Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Si no influimos para que los chinos y otros emergentes realicen sus derechos, pronto perderemos los nuestros


“La falta de derechos de los chinos amenaza los nuestros”.
Entrevista a Jacqueline Bhabha, abogada que dirige el centro de Derechos Humanos de Harvard.
Nací en Bombay, hija de judíos huidos del holocausto, y me casé con un indio: crecí en Italia; me eduqué en Inglaterra y vivo en EE. UU. Hoy los derechos humanos o son universales o no son. Y sin recursos para realizarlos, se quedan en buena voluntad. Colaboro con el CCCB.

La Unión Europea y singularmente España, desde una dictadura, han conseguido convertir en leyes los derechos humanos…

Al menos sobre el papel…
… Pero no en la realidad. Porque no hay derechos sin recursos. Y sólo una economía eficiente genera los recursos necesarios para hacer realidad los derechos humanos. Como el derecho al empleo: España lo incumple. El paro viola los derechos humanos.

¡Qué nos va a contar!
… Y sin embargo, su sistema sanitario, que realiza el derecho a la salud, es más eficiente incluso que el de sus vecinos franceses…

Al menos por ahora.
Pero tampoco sin recursos podrán mantenerlo, así que, sobre el papel, la UE y ustedes son tal vez los que mejor cumplen los derechos humanos en el planeta, pero en la realidad aún los incumplen.

Y no sé si vamos a mejor…
La competencia de emergentes como China, Brasil o India, más competitivos al no destinar recursos a realizar esos derechos, les va a impedir que ustedes los realicen.

¿Qué hacer?
Tener una mirada global, desde luego. Estamos ante un desafío planetario. O avanzamos todos los países en la realización de derechos y obligaciones, o todos retrocederemos también. No habrá derechos laborales para los españoles si los chinos no realizan al menos algunos; al menos en parte.

También habla usted de obligaciones.
Empezando por la fiscal. Las grandes multinacionales y las grandes fortunas eluden el pago de los impuestos nacionales mediante los paraísos fiscales. Lo que concentra la presión fiscal sobre las clases medias nacionales que no pueden escapar al fisco.

Si nos comparamos, no nos va tan mal.
Desde luego, en los países emergentes, que con su competitividad amenazan ahora el bienestar europeo, han aumentado al tiempo enormemente las desigualdades sociales.

Esperemos que las vayan corrigiendo.

En China la nueva prosperidad no se redistribuye y las diferencias entre ricos y pobres se incrementa. La paradoja es que la falta de derechos de los chinos pone en peligro los nuestros. Lo mismo sucede en India, Brasil y los nuevos emergentes, con otros matices, porque son democracias.

¿Ellos deberían vivir mejor para que nosotros no tengamos que vivir peor?
De momento, debemos ser conscientes de que no podemos realizar nuestros derechos si ellos no realizan también los suyos en alguna medida. Por eso nuestra presión debería superar el marco mental nacional, porque hoy nuestros estados, de uno en uno, ya no solucionan nuestros problemas.

¿Qué propone?
Deberíamos manifestarnos y votar para que nuestra apertura de barreras comerciales se condicionara a que los trabajadores chinos obtuvieran más derechos. Si no los obtienen, pues no les abrimos nuestros mercados. Y les imponemos aranceles en las rondas de negociación del libre comercio.

¿La alternativa?
Es rebajarnos nosotros nuestros derechos hasta el punto de que podamos producir igual de barato que ellos. Otra alternativa sería lograr superioridad tecnológica sostenible: difícil, pero lo sería aún más distribuir sus frutos sin crear una sociedad dual.

O sueldos high tech o todo a cien.
La prosperidad de España y el bienestar de los españoles ya no se decide en las manifestaciones españolas, sino en las rondas mundiales de liberalización comercial. Hoy esas rondas globalizan mercados y los capitales, pero no los derechos laborales y sociales.

A los beneficiarios del libre flujo de bienes y capitales no les preocupan.
Por eso debemos presionar. Porque si eliminamos aranceles sin poner condiciones sociales a los chinos y emergentes no sólo desarmamos nuestros mercados, también estamos desarmando nuestros derechos.

¿Y los chinos no harán alguna huelga?
En Harvard y en Pekín creen que llevará 20 años igualar los derechos de los occidentales y los chinos. Y el PCCh tiene miedo…

¿De qué? Si están prosperando.
Pese a su apariencia monolítica, China es un sistema muy frágil. Y los jerarcas del partido que emergieron del trauma de Tiananmen son muy conscientes de que estuvieron al borde de la catástrofe y la guerra civil. Tienen pánico a que la democracia les desborde y miden cada paso.

Recordamos al joven frente al tanque.
Mis amigos sinólogos y los académicos chinos, con quienes discuto a menudo los derechos humanos en China, insisten siempre en esa fragilidad: China, repiten, es un gigante que está despertando…

Pero si un día se colapsa…
… Pero debe ir con pies de plomo para no tropezar y, en ese punto, los chinos me advierten que si ellos tropiezan, todos caeremos. Ahora debemos admitir que 300 millones de chinos han salido de la pobreza…

Eso los convierte en más protestones.
Por eso las autoridades chinas sobrerreaccionan a amenazas nimias, como la libertad de expresión en Google. Y por eso reprimen con tanta dureza a los disidentes.

Al menos ese no es el problema en Brasil ni tampoco en India.
Le daré un dato: los indios más brillantes que venían a doctorarse a Harvard, Stanford, Berkeley… antes se quedaban en Estados Unidos, pero hoy la mayoría vuelven a India, donde ven más oportunidades.

Un solo mundo
Tal vez nuestros votos y nuestras presiones influyan sobre nuestros gobernantes, pero no sirven para nada si nuestros gobernantes no consiguen influir en el mundo. Y diríase que esta capacidad de influencia, que ya es limitada en Bruselas, París o Berlín -menor a la que debería tener un país de nuestra población-, apenas pesa en otros centros de decisión del planeta. (O eso parece y lo que parece hoy es lo que importa). La profesora Bhabha analiza el progreso de los países por su cumplimiento de los derechos humanos, que no existen sin prosperidad, y esa mirada global revela que, si no influimos para que los chinos y otros emergentes realicen sus derechos, pronto perderemos los nuestros.

Lluís Amiguet
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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