Sábado 01 de Octubre del 2016
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Un proyecto para sonreir


Historias para sonreir.

“Estaba pasando por una época difícil y un día, cuando estaba bajando las escaleras del metro, estallé en sollozos. Una chica corrió hacia mí y me abrazó por unos cinco minutos. Fue tan amorosa y ni siquiera sé su nombre”.Éste es apenas uno de los muchos momentos que ha recolectado el proyecto “Amabilidad en el metro” de Transporte para Londres (TFL).Las historias reconfortantes en los profundos túneles del ferrocarril subterráneo más antiguo del mundo no sólo están siendo registradas en el sitio virtual de TFL, sino que van apareciendo también en las paredes del metro, para leer mientras llega el tren.

Entre ellas, varias sobre gente que se toma la molestia de consolar a quienes ven en apuros, algo que sorprende dada la distancia que mantienen los londinenses, particularmente cuando están obligados a ser parte de la multitud.

La francesa Sandrine cuenta que cuando llegó a Londres por primera vez, le llamó la atención que nadie hablara en el metro. Pero un día, en el que había terminado con su novio, “estaba llorando y había una pareja sentada al lado mio. Antes de bajarse, la mujer me dio un pañuelo y el hombre me dijo: ‘sólo recuerda que todas las tormentas pasan'”.Corazones rotosAsí hay varias historias más de personas que bajaron las escaleras del metro con el corazón roto y terminaron sonriendo entre las lágrimas.”Mi novio había terminado conmigo y en el metro un chico que iba con una guitarra me preguntó cuál era mi canción favorita. Tocó “Imagine” y cuando le quise dar una propina, la rechazó y dijo: ‘sólo quería verla sonreír'”.”Estaba sufriendo un dolor terrible por la muerte de mi padre y mi hermano, e iba camino a casa. Salí del tren a tropezones y llorando, y convencida de que era invisible para el mundo. Pero una mujer se acercó a preguntarme si estaba bien. Me dejó con una calidez en el corazón”.Y a veces, las lágrimas brotan por otro tipo de pérdidas. La londinense recuerda un día en el que todo un vagón ayudó a acallar el llanto de un niño.”Oí al niño llorar y levanté la vista de mi libro. Su globo de helio se le había escapado y ya casi no lo podía ni ver. Alguien lo alcanzó y empezaron a pasarlo desde el otro extremo del vagón. Todos terminamos sonriendo, no sólo el chico que recuperó su globo”.En otro tren, un padre no lograba hacer que sus dos pequeños hijos dejaran de llorar, así que un pasajero que estaba cerca sacó de un tubo que llevaba un puñado de plumas de pavo real y les empezó a hacer cosquillas con ellas. “Hizo que todo el vagón se empezara a reír, contagiados por las carcajadas de los deleitados bebés. Y el agradecido padre dejó escapar el suspiro de alivio más profundo que he oído”.BurbujasPero en otras ocasiones, ocurren cosas sencillamente porque sí.Sarah estaba en el metro con su hermana cuando otro pasajero encontró una botella de líquido para hacer pompas de jabón.”El chico empezó a llenar el vagón de burbujas y luego se lo pasó a la mujer que estaba sentada a su lado. Todos terminamos haciendo pompas de jabón y muertos de la risa”.Otra chica recuerda como un día, “el caballero que estaba sentado frente a mí no paraba de mirarme y de escribir algo en un pedazo de papel. Cuando volví a mirarlo, había levantado el papel y en él se leía: ‘eres bella’. Para mí es inolvidable, no sólo por la amabilidad de decir palabras tan bonitas, sino porque tuvo la valentía de hacerlo”.Y luego están las muchas historias sobre los esfuerzos que hace la gente por devolver propiedad perdida.Como la de un hombre que encontró el teléfono de un estudiante asiático y llamó a Australia a pedir que le ayudaran a ubicarlo en Londres para poder devolvérselo.O la de Sam, quien al bajarse de un tren, vio que un hombre golpeaba frenético la ventana y gesticulaba: “¡la próxima estación!”, mientras le mostraba su teléfono. “Me monté en el siguiente tren y en efecto estaba esperándome, junto con su esposa y tres hijos. Puso el teléfono en mi mano y salió corriendo. Nunca pude decirle gracias”.Cuando la pérdida es aún más preciosa, también hay alguien dipuesto a ayudar.”Mi hermano y yo eramos pequeños cuando vinimos por primera vez de vacaciones y mi padre estaba cargando todas la maletas. Cuando vimos el tren, salimos corriendo y nos montamos a pesar de que nos gritó que no lo hiciéramos. El tren partió con nosotros pero sin él. Una señora que nos vio llorando, se bajó con nosotros y esperó hasta que mi papá nos encontró”.Amable exploración.Quien maneja el proyecto es el artista Michael Landy, famoso por destruir todo lo que poseía en la vitrina de una tienda en Oxford Street.”Estaba buscando la situación idónea para explorar cuál es el valor de la amabilidad, qué significa y que tipo de intercambio implica el darle una mano a alguien”, señala Landy.El metro, a juzgar por las historias que todavía siguen llegando, es un buen lugar. Gestos amables que se quedan en la memoria de sus usuarios suceden en los vagones de los trenes, en sus corredores, en las escaleras… y hasta en sus puertas.“Al salir de la estación de Oxford Circus una noche de lluvia torrencial, me quedé mirando derrotada los ríos que se habían formado y una mujer pasó con un paraguas de golf. ‘Aquí hay suficiente espacio para dos’, dijo… ¡y lo había!”.Fuente: BBC Mundo

1 comentario

  1. Alberto Dolmann Responder

    Creo que debo agradecer que estas cosas pasan comunmente acá en Argentina y no nos sorprenden. Lástima que eso sorprenda en Inglaterra. Tendria que ser asi en todo el mundo y asi estariamos todos en paz ! Abrazo de oso a todos !

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