Martes 27 de Septiembre del 2016
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Indignados, el redespertar ciudadano


El 15-M, protagonista del año.
‘El País Semanal’ publica su número especial dedicado a 100 mujeres y hombres iberoamericanos que han marcado el año que termina. La imagen de portada es para los indignados, el movimiento social que nació en la madrileña puerta del Sol. Tres participantes en el 15-M, tras posar para la foto, han reflexionado sobre el redespertar ciudadano siete meses después de su estallido.

Después de tomar la plaza de Sol una mañana fría y luminosa de diciembre, y subirse a la salida acristalada de metro que hace siete meses fue empapelada con los sueños de cientos de personas, reunimos a estos tres ciudadanos anónimos en una buhardilla del barrio de Huertas. Allí, tomando café y té para entonarse, contaron cómo su destino se vinculó al movimiento 15-M desde aquel chispazo primaveral de protestas espontáneas. María Fernández Chillón, 35 años, socióloga, miembro de la asamblea de Economía de Sol desde mayo; Alberto Araico de Brito, de 21, estudiante de Ciencias Ambientales y artífice de una bóveda de cañón hecha a base de palés -el simbólico punto de información de Sol-; y Henar León, de 34, diestra en las redes sociales y activa en la asamblea de barrio del 15-M en Retiro.

Los tres han prestado su rostro para la próxima portada de El País Semanal, un número especial dedicado a los 100 personajes iberoamericanos que han marcado 2011. Y aunque ninguno se sentía protagonista de nada, dada la horizontalidad del movimiento, los tres repasaron el devenir de aquellos sueños e hicieron examen de la indignación que aún les corre por las venas. Esto es un extracto de su conversación:

Alberto: A mí el 15-M me pilló por sorpresa. Estaba entre Soria, Guadalajara y Teruel haciendo un trabajo en la cuenca alta del Manzanares. Paramos en una cafetería de un pueblecito y pusimos la televisión… Llevaría una semana y pico funcionando el 15-M y nos quedamos acongojados, preguntándonos: “¿Qué es esto?”. Rápidamente dijimos: “Aquí no pintamos nada, vámonos a la ciudad”. Y en Madrid, fue increíble. Íbamos con lo macutos porque veníamos del campo. Y la gente nos decía: “¿Vais a la acampada? ¡Mucho ánimo chavales!”. Todo el mundo. Y nosotros: “¿Qué ha pasado? ¿Se ha cambiado el mundo? No es posible esto…”. Llegamos pensando que era un mundo nuevo. Como después de Cristo. Nos quedamos alucinados. Y nos sumamos a la masa.

Henar: En mi caso, ya trabajaba en consumo responsable. Vengo de la vivienda digna, del derecho a techo y todas esas cosas. Y me enteré por Twitter. Los de Juventud Sin Futuro dijeron: “Vamos a hacer una manifestación”. Empezaron a surgir distintos hashtag y tal…. Yo a la del día 15 no pude ir. No estaba en Madrid. Pero a partir del 16 empecé a ir a Sol a ver qué pasaba. En el momento del desalojo ya nos incorporamos todos. Twitter ha sido la forma de enterarme y también de seguirlo.

María: Yo el 15-M estaba de vacaciones. Me cojo siempre una semana sin móvil y sin tele y sin noticias. No me enteré hasta el día 18, ya se había montado todo. Estuve un par de días documentándome y le dije a mis amigos que en cuanto pisara Sol ya no salía. Fui el día 20, había asamblea de economía, me senté allí y hasta hoy.

Logros del 15-M

María: El cambio que más me ha impactado desde el primer día es que han salido a la calle discursos que hasta ahora nadie había sacado jamás. El estar en una plaza hablando de sistema fiscal o haciendo crítica al sistema financiero y que todo el mundo participe y opine, me parece el cambio más visible…

Henar: La exigencia. Para mí lo más relevante es que los ciudadanos están exigiendo a la clase política y a las organizaciones cosas que no se habían tocado, o eran tabú o se daban por hecho… Y el nivel de la conversación ha ganado, se ha enriquecido mucho, con temas de economía, de política, de educación…

Alberto: Nos ha enseñado que hay mucha más gente de lo que creíamos que piensa que el cambio no solamente es posible sino inevitable. Y que un grupo que enfoca con alegría un objetivo puede llegar a saltar muros infranqueables.

María: Lo que tiene meterte en esto es que crece la indignación a medida que te enteras de más cosas y tienes acceso a informaciones…

Henar: Pero hay un poco de sensación de tapón: los dos primeros meses tenía la sensación de que había un apoyo mediático que de repente empieza a desaparecer. Intentas transmitir cosas y se queda todo abajo y lo que sale son los picos que no son representativos. Todo el trabajo de fondo, que es tremendo y muy cansado, por ejemplo el trabajo que se hace en barrios -de repente, 80 personas vienen a un centro cultural para hablar de neorruralismo y sistemas [de vida] alternativos-; todo ese trabajo de difundir información, eso no se ve. O el trabajo de economía. Para mí es el más importante y no está saliendo a la luz, o el del grupo de elecciones 20-N.

