Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Allende muy vivo en el corazón de su pueblo


La paradoja de Allende.

Cuando este domingo 4 de septiembre se entierren los restos de Salvador Allende, será la tercera vez que esto ocurra.
Que el presidente mártir de los chilenos no haya podido “descansar en paz” se debe a las difíciles circunstancias de su primera muerte cuando los militares golpistas de Pinochet bombardearon el palacio presidencial La Moneda en 1973 y el presidente democráticamente electo muere. Es el cómo de esta muerte lo que ha determinado sus tres entierros.

La versión oficial sobre la base del informe de su médico privado, quien vio su cadáver, fue que Allende se habría suicidado disparándose desde bajo la mandíbula una bala que le destruyó el cráneo.
Los golpistas se apresuraron en hacer desaparecer lo antes posible de Santiago sus restos y sólo con la presencia de su viuda lo enterraron en la vecina ciudad costera de Viña del Mar. Los quince años de férrea represión de la dictadura de Pinochet no permitieron indagar más sobre su muerte ni verificar el informe de que se habría suicidado. No faltaron quienes escribieron que habría muerto en combate.

Con la llegada de la democracia en 1989 fue posible recuperar las instituciones democráticas y procurar para Salvador Allende el digno funeral de Presidente de la Republica que merecía. Éste tuvo lugar en 1990, con asistencia masiva, y su lugar de descanso esta vez fue el panteón de su familia en el Cementerio General de Santiago.

Sin embargo, las dudas acerca de cómo fue su muerte persistieron y las autoridades decidieron investigar. Incluso se quiso interrogar a los pilotos de los Hawker Hunter que habían bombardeado la sede del gobierno, pero la Comandancia de la Fuerza Aérea dijo ignorar ese detalle.

Las presiones para saber la verdad continuaron y se logró la exhumación de sus restos con un mandato de la Corte Suprema.

Con asistencia de expertos extranjeros, el Servicio Médico Legal de Chile determinó tras una acuciosa investigación que sin duda Allende se había suicidado, tesis que siempre manejó su familia.

Su hija, la parlamentaria Isabel Allende, reiteró lo afirmado desde un comienzo: “Tomó lo decisión de quitarse la vida, antes de ser humillado”. El pavoroso volumen de violaciones a los derechos humanos del régimen de Pinochet hacen muy creíble sus palabras. De haber sobrevido a la destrucción de la democracia, no es improbable que se le humillara. La consigna de los reaccionarios que alentaron el Golpe era “Chilenos: junten rabia”.

El nuevo funeral tendrá lugar el domingo en un Chile cargado de ansias de más democracia, con los estudiantes que copan las calles de Chile demandando una educación de calidad y sin fines de lucro, y los trabajadores que concretaron el mes pasado un paro general de dos días. Movilizaciones de tal magnitud no se veían en Chile desde hace mucho tiempo, y el gobierno derechista encabezado por Sebastián Piñera no siempre ha mostrado pulso político para manejar la crisis.

Las manifestaciones populares han terminado en actos de violencia y un inocente joven de dieciséis años murió por disparos de carabineros, quienes negaron el hecho al comienzo, pero debieron terminar por reconocerlo.

Es tal la gravedad de los hechos que Piñera terminó por invitar a los dirigentes estudiantiles a negociar cara con él en el mismo palacio presidencial, acto espontáneo que pasó por encima de otra estrategia que seguía su propio ministro de educación.
La primera ronda de conversaciones tendrá lugar el sábado y los estudiantes están pidiendo que sea televisada en directo. Cara a cara al país también.

Este entierro del domingo tiene además lugar en septiembre, el mes más emblemático y conflictivo para los chilenos. Será apenas a una semana del día 11, cuando se cumplirán 38 años del Golpe de Pinochet, fecha que ocasiona aún hoy airadas manifestaciones no exentas de violencia por parte de los sectores juveniles.

Con los ánimos caldeados por los enfrentamientos recientes entre manifestantes y carabineros, y desafiantes los estudiantes y trabajadores a lo largo de todo el territorio, es de temer que el 11 sea una jornada muy ardua.

La familia de Allende quiere que el sepelio tenga un carácter privado y apenas van a hablar en él dos familiares. Aun así, agrega una nota de emotividad a este mes, que contiene también contrastes: es el día 18 cuando se celebran las Fiestas Patrias, y los chilenos festejan con grandes jornadas bailables y culinarias.

Por cierto que los tres funerales revivirán una vez más las polémicas sobre el gobierno de la Unidad Popular entre 1970 y 1973, sobre sus logros, y la crisis que condujo al Golpe. Creo que una evaluación justa de Allende jamás será posible porque tuvo que conducir un país anormal, ingobernable: la reacción y la CIA determinaron desde antes que asumiera que era un “hombre muerto caminando”: Dead man walking.
Extraña paradoja. Un hombre que ha tenido tres funerales y que se mantiene muy vivo en el corazón de su pueblo.

*Antonio Skármeta.
Nació en Antofagasta (Chile) y se graduó en Filosofía y Literatura en la Universidad de Chile y en la de Columbia, en Nueva York. Sus novelas y libros de cuentos han sido traducidos a 35 idiomas. Fue embajador de Chile en Alemania de 2000 a 2003. Su última novela es “Los días del Arcoiris” (2011).
Publicado en: BBC Mundo

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