Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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El optimismo y la fatiga del apocalipsis


EE.UU. busca ser optimista para creer en un futuro de abundancia y bienestar.
¿Un mundo donde la democracia avanza imparable? ¿Más pacífico que nunca? ¿Con la pobreza en descenso y la esperanza de vida en aumento?

En tiempos de recesión y malestar, cuando buena parte de los países desarrollados sufren todavía una de las peores crisis de las últimas décadas, los derechos humanos se violan a diario en Siria y otros puntos del planeta y el espectro del terrorismo vuelve a asomarse a Europa occidental, esta visión puede parecer obscena.

En Estados Unidos, sumidos en una guerra de incierto desenlace en Afganistán, más de veinte millones de personas están en paro o subempleadas. También aquí existe la sensación de que, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, las generaciones más jóvenes vivirán peor que sus padres. En el país que tiene el optimismo en sus genes, la crisis financiera -y las fracasadas aventuras bélicas de esta década, y la irrupción de China- refuerzan el temor del declive.

Pero algunos, como el semanario británico The Economist, ya hablan de fatiga del apocalipsis. Como decía hace unos meses, en una charla en Washington, John Podhoretz, director de la revista neoconservadora Commentary, ahora somos incapaces de imaginar la salida del túnel, pero lo mismo ocurría hace unos años. En pleno boom, muchos eran incapaces de imaginarse un mundo en el que el crecimiento no fuera irreversible.

Hay signos alentadores en Estados Unidos. El paro baja y la economía crece. Un sondeo de Gallup, publicado en febrero, revelaba que el 44% de los estadounidenses cree que en un año la economía habrá mejorado. Parecen pocos, pero en enero sólo eran un 34% y en diciembre, un 28%.

Estos brotes coinciden en Estados Unidos con la emergencia, en las universidades, los laboratorios de ideas, en Silicon Valley, de una especie de partido del optimismo. Sus militantes reclaman, primero, fijarse en lo que en inglés se denomina el big picture, o la perspectiva amplia: nunca la humanidad había vivido tan bien ni tanto como ahora. Al mismo tiempo, albergan la creencia -a veces casi religiosa- de que nos aguarda un futuro de bienestar y abundancia.

Abundance (Abundancia) es el título de un ensayo que se ha encaramado a las lista de superventas y en el que sus autores -el filántropo Peter Diamandis y el periodista Steven Kotler- argumentan que el desarrollo exponencial de la tecnología puede salvar a la humanidad.

Desde la educación hasta la sanidad, pasando por el acceso al agua potable y a la energía, son problemas solubles con una combinación de filántropos al estilo Bill Gates, técnicas que permiten a individuos innovar por su cuenta como antes sólo lo hacían las grandes compañías o gobierno y el ascenso de los más pobres, “los mil millones de abajo que finalmente se están conectando a la economía global y están destinados a convertirse en los mil millones emergentes”.

“Imaginen un mundo de nueve mil millones de habitantes con agua limpia, comida nutritiva, vivienda accesible, educación personalizada, cuidados médicos de primer nivel y energía no contaminante y ubicua”, escriben. Y sostiene que esta visión no es una utopía. En los próximos 20 o 25 años, explica Kotler en una conversación telefónica, “es posible levantar de manera significativa los niveles de vida globales”.

Y pone ejemplos. “El coste de la comunicación se ha derrumbado”, dice. “Ahora un guerrero masái en Kenia, con un teléfono móvil, dispone de un mejor acceso a la comunicación que el presidente Bill Clinton hace 15 años”.

“En los últimos 50 años la pobreza ha bajado más en el mundo que en los 500 anteriores”, dice. “Y en Estados Unidos, quienes ahora viven por debajo del umbral de la pobreza tienen acceso a televisión, a coche, a aire acondicionado, a fontanería, a un teléfono móvil, a una serie de lujos con los que que, hace cien años, los más ricos ni podían soñar”.

Kotler recuerda que en el siglo XX la esperanza de vida se ha doblado y la mortalidad infantil ha caído un 90% y los alimentos son 13 veces más baratos.

Algunos argumentos de Kotler coinciden con los del profesor de Harvard Steven Pinker en The better angels of our nature. Why violence has declined (Los mejores ángeles de nuestra naturaleza. Por qué la violencia ha declinado). Pinker da noticia de “lo que quizá sea lo más importante que ha ocurrido en la historia de la humanidad”. “Lo crean o no -anuncia al inicio del libro-, la violencia ha caído durante largos periodos de tiempo, y es posible que hoy vivamos en la era más pacífica de la existencia de nuestra especie”.

En casi 700 páginas y con un alud de datos, Pinker intenta demostrar que ahora hay menos guerras, menos violencia, menos homicidios (entre 10 y 15 veces menos en el siglo XX que en la edad media).

Entre otras explicaciones, apunta a la extensión del comercio y de los estados sólidos, así como el poder creciente de las mujeres (“porque la violencia es en gran parte un pasatiempo masculino”, escribe).

El autor incluye entre los ejemplos de la mejora de la civilización humana el respeto a los derechos de los animales, y en el capítulo dedicado a esta cuestión menciona la prohibición de los toros en Catalunya.

Robert Kagan, uno de los analistas de política internacional más influyentes en Washington, contrarresta en el recién publicado The world America made (El mundo que hizo América) las visiones apocalípticas sobre el imperio americano.

Kagan, asesor informal del candidato republicano a la Casa Blanca Mitt Romney, escribe que “una recesión, o incluso una crisis económica severa, no tiene por qué significar el inicio del final de una gran potencia”.

¿El ascenso chino? Militar y económicamente, la hegemonía estadounidense sigue siendo indiscutible, replica el autor.

Kagan cree que hegemonía de EE.UU. ha creado las condiciones para una expansión de la democracia sin precedentes. En los años 50 del siglo XX había entre 20 y 30 democracias en el mundo. Entre finales de los 70 y principios de los 90, pasó a 120. La primavera árabe amplía la cifra.

“La explosión democrática -escribe- está a punto de entrar en su quinta década seguida: la expansión mayor y más amplia en la historia”.

Quizá, como suele decir el presidente Barack Obama, citando a Martin Luther King, “el arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia”.

Marc Bassets
Publicado en: La Vanguardia

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