Viernes 30 de Septiembre del 2016
Google+ Pinterest
sponsors 1; 2

En Portugal los restos no se tiran, se comen!


Comida que sobra de un lado, familias que no tienen qué comer del otro. En Lisboa, los habitantes se han movilizado para recuperar la comida que los restaurantes desechan. Una muy buena noticia que ofrece ingeniosas soluciones a la cara más dura de la crisis.

En el “cuartel general” el destinatario es Maria Cladestina. Es un nombre en código. El nombre real figura escrito en un post-it pegado en un saco lleno de comida. Son casi las 9 de la noche. Hunter Halder coge el saco y se dirige andando hacia su casa. La recepción del saco se hace de forma discreta, en cuestión de segundos. El ritual se repite cada noche.

La escena habría podido ser en un barrio pobre de Lisboa, sin embargo no es el caso. Maria Clandestina vive en Nuestra Señora de Fátima, una zona acomodada de la capital. Su salario de portera no le garantiza poder cenar todos los días, pero la vergüenza de ser pobre es más fuerte que el hambre. “Ella me cuenta que necesitaba ayuda y que no quería que los vecinos se enterasen; dice que preferiría morir”, cuenta Hunter. Este consultor norte-americano se instaló en Portugal hace 20 años y, con la ayuda de su hijo Christophe, han montado una “operación de rescate de la comida”,

basándose en dos premisas: la primera es que todos los restaurantes tienen restos de comida, que suelen acabar en la basura, y la segunda es que cada vez hay más gente que necesita esa comida, gente con desempleo o que simplemente no llega a fin de mes. “No hay más que hacer de puente entre estas dos realidades”, explica Hunter.

Así es como nació Re-Food 4 Good, la asociación que se creó con esta idea.  Hoy día, Re-Food (diminutivo de rescuing good food, es decir “salvar la comida”) funciona gracias a una cincuentena de voluntarios, dentro de un sector piloto que agrupa siete calles del barrio de Nossa Senhora de Fátima, donde se han identificado unas 70 personas con necesidad. En seis meses han distribuido más de 6000 comidas donadas por 31 restaurantes, cafeterías y bares del barrio. Su objetivo es ampliar su proyecto a otros barrios y conseguir de Lisboa la ”primera ciudad sin despilfarro alimenticio”.

“Derramar la sopa es nuestra peor pesadilla”, comenta Hunter, ya que su modo de transporte es la bicicleta.

Considera que llama la atención, y, ciertamente, es así. Más de uno hace de voluntario después de verle a él, con su sombrero de paja, de un lado para otro con esa bicicleta amarilla. El proceso empieza yendo en bicicleta a los restaurantes a buscar esos grandes sacos de comida listas para que se puedan llevar. A continuación se preparan todos los sacos adaptados a cada familia (sopa, plato principal, fruta y pan o postres) y Jose, el cocinero, ni siquiera consulta con la tabla de las preferencias de cada uno, se las sabe de memoria. Después, en coche, van de calle en calle a entregar la cena a esas mujeres que les esperan con sus hijos, a ese grupo de ancianos o a la pareja que vive en un edificio sin luz con sus tres hijos, y que antes se alimentaban de agua azucarada.

Con ingenio y optimismo, el lado más oscuro de la pobreza se va diluyendo y aparecen las sonrisas en los rostros de quienes más recibían el impacto de la desigualdad. Este tipo de historias son las que nos llenan de optimismo y hacen que en cada día existan miles de razones por las que vale la pena levantarse a luchar.

Fuente: Courier Internacional

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>