Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Fundan un periódico en uno de los barrios más violentos de África


De Kibera, un barrio de la periferia de Nairobi, solo llegan historias marcadas por la violencia. La de hoy, sin embargo, es una muy buena noticia. Lo que más nos gusta a En Positivo, es que viene cargada de esperanza y optimismo. Jóvenes periodistas han fundado un periódico que está causando sensación en el barrio. Habla de sus gentes y está hecho por ellas. Nada mejor, para quienes buscamos buenas noticias, que encontrar un medio con rol social verdadero. Gracias al Kibera Journal, sus habitantes, hoy, son algo más felices. Ofrecemos, a continuación, un maravilloso relato periodístico que nos acerca a esta realidad kenyata a la vez que nos complace con su lectura.

 

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Kibera es un lugar de consejo corto y blanco: allí no hay que ir. Y punto. Además, cualquier periódico local sitúa rápidamente uno de los mayores asentamientos irregulares de África: casi cada día se publican noticias de asesinatos, robos y violaciones que ocurren en ese barrio de casas de uralita a las afueras de Nairobi, en Kenia. En Kibera viven más de un millón de personas, según cifras bastante infladas de varias ONG, unas 170.000 según el censo oficial, que viven hacinadas entre basura y chabolas –abandonadas por el Gobierno keniano– y dan cancha de sobra para titulares de drama diario.

Pero no sólo hay rayos y tormenta. En Kibera todo el mundo se saluda, hay proyectos para tratar de salir adelante y hasta el bar San Siro, de hojalata y bancos de madera, donde reunirse para ver los partidos con los colegas.

Kibera es un lugar de vida y en el que también es un placer perderse para conversar con sus vecinos. El periodista Douglas Namale lleva tres años gritándoselo al mundo. Con apenas 23 años, se cansó de leer las palabras miseria y crimen asociadas a su barrio natal y se rebeló: fundó el Kibera Journal, que distribuye sus 3.000 copias mensuales en las mezquitas y tiendas del barrio menos recomendado de Nairobi.

Y es un éxito porque habla y es de sus habitantes. “En el 2007 miramos a nuestro alrededor y vimos que los grandes medios sólo publicaban malas noticias de Kibera, así que decidimos hacer algo diferente, un periódico que además de los problemas, también contara las cosas positivas del barrio”, recuerda.

Sus ojos de satisfacción de hoy insinúan que ha tenido que sortear mil problemas para llegar a convertirse en líder-director. Ahora está al frente de cuatro periodistas más –todos del barrio– que redactan noticias en suajili e inglés, hacen las fotografías y se pelean con el viento para sacar adelante el noticiero a apenas 18 céntimos de euro el número. Porque los obstáculos en Kibera nunca son cosa del pasado. “No siempre podemos publicar, apenas tenemos dinero y la mayoría de veces los periodistas no cobramos; si no hiciéramos otras cosas no podríamos resistir”, explica.

Al preguntar por qué continúa el proyecto responde con una lección de puro periodismo. “La gente está entusiasmada, se ve representada en estas páginas; mi éxito es publicar cosas que puedan cambiar la vida de la gente”, dice. Y entonces, de carrerilla, encadena mil motivos para seguir empujando un periódico que hace aguas en la caja registradora.

Pero Namale no se detiene a lamerse las heridas. Al revés. Se entusiasma al recordar un reportaje sobre el primer muerto por la violencia postelectoral. Era vecino de Kibera. “Fui a ver a su familia y vi que sus dos hijas se iban a quedar sin escolarizar porque él era la única fuente de dinero de aquellas niñas; unos días después de publicar el reportaje, una persona llamó a la redacción y les pagó la escuela”, relata.

Su optimismo es tan contagioso como entrañable y exagerado. La redacción a la que se refiere es una pequeña habitación de una casa baja cedida por la Kibera Community Development Agenda, que apoya el proyecto. Hay sólo dos ordenadores viejos. Pero hace falta más que un cuarto diminuto para desanimar a Namale. “Desde que tenemos internet, todo va mucho mejor”, señala.

Namale también tiene sueños. Acaba de abrir un proyecto de reportajes de vídeos con 14 voluntarios del barrio y quiere potenciar la edición digital. También le habría gustado abrir una emisora de radio, pero los políticos no eran muy amigos de dar una frecuencia libre a un grupo de periodistas independientes. “A veces no les gusta lo que escribimos”, confiesa Namale con una risa pícara, casi de orgullo.

Y aún aspira a mucho más. “¿Sabes cuál es mi sueño de verdad? Fundar una escuela de periodismo para enseñar a los jóvenes del barrio. Algún día lo conseguiré, ya verás…”.

No acaba la frase porque le interrumpe Mwanga, de 25 años y otro de los periodistas del rotativo. Tiene un “very big” reportaje entre manos y viene a trabajar. Antes de encender el ordenador, suelta una perla para explicar por qué rema en la misma dirección que su jefe y amigo. “El periódico explica la vida del barrio porque si no, nadie habla de las cosas de aquí. Este periódico es la voz de Kibera”, dice.

Y enciende el ordenador.

 

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