Domingo 25 de Septiembre del 2016
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Protestas globalizadas: parecidas pero diferentes


 

Ya he leído en algunos medios que el éxito de las protestas que tuvieron lugar el pasado 15 de octubre en más en más de 900 países de todo el mundo se debía a la resonancia mundial que había tenido el movimiento Occupy Wall Street (Ocupad Wall Street o, en una versión más inclusiva, Ocupemos Wall Street). Sin embargo, desde España, estas protestas se ven como un movimiento que nació en el Sol de nuestra propia indignación para luego extenderse por Europa y saltar el charco. Quienes quieran defender la autoría de la chispa que encendió al mundo no pueden tampoco olvidar que la Primavera Árabe nos llevaba meses de ventaja.

Aun con todo, la verdad es mucho más compleja. La mayoría de las protesta que tuvieron lugar el ya famoso 15-o tienen su propio origen y, aunque similares en cierta manera, están motivadas por las frustraciones particulares de los habitantes de cada país.

Este es un repaso a los orígenes de las demandas de algunas de estas protestas globales, así como parte de las críticas que han recibido.

 

En Chile, los estudiantes exigen una educación pública

Desde el pasado mes de mayo, los chilenos están saliendo a las calles para pedirle al Gobierno que la educación sea gratis para todos. Estudiantes, tanto universitarios como de secundaria, han ocupado colegios y facultades en señal de protesta. La semana pasada ocuparon también el edificio del senado en Santiago de Chile. Cientos de miles de personas han participado en las marchas organizadas durante los últimos seis meses para exigir estos cambios en educación y se han producido diversos altercados violentos. La policía ha llegado a utilizar gas lacrimógeno y cañones de agua contra los manifestantes, algunos de los cuales, enmascarados, prendió fuego autobuses urbanos.

Las encuestas de opinión muestran que más del 80% de los chilenos apoya las protestas de los estudiantes, que también tienen el respaldo de profesores y sindicatos. Hasta ahora, el Gobierno ha rechazado las peticiones de los manifestantes alegando que no el país no puede permitirse el gasto que supondrían.

 

En Israel, los jóvenes se quejan por el costo de vida

Las manifestaciones comenzaron en Tel Aviv el 14 de julio cuando cientos de personas acamparon en el distrito financiero de la ciudad para protestando por el alto costo de vida del país. El Gobierno, lejos de escuchar sus quejas, se burlaron de los protestantes denominándolos “nargila [hookah]”, algo así como un sinónimo de nuestro “perroflautas”.

Sin duda, nadie (nadie en los altos cargos del país, desde luego) esperaba que las protestas duraran mucho tiempo; sin embargo, después de dos meses, las manifestaciones batieron récords en número de participantes. La marcha del 3 de septiembre contó con 450.000 personas, un 6% de la población total de Israel.

Viendo el panorama, el primer ministro Israelí propuso algunas reformas. Cuando éstas fueron rechazadas por considerarse insuficientes, Benjamin Netanyahu reunió a un grupo de trabajo para estudiar la manera de mejorar la calidad de vida de la clase media israelí.

 

En España, el alto índice de paro juvenil salta la chispa

El 15 de octubre llevaba tiempo marcado en el calendario de muchos españoles. Desde las manifestaciones del 15-M, los indignados han demostrado a quienes dudaban de ellos que tienen capacidad de organización y que, si en un principio no tenían unas propuesta concretas, desde luego lo que sí saben es lo que no quieren.

El movimiento de los indignados tuvo su explosión el 15 de mayo, cuando miles de personas se manifestaron en  52 ciudades españolas impulsadas por el colectivo Democracia Real Ya y otros movimientos ciudadanos y colectivos que querían demostrar su desacuerdo con la actualidad política y económica.

Sin embargo, fueron las cargas policiales producidas en la histórica Puerta del Sol lo que llenó de indignación haciendo que corriera la voz entre las redes sociales de tal forma que las manifestaciones se multiplicaron en los días siguientes, y se organizaran acampadas en las principales ciudades del país.

Los manifestantes fueron tachados, sin fundamento, de antisistemas y “perroflautas”, y se les echó en cara no tener una serie clara de propuestas. La “ciudad” organizada en la Puerta del Sol en Madrid fue el centro neurálgico de todas las asambleas que se fueron organizando en el resto de ciudades. Sin un líder claro, pues los manifestantes se organizaban de forma asamblearia, muchos pensaban que esta revolución tenía los días contados. Y sin embargo no fue así.

 

En Alemania, se teme por el futuro y se protesta contra la energía nuclear

En Frankfurt, el centro financiero Europeo, unas cien personas están acampadas frente al Banco Central Europeo y al menos 4.000 personas más tomaron las calles el pasado fin de semana para protestar con el sistema bancario.

Durante estos meses y a partir de que los españoles salieran a la calle, se han observado también grupos de protestantes alemanes, aunque en menor medida. Mientras los norteamericanos se centran en protestar con la creciente desigualdad de la nación y la disparidad en el reparto de riquezas, Alemania tiene una de las distribuciones más equitativas, según estudios de la revista Foreign Policy. Los jóvenes alemanes no cargan con deudas de préstamos estudiantiles y la tasa de desempleo tan sólo es del 9,7%.

Sin embargo, el país lleva meses manifestándose en contra de la energía nuclear, especialmente después del desastre de la central de Fukushima, bajo el lema “Atomkraft?nein danke” (¿Nucleares? No, gracias), lo que ha hecho que miles de personas salgan a la calle. Además, los jóvenes, a pesar de vivir en un país en el que la crisis financiera no afecta de forma tan aguda, sienten una amarga decepción porque los rescates de los bancos estatales no se han traducido en reformas en el sistema financiero. Parece ser que se tiene el sentimiento generalizado de que la crisis les está robando el futuro.

Las protestas han surgido en cada país como consecuencia de una coyuntura diferente. Es como si la carga explosiva estuviera preparada en diferentes puntos y por distintos motivos. Dónde haya saltado primero la chispa es lo de menos. Lo que realmente importa es que el objetivo final es el mismo para todos: cambiar el mundo.

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