Lunes 26 de Septiembre del 2016
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La vuelta al mundo caminando en 11 años


La vuelta al mundo caminando en 11 años

 

Hoy en día, debido a la situación económica que estamos viviendo, resulta bastante frecuente que los negocios no funcionen tan bien como se esperaba. La gente tiene muy diversas formas de encajar el fracaso empresarial. Pase lo que pase, lo fundamental es no desesperarse y recordar que siempre hay una esperanza, por pequeña que sea. La vida sigue y cada día nuevo nos ofrece una oportunidad para reinventarnos y seguir adelante.

Esto mismo es lo que hizo el canadiense Jean Béliveau. A los 45 años y tras la quiebra de su pequeña empresa de carteles luminosos: decidió dejar atrás su depresión e iniciar un viaje alrededor del mundo a pie para enfrentar ese fracaso.

El pasado domingo 16 de octubre completó esta aventura que inició el 18 de agosto del año 2000 en Montreal, después de recorrer un camino de más de 75.000 kilómetros a través de 64 países de los cinco continentes. Su periplo, que ha durado 4077 días, once años y dos meses, tenía el único objetivo de luchar y defender la paz y la no violencia en beneficio de los niños del mundo.

Alto, delgado, y con una barba gris de tres días que enmarcaba una amplia sonrisa. Así volvió Jean Béliveau a su hogar, a grandes zancadas, detrás de un carrito con una bandera canadiense, donde cargaba sus pocas pertenencias. Allí le esperaba Luce Archambault, su actual pareja, y un apoyo incondicional durante todo este tiempo. Y es que a esta aventura no le falta nada, ni siquiera la historia de amor. Luce, que viajaba cada año para ver a Jean, estuviera donde estuviera, ha sido durante todo este tiempo un apoyo incondicional.  “Yo fui su Penélope y él es mi Ulises”, asegura emocionada.

Jean partió con 4.000 dólares y nunca tuvo patrocinadores, y esa es la suma que aproximadamente gastó cada año, gracias a su compañera, con la que se comunicaba con frecuencia por Skype. Ahora Luce lo alienta a inscribir su proyecto en el marco del decenio de la Unesco 2000-2010 por la no violencia y para el futuro de los niños del mundo.

“Después del alimento y el techo, el hombre necesita un sentido de pertenencia”, comenta hoy Jean, que atravesó desiertos y montañas y se vio subyugado por la simpatía de la inmensa mayoría de la gente con la que se cruzó, que a menudo le invitaban a dormir y comer en sus casas, seducidos por su aventura.

Hoy no tiene dinero pero se siente enriquecido. “Me fui vacío, pero regreso con bagaje intelectual”, dice este “librepensador”. Ahora está pensando la posibilidad de escribir un libro, dar conferencias y promover “la armonía entre la gente y escuchar al otro, negarse a rechazar al otro”.

Sin duda una fantástica historia, que pasará a los anales de la historia por su finalidad solidaria y por ser, al parecer, la marcha ininterrumpida más larga alrededor del mundo. Para conocer más en profundidad estos once años alrededor del mundo, Jean Béliveau dispone de su web personal, donde ha ido publicando mapas, fotos e historias sobre su viaje durante este tiempo.

 

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