Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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La felicidad es un lenguaje de la vida


El miedo a la felicidad.
Uno de los libros que nunca se agotan es El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Aparte del impacto que puede tener una primera lectura atenta, lo mejor es la cantidad de repliegues que se van descubriendo a medida que crecemos. Es decir, tiene una interpretación para cada edad de la vida. En casa hemos seguido el ritual de regalar un ejemplar a cada hijo, y el resultado siempre ha sido satisfactorio. Sobra decir que los hemos avisado, “todo no tendrá sentido en la primera lectura”, cuando menos el tipo de sentido profundo que el libro esconde. Pero incluso en este caso, cada edad le saca un provecho inesperado. Un día que mi hija pequeña Ada lloraba, recordé que “el país de las lágrimas es muy misterioso”, y fue El Principito el que facilitó una conversación deliciosa. “¿Sabes que lo bueno del desierto es que en cualquier lugar esconde un pozo?”. La reflexión de una niña de nueve años, al oír esa idea, aún me impresiona.

Hoy, como a menudo, es Saint-Exupéry quien me motiva la reflexión. Hojeándolo de nuevo, me he detenido en otra de sus maravillas: “Es el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hace tan importante”. Y aquí, perdida en el Cadaqués mítico que hace siglos que late en el interior de mi familia, gozando de la calma conquistada por unos días, el sentido de esta idea se revela en toda su profundidad. Ciertamente, nada es importante por sí mismo, sino en función del tiempo, el cuidado y la estima que dedicamos, y que convierte una simple rosa, en una rosa única. Es nuestra actitud hacia lo que nos rodea, lo que lo hace vulgar o especial… Y de esa actitud surge la capacidad de ser felices.

Es curioso, pero en estos raros momentos en que me dedico tiempo a mí misma, y me pierdo en los placeres insólitos de la soledad, la idea de la felicidad me araña con insistencia. ¿Será miedo a no conquistarla?

Probablemente, porque los seres humanos estamos preparados para sufrir, luchar, fracasar y vencer, pero no nacemos con el manual de la felicidad.

A menudo he creído que más que un concepto, la felicidad es un lenguaje de la vida, y que hay que aprender a pronunciarlo de nuevo cada día, porque cada noche volvemos a olvidarlo. Y es el sentido del concepto, lo más difícil de comprender. Tal vez sólo es lo que dice Saint-Exupéry, la manera de mirar. “És quan dormo que hi veig clar”, decía el poeta Foix, o cuando frenamos la locura del viaje cotidiano, y descubrimos que si no vemos claro, es porque quizás hemos equivocado la mirada.

Sea como sea, la felicidad tiene que ver con el tiempo que dedicamos a las cosas y a las personas que nos importan.

El resto es tempus fugit, empleado para digerir la vida sin haberla probado. Acabo, como era previsible, volviendo a Saint-Exupéry: “Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo vemos bien a través del corazón”. La mirada, siempre es una cuestión de mirada…

Pilar Rahola
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

2 comentarios

  1. Virginia Romera Responder

    Precioso artículo, os dejo mi reflexión:

    Para mí la felicidad es estar en el momento presente haciendo lo que quieres hacer con las personas que quieres hacerlo.

    Para mí la felicidad es mirarte al espejo y sonreír porque ves a la persona que quieres ser.

    Cada persona tendrá un concepto de la felicidad y seguramente en las distintas etapas de su vida irá variando esa definición, seguro que si les pregunto a mis hijos me dirán que para ellos la felicidad es ir al cine y comer unas palomitas, aunque en realidad cuando más felices los veo yo es cuando están jugando con sus amigos; pero si por el contrario les pregunto a mis padres seguro que me dicen que vernos felices a nosotros, sus hijos, y tener salud.

    Una persona, una felicidad. Así podría resumir la variedad de conceptos de la felicidad, pero lo que está claro es que decirlo es fácil, pero conseguirlo es difícil.

    “Dar, compartir, aprender”

    “Recibir, disfrutar, comprender”

    “La felicidad es compartir”

    Virginia Romera

  2. canafa Responder

    ¿Porqué será, que sólo las mujeres son capaces de expresarse como Pilar Rahola o Virginia Romera?. Yo como hombre que soy, me maravillo de tal explosión de ternura y humanidad, que parece que es privilegio de las mujeres. ¿Será que los hombres tenemos miedo que nos confundan, si nos expresamos así?. En cuanto a Pilar Rahola, es que no deja a nadie indiferente o la aman o la odian. Pilar no cambies nunca, porque eres feminista, pero sin perder un ápice de feminidad.

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