Viernes 30 de Septiembre del 2016
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La solución de la crisis no será ni financiera ni económica, sino espiritual, moral o política


Ante la crisis, un poco de historia.
Roma y Atenas, epicentros de la tempestad económica y financiera que está sacudiendo a Europa y al mundo…
Han leído bien: Roma y Atenas.
En otras palabras, las dos cunas de Europa.
Dos de las tres fuentes (gracias al cielo, aún falta Jerusalén) de su moral y sus religiones.
La doble matriz de sus lenguas.
Los grandes bloques de creencia y memoria que sellan su destino.
Los lugares de intervención del modelo de democracia y ciudadanía en el que siempre hemos vivido.
El espacio de nuestro conocimiento y de nuestro derecho.
El idioma de nuestro doble comercio: de las cosas y de las mentes.
La patria de nuestros filósofos, nuestros retóricos, nuestros jurisconsultos, nuestros pontífices y nuestros artistas.
Nuestra brújula y nuestro compás.
Nuestra genealogía secreta y, con mayor motivo, imperiosa.
Y todo lo que me dejo en el tintero.
Pues esto es una señal que, claramente, quiere decir dos cosas.

1. Lo que está en crisis es Europa. Ni las finanzas ni la economía. Europa. Su cultura. Su genio. Su conciencia sin conciencia. Lo que tiene de inmemorial y su memoria. Su base y su origen. Su corazón, que cada vez late más débilmente. Su alma. Su gramática común y oculta. La distinción que inventó entre la ley y el derecho. O entre el hombre y el ciudadano. La articulación, que le es propia, de las múltiples formas de lo Múltiple y el nombre único de lo Uno. En resumen, su ser. Su substancia.

De suerte que, para entender lo que pasa, para saber de qué se trata cuando se habla de crisis de la deuda o del euro, para comprender, solo comprender, lo que dicen los movimientos populares de protesta que sacuden a esas dos grandes capitales de la inteligencia europea que son Roma y Atenas, más que a Keynes o a Friedman, conviene releer a Gibbon, Humboldt o incluso a Polibio, esos teóricos del destino y la caída del paradigma ateniense y del modelo romano.

Primero vino el tiempo de la difusión de la idea griega por mediación del Imperio, y luego, por mediación de su incipiente catolicismo. Más tarde vino el cisma de comienzos del segundo milenio entre los maestros de la Idea y los maestros del vehículo, entre los herederos de Atenas y los de Roma, y cada cual recuperó su bien. Y después, en mitad del difícil trance del proyecto político europeo moderno, vino la reconciliación de 1965, con el levantamiento de las excomuniones, la paz de las Iglesias y sus sacerdotes, y el desarme de las mentes. Pues bien, tal vez estemos entrando en una nueva fase: aparentemente, un acercamiento; exteriormente, un reencuentro; pero para mal, esta vez; pero cataclísmico, de pronto; como si Roma y Atenas se asociasen en el mismo desastre; como si los dos difuntos legados conspirasen en la misma amnesia; mueca de la filiación; caricatura; así es.

2. La solución a esta crisis tampoco será ni financiera ni económica, sino, de nuevo, espiritual, moral o política. Gobiernos de tecnócratas, por supuesto. Altos funcionarios, expertos, gente competente, personas como Mario Monti, como Loukas Papademos, muy bien. Planes de austeridad y rigor, pruebas de resistencia a los bancos, Estados reformados, Estados que rompen con las payasadas berlusconianas, es lo que se impone y nadie podrá escapar a ello. Pero si lo que precede es exacto, si realmente no es casual que Roma y Atenas sean los dos nombres de este apocalipsis en suspenso y de sus jinetes, que se han vuelto locos; si, detrás de la explosión de la deuda soberana, de la quiebra anunciada de los Estados, de la crisis de confianza generalizada, de la especulación, del dinero loco, de la creciente irresponsabilidad de los actores involucrados, todos ocultos, hoy, detrás de un Sistema anónimo e, inevitablemente, irreprochable, está en efecto ese des-ser radical, si realmente son la sede de Europa, su eje fundador, su doble nombre imaginario y simbólico, su religión profana, los que están malheridos, entonces, ninguna de esas medidas bastará, ninguna de esas ligaduras remodelará Europa como mundo y ninguna reforma conseguirá mantener a raya la catástrofe anunciada.

Europa se estableció por primera vez reemplazando la palabra del oráculo y el adivino por la del ciudadano-magistrado. Se reconstruyó, una segunda vez, prefiriendo la razón al anatema, la conciencia de que había pasado a ser nación transnacional al cisma de la fe y los cuerpos. Pues bien, del mismo modo, ahora, la palabra, la sabiduría, la forma de hablar y de escuchar de los arcontes y los polemarcas fieles a lo mejor del legado europeo se enfrentan a esos nuevos arúspices que son los agitadores de los mercados financieros y a esos nuevos grandes excomunicadores que son los agentes de la triple A.

Recordar Roma.
Restaurar Atenas.
Ese es el único plan.
Pues, como de costumbre, el resto, es decir, la intendencia, vendrá a continuación.

Bernard-Henri Lévy
Publicado en: El País

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