Martes 27 de Septiembre del 2016
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Una vida más reflexiva para el 2012


Buenos propósitos en el umbral del 2012.
La filosofía nos enseña que cualquier ocasión es propicia para examinar nuestras vidas. Lo más fácil es seguir como ovejas a los que van adelante, sin entender adónde se va. Sin embargo, la vida reflexiva es la más valiosa, la que enriquecemos pensando en lo que verdaderamente importa: el sentido de nuestros actos, los afectos, la belleza, la comunidad, los valores y el devenir .

Nuestra vida es la obra de arte más importante que podemos crear, y cada tanto no viene mal enfrentarse a un examen de conciencia para realizar pequeños ajustes , corregirnos, aceptar aquello que no podemos modificar, reconocer que nada permanece, salvo el cambio, y pacificar el alma revisando nuestras acciones.

Para el año que comienza tal vez no deberíamos pedir que se cumplan nuestros deseos porque el bienestar no suele depender mucho de las circunstancias de la vida.

Sería más útil fortalecer nuestra capacidad para ver la mitad llena del vaso, es decir, para sentir gratitud por los bienes recibidos, sin someternos al principio de adaptación hedónica -que vuelve tibios nuestros goces más intensos-; la capacidad de fluir en una o varias actividades que den sentido a nuestra existencia, la de consagrar tiempo para estar con nuestros seres queridos, la de ofrecer ayuda a los próximos y a los desconocidos, la de disfrutar de pequeños placeres viviendo en el presente, sintiéndonos comprometidos con metas individuales y colectivas a largo plazo y asumiendo los problemas como desafíos a superar.

De todo esto dependerá en buena medida nuestro bienestar.

El sistema político y económico en el que vivimos nos incita a elevar las expectativas y el consumo. Este es el atajo más directo hacia la insatisfacción, y el encuadre opuesto a la gratitud.

Con expectativas demasiado altas, no hay espacio para la sorpresa. La gratitud, por el contrario, nos permite recuperar nuestra capacidad de asombro.

Cuando las cosas van a contramano, solemos comparar el estado actual con el ideal. Cuando mejoran, nos olvidamos de comparar los bienes presentes con las penurias pasadas.

La vida es lo más fortuito y, al mismo tiempo, lo más extraordinario.

Es necesario vivirla ahora mismo, porque el futuro es incierto y el ayer no regresa, y, sobre todo, se trata de nuestra única vida.

La civilización ha convertido la vida en algo admirable y también, mediante sus crecientes inequidades y exigencias de privación y sacrificio, en un trago doloroso y amargo. Muchos lo tienen “todo”, pero aún no se han conquistado a sí mismos. Para millones de personas que padecen la miseria y la opresión social, la vida es dura y pesada. Para todos a veces constituye una carga. Pero el desamor, la molestia y el infortunio pasan y salimos fortalecidos de la experiencia y nos sentamos a disfrutar de sus bienes como si se tratara de un banquete. Cambia la comida, cambian los compañeros de mesa, cambia el mobiliario, cambia nuestro paladar e incluso cambia el anfitrión. Pero casi siempre es posible tentarse con un manjar, aunque sea por curiosidad.

Que en el 2012 sepamos extraer bienes de nuestros males y podamos embellecer nuestra empresa común, la existencia, dejándola un poco más alegre, un poco más justa, un poco más plena.

Roxana Kreimer
Licenciada en filosofía y Doctora en ciencias sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Publicado en: Clarín.

1 comentario

  1. en positivo 3/1/12 Responder

    […] Una vida más reflexiva para el 2012 […]

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