Viernes 31 de Octubre del 2014
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Ser agradecido, una forma de aproximarse a la felicidad


Dar las gracias.
Todavía recuerdo la pregunta que me hacían de muy chico cada vez que recibía algo: “¿Qué se dice?”. Obviamente, la respuesta era una sola: gracias. De tanto machacar, al mejor estilo de Pavlov, lograron que el gracias saliera de mi boca sin necesidad de recordatorios.

Esa fórmula, que con el tiempo yo mismo repetiría con mis hijos, es la que desde hace muchísimos años se aplica en hogares de todo el mundo.

Por favor y gracias son palabras que abren muchas puertas y, por lo general, predisponen mejor a quienes interactúan con nosotros.

En la vereda de enfrente, ser desagradecido es uno de los defectos que suelen marcarse con más dureza en la personalidad de una persona. Una frase atribuida a Henry Ward Beecher dice que “el corazón desagradecido no halla perdón ni misericordia, pero el corazón agradecido encontrará algunas bendiciones celestiales cada hora”.

Siempre ligada a las buenas costumbres o al ámbito de la religión, la acción de dar las gracias fue puesta bajo la lupa científica de la psicología. Y, ¡oh sorpresa!, se descubrió que ser agradecido no sólo nos permite gozar de mejores vínculos interpersonales y de una mirada más cordial de los otros sino que es parte importante de nuestro pasaporte al bienestar y a la felicidad.

Desde los 90, varios psicólogos entendieron que además de poner foco en el trauma, los complejos o los desórdenes, también era necesario prestar atención a los aspectos saludables de los pacientes. Así, de la mano de Martin Seligman, de la Universidad de Pensilvania, y de otros colaboradores, surgió lo que conocemos como psicología positiva.

De las emociones positivas, hay una en la que el doctor Robert Emmons, del Departamento de Psicología de la Universidad de California, se concentró especialmente: la gratitud.

Como resultado de sus investigaciones Emmons llegó a la conclusión de que practicar la gratitud aumenta nuestros niveles de felicidad, que el agradecimiento se puede ejercitar y que además ayuda a mejorar otros aspectos de nuestra salud, como un mejor dormir. Emmons publicó en 2004 el libro Psicología de la Gratitud, volcando allí el resultado de sus investigaciones.

Dicen que los refranes populares siempre esconden alguna verdad. Y aquí parece tener cabida el que afirma que “el dinero no compra la felicidad”. En efecto, se demostró que una vez que las personas tienen sus necesidades básicas satisfechas, aumentar su fortuna personal o sus bienes no guarda relación directa con un mayor bienestar emocional.

En otras palabras, no se es más feliz si se tiene más dinero.

En ese sentido, la psicología moderna no tiene dudas al respecto ya que los estudios realizados en personas de distintos países y edades han demostrado que la salud, la familia y el amor son aspectos que ocupan el primer puesto a la hora de preguntar qué los hace felices.

Al mismo tiempo, las personas agradecidas por lo que tienen son menos propensas a sufrir estrés, envidia y frustraciones, emociones ciertamente dañinas para la salud. Son de esa clase de gente de la que se dice “que saben disfrutar lo que tienen”.

Los investigadores concuerdan en algo: ser agradecido significa reconocer que hay gante involucrada en nuestra vida y las cosas que nos pasan.

Quien cree que todo lo bueno que le sucede es por sus propios méritos difícilmente pueda sentirse agradecido con otros. Además, están quienes creen que tienen derechos sobre los demás, que las leyes rigen para los otros y no para ellos, que el mundo está obligado a darles todo lo que necesitan; los que se creen autosuficientes y son arrogantes. Más tarde o más temprano la vida se ocupa de demostrarles lo equivocados que están.

Y en esto tienen mucho que ver las experiencias de vida tempranas y la manera en que somos educados.

Si somos reconocidos es fácil reconocer; si nos enseñan a compartir, es más fácil dar, recibir, y poder decir gracias.

Sin confusión
Pero los investigadores advierten con énfasis que no hay que confundir agradecimiento con dependencia o conformismo. Son cosas distintas.

El agradecido es quien reconoce lo que otras personas han hecho por él. Es quien admite que las acciones de otro han mejorado algo de su vida.

Y aquí no hay cuestiones de magnitudes: no importa si nos prestaron el teléfono para una llamada o nos ayudaron a apagar un fuego incipiente en nuestra casa. Basta con decir gracias para que el otro reciba ese reconocimiento de nuestra parte, es la mejor manera de decirle que valoramos lo que hizo. Al mismo tiempo, ese gesto nos ayuda a sentirnos bien y a estar mejor con nosotros mismos.

¿Y qué pasa con los que les cuesta decir gracias? La buena noticia es que este método se puede desarrollar y la gente se puede “entrenar” para ser agradecida. Esta modalidad de fortalecer las emociones positivas y su aporte a la salud tiene un amplio reconocimiento científico.

La psicología le dio un marco de rigor académico a lo que la sabiduría popular sostuvo durante siglos y a lo que desde siempre practican quienes profesan una religión y dan gracias a Dios.

Ser agradecido no sólo es un gesto de buena convivencia, es también muy importante para nuestra salud física y emocional, y para ser más felices.

Y a decir verdad, no encuentro mejor manera de terminan esta nota que darle las gracias por haberla leído.

Jorge Pandini
Publicado en: La Nación

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2 comentarios

  1. JMC Responder

    Pues gracias por éste artículo : D

  2. Miguel Angel Responder

    Muchas gracias a quien escribió el artículo, a quien lo ha puesto en este blog, y al blog por existir.

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