los americanos no les habría importado cenar con él.

Sabía de las intrigas, ingratitudes y mentiras de la política y decía “que si quieres un amigo en Washington, llévate un perro”. He pensado en la interesante biografía de Truman al ver cómo uno de los conceptos que han contribuido a la victoria de François Hollande ha sido el de ser percibido como un personaje normal frente a la visión agitada que se tenía de Sarkozy.

En estos tiempos en que en los medios se habla sin cesar de recortes, déficits, deuda, primas de riesgo, rescates, austeridad y demás jerga ininteligible, no está mal que se recupere la normalidad, el cambiar el discurso de que todo se puede comprar con dinero apagando los sueños de quienes creen y creemos en un mundo más humanizado, más próximo a las personas que sufren, más justo y equitativo.

Un mundo que no tiene nada que ver con las pugnas de banqueros sin escrúpulos y especuladores de toda calaña que nos han llevado a la situación en que nos encontramos.

La normalidad puede convertirse en heroicidad. Pienso en el disidente chino Chen Guancheng, ciego de nacimiento, hijo de campesinos pobres, que se educó por su cuenta, se convirtió en abogado y es un icono mundial de los derechos de los discapacitados.

Este ciudadano ciego ha puesto nervioso a la cúpula del poder de Pekín y ha causado un problema en las relaciones entre China y Estados Unidos. Se refugió en la embajada americana, salió por presiones de Washington y ahora no saben qué hacer con un testimonio tan frágil pero tan poderoso ante 1.300 millones de chinos.

Fueron ciudadanos normales, tozudos, muchas veces encarcelados, los que cambiaron el curso de la historia en muchos países. Pienso en Émile Zola y el caso Dreyfus, Vaclav Havel, Nelson Mandela, Solzenitsin y tantos supervivientes de los campos de exterminio y sufrimiento del siglo pasado.

Se abusa de la paciencia pública cuando nos enteramos que personajes que tuvieron el privilegio de ser nombrados para grandes cargos políticos o financieros se van de rositas después de haber malversado fondos que no eran suyos. El botín que se llevan en sus huidas es indecente.

Lluís Foix
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

1 comentario

  1. formacion bonificada Responder

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