Sábado 01 de Octubre del 2016
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Cómo ser feliz comiendo


alimentos-felicidad-comer y ser felizLa felicidad a bocados.

Somos lo que comemos. A estas alturas y después de tantos estudios como se han hecho, parece que todos lo tenemos bastante claro. Especialmente en los países con larga tradición de comidas reposadas, tradicionales, de las que necesitan un rato al fuego y mucho cariño, tenemos en cuenta que una dieta mediterránea, variada, es fundamental para una vida sana.Sin embargo, ¿cuáles son los alimentos más sanos? ¿cuáles son las propiedades de cada uno y el efecto que tienen en nuestro organismo? ¿Influyen sustancialmente sobre nuestro estado de ánimo? Resulta que estas preguntas no son tan fáciles de responder. Se han realizado infinidad de estudios sobre la comida, los efectos de los alimentos sobre el cuerpo humano y sobre la forma en que éstos afectan al humor de las personas y, sin embargo, estos efectos resultan sutiles y todavía muy difíciles de aislar.Es más, el campo de la nutrición y la emoción está plagada de problemas metodológicos. Tal y como asegura Andy Smith, profesor en la Universidad de Cardiff, en Gales, “a menudo, cuando parece que hemos aislado un alimento que parece desencadenar un cambio en el estado de ánimo, nos encontramos con que lo que realmente está sucediendo es lo contrario: nuestro humor es lo que afecta sobre la elección de unos u otros alimentos.”

Smith asegura que, aunque a veces lo hagamos de forma automática, en realidad somos muy conscientes de que aquello que ingerimos tiene un efecto sobre nosotros. El asunto está claro si recapacitamos sobre el alto consumo en nuestra sociedad de productos que no tienen prácticamente ningún valor nutritivo, tales como el alcohol o la cafeína. Los consumimos porque sabemos que van a afectar nuestro estado de ánimo y es eso lo que buscamos.

Pero Smith va más allá y asegura que nuestras creencias sobre la comida nos pueden llevar a exagerar el impacto nutricional real que algunos alimentos tienen en realidad sobre nuestro estado emocional. El profesor llegó a esta conclusión después de realizar un experimento en el que a algunos sujetos se les dio a elegir entre desayunar cereales o una magdalena. Ellos no lo sabían, pero ambos tenían el mismo valor nutritivo.Quienes se decantaron por los cereales, estaban seguros de elegir la opción más saludable y posteriores análisis demostraron que se sentían mejor que quienes habían elegido la magdalena. Sin embargo, esa mejora en su estado de ánimo se produjo simple y enteramente como resultado de sus creencias, o ilusiones, si se prefiere, sobre lo que habían comido.Así que tan importante como lo que comemos, es la forma en la que lo hacemos, la predisposición con la que nos sentamos ante la comida. Y nunca mejor dicho. La comida, además de una fuente de energía, nos da la oportunidad de hacer un alto en nuestro día, de tomarnos un descanso. Tal y como asegura la psiquiatra sueca Ursula Werneke, “cada vez más personas comen en su mesa de trabajo y eso no es nada sano. Deberíamos ser capaces de tomarnos al menos media hora para relajarnos y comer con tranquilidad.”Los alimentos no sólo nos proporcionan su valor nutritivo, sino también momentos de relax, disfrute y bienestar general. Eso es lo que, en conjunto, mejora nuestra salud, tanto física como mental.Teresa G. OriveEn PositivoFuente:The Guardian, Londres

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