María: En realidad igual hay menos gente, pero hay mucho más contenido, muchísimas acciones. Casi cada día en todos los barrios. Nosotros el viernes [16 de diciembre] tuvimos un encuentro con un grupo de profesores de universidad sobre economía crítica. Y todo eso parece que no sale.

Alberto: No, no, para mí el único logro y más que suficiente es el que toda esa gente que pensaba así se haya encontrado. Y después, la toma de espacios públicos en la calle, me pareció una protesta increíble, porque realmente nos lo están quitando todo… Todo lo que no es rentable, y no produce. Y esto fue decirles que somos personas, que no somos máquinas de ganar dinero y de gastarlo, porque realmente nos están convirtiendo en eso. Yo creo que ha sido una toma de conciencia increíble.

Henar: Puede parecer que hemos desaparecido. Me lo dice mucha gente. No es así. Cuando hay un llamamiento importante hay una respuesta masiva. Es verdad que tenemos tantísimas convocatorias diarias que parece que no hay nada, pero si hubiera un mapa de actividad, se vería que lo hay… Cada uno apoya de la forma que puede. Hay gente cuyo apoyo es de intención y convocatorias masivas, y hay gente que prefiere ir todos los sábados por la mañana a una asamblea. Ahora ha sido un poco complicado, con el invierno y el frío que hace en la plaza.

Cómo les ha cambiado

María: Tu vida más cotidiana, el día a día, te la cambia de arriba abajo. Y te cambia la manera de relacionarte. En las discusiones, he aprendido a ser capaz de aprender a respetar los distintos puntos de vista, a tener una conversación a otro nivel entre mucha gente. El proceso asambleario al final consiste en conversar mucho, discutir mucho y respetarse mucho.

Henar: De repente te quedas sin tiempo libre porque prefieres invertirlo en otras cosas que además te forman mucho a nivel humano. Yo igual no me habría leído nada de economía en mi vida ni se me habría ocurrido ir a una charla de economía… Hace ocho meses habría sido impensable. Y se me hace raro ahora ir a una reunión de amigos o de trabajo y que no se respeten los turnos de palabra, que la gente intente imponer sus argumentos en lugar de escuchar los otros y tratar de entender… Me ha cambiado totalmente la forma de diálogo en grupo.

Alberto: Yo personalmente ya dedicaba mi tiempo libre a actividades reivindicativas. Pero lo que ha supuesto el 15-M es llevar estos temas a un universo de mentalidades tan diferentes… Y el movimiento asambleario a mí me ha cambiado porque me he dado cuenta de que las ideas buenas no vale solo con tenerlas. Tienes que saberlas transmitir, y saber rebatir, y recular cuando te muestran un aspecto que no se ajusta a lo que tenías pensado. Ha sido sobre todo el dinamismo de muchas mentalidades funcionando en una misma dirección.

Críticas al movimiento

María: Al movimiento se le pueden hacer muchas críticas, y una es la inoperancia. Pero estamos trabajando en mejorar. Desde el principio hemos tenido problemas de comunicación interna entre los distintos grupos sobre lo que se hace y no se hace o lo que se solapaba. El sistema asambleario ralentiza las decisiones, pero cada asamblea es soberana y para eso tiene sus consensos y sus acuerdos. Cada asamblea de barrio decide, y comunica esas acciones. Lo negativo que puede tener el sistema asambleario me parece mínimo comparado con lo positivo.

Alberto: A mí me parece incluso injusta esta crítica. Creo que es loable una asamblea donde todos los constituyentes tienen palabra y capacidad de veto. No creo que hubiera gente con mala baba que vetara porque sí. En general la buena voluntad ha hecho que salga adelante algo tan difícil.

Henar: Como crítica no pondría solo la comunicación interna, sino la comunicación en general. Si no estamos llegando a nuestros vecinos hay algo que estamos haciendo mal. Tenemos que mejorar y hacer hincapié en que somos un movimiento inclusivo. Lo que más unió a Sol, y consiguió que estuviera a rebosar los días 18 y 19 de mayo, fue que todo el mundo como individuo se sentía integrado en esa colectividad. No creo que se haya perdido, pero sí que creo que hay que hacer más desgaste ahí.

Los mensajes de indignación

María [sobre los carteles que diseñó para el retrato de portada; llevó varios]: Los que he elegido van en el sentido de movilizar a la gente que sigue en casa. El que más me gusta es el de Si callas consientes.

Alberto: Es que no hacer es hacer.

María: Y el de Dormíamos, despertamos. Es la inscripción que estaba en la famosa placa que apareció en Sol. Y luego lo de Sin casa, sin trabajo, sin educación, sin futuro.

Alberto: Y Sin miedo. Ese es el primero que yo vi antes del 15-M

María: Luego, “Esta crisis es una estafa”. Es un poco por lo que estamos pasando: el sistema no quiere personas, quiere esclavos.

Henar: Vamos despacio porque vamos lejos. Ese es el mensaje que he llevado en las manifestaciones… Como respuesta a la crítica de que no andamos nada. Si estás tratando de cambiar algo gigantesco hay que ir con calma y despacio.

Alberto: A mí la frase que mas me gustó de Sol fue la de Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir. Dije: ‘Dios, que buena, me la han quitado a mí de la cabeza’.

 

Guillermo Abril
Publicado en: El País

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