Sábado 01 de Octubre del 2016
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Tango clandestino en París


El ilegal tango en París.
París y el tango quedaron indefectiblemente unidos en 1972 de la mano de Bernardo Bertolucci, Marlon Brando, Maria Schneider y la película El último tango en París.Casi 40 años después, de manera clandestina y a través de listas de correos electrónicos, un grupo de parisinos organiza varias veces a la semana y sin la autorización de las autoridades, milongas ilegales al aire libre en las que participan decenas de parejas apasionadas por el tango.

Como en sus años de oro, esa danza vuelve hacer furor en la capital francesa pero no sólo en los cabarets sino también en las calles y en los lugares más emblemáticos de la capital francesa, como la explanada frente a la fastuosa Ópera Garnier, el patio central del Palacio Real o los muelles frente al río Sena.

A estos telones de fondo de lujo se le agrega una pizca de travesura, dado que estas milongas no cuentan con el visto bueno de las autoridades y por tanto son “milegales”, como las llaman los organizadores utilizando un fácil juego de palabras.

Cientos de personas están inscritas en esas listas de correo coordinadas por los franceses Fabrice Ballion y Tonton Jojo (como se hace llamar), que envían un mensaje el día anterior o apenas horas antes anunciando el lugar y la hora donde será la siguiente convocatoria.

“Cuando comenzó, hace más o menos dos años – explica Ballion-,había un grupo, de entre 10 y 15 personas, y poco a poco ese núcleo se agrandó”.

En cada milonga participan alrededor de 50 parejas de todas las edades, que llegan furtivamente y que están siempre atentas para irse rápidamente cuando la policía amenaza con incautar el equipo de música.

“En general la policía es muy comprensiva. No venimos para pelear, venimos para danzar y pasar un buen rato”, dice una tanguera italiana de unos 70 años. Tal es el éxito de las milongas ilegales que los organizadores ya no buscan el permiso de las autoridades, sino que prefieren guardar este aspecto transgresor y organizarlas en los lugares que se les ocurra de manera espontánea.

“Debe quedarse así, salvaje, pirata e improvisada. No queremos pedir la autorización necesaria a nadie”, dice Ballion, que agrega como beneficio de hacerlas al aire libre el hecho de que sean gratuitas: “No queremos que nadie tenga que pagar para venir a bailar tango”.

Para elegir el mejor lugar de París para bailar las opiniones coinciden en que no hay nada mejor que el suelo de la explanada de la Ópera Garnier, en el corazón de la ciudad, y también la superficie de mármol de Trocadero, que permite deslizarse con mayor facilidad y bajo la mirada vigilante de la torre Eiffel.

Hugo Passarello.
Fuente: La Vanguardia

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