Domingo 25 de Septiembre del 2016
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El FBI se las ingenia para combatir la corrupción en Wall Street


La codicia era buena…
El FBI, la agencia federal de investigación de Estados Unidos, ha decidido probar la publicidad y hacerlo con una estrella de indiscutible fulgor. No es algo que practique habitualmente, pero la causa merece la pena y, además, los que han participado en la realización del anuncio lo han hecho desinteresadamente. El desafío: combatir la corrupción que reina en Wall Street. Y la fórmula elegida es, por lo menos, ingeniosa. Han contado con el actor Michael Douglas para que defienda exactamente lo contrario que predicaba uno de sus personajes de ficción más célebres, el Gordon Gekko de Wall Street, la película de Oliver Stone de 1987 que tuvo su continuación en El dinero nunca duerme, de 2010.

Ganar la mayor cantidad de pasta posible y hacerlo cuanto antes, sin reparar en medios, ni atender al más mínimo escrúpulo moral: esa era la fórmula de aquellos vertiginosos años donde los tiburones financieros se convirtieron en emblemas de una época que consagró el lujo y los excesos del poder y del dinero como sus valores de referencia.

Vestían con trajes de marca, se perfumaban con las fragancias más caras y no se les movía un solo cabello cuando ordenaban alguna operación millonaria tras haber pisoteado hasta la más minúscula regla de decencia. Gordon Gekko lo tenía claro: “La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena. La codicia está bien, funciona”, decía.

Con ese mensaje, Wall Street se convirtió en los ochenta en un nido de buitres. Ahora, el FBI se ha propuesto acabar con las perrerías que se ensayaron y perfeccionaron en aquellos días en los mercados financieros y que han terminado por desencadenar en el mundo una de sus más devastadoras crisis.

Michael Douglas ha acudido a la llamada y, en primer plano y con una exquisita sobriedad, recuerda en el anuncio que hizo de Gordon Gekko, pero que aquello era una película y, por tanto, una ficción. La corrupción en el mundo financiero es, sin embargo, un problema real.

Ya no se trata de exaltar la codicia, sino de perseguirla. Y el mensaje es claro: “Si ves algo, di algo”. Al FBI, por supuesto.

Marcos Balfagón.
Publicado en: El País

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