Jueves 29 de Septiembre del 2016
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La mano de obra de la fábrica del mundo


La vuelta al mundo.
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El fenómeno de las deslocalizaciones, que es una de las consecuencias de la globalización, parece estar completando la vuelta al mundo. La deslocalización empresarial es el proceso por el que los establecimientos pertenecientes a determinadas firmas son trasladados a países donde los costes son menores, la mano de obra es más barata y los beneficios fiscales son considerables. Pero el mapa parece que se está achicando.

El fenómeno de la deslocalización de las empresas occidentales ha experimentado en los últimos dos decenios un notable auge, debido tanto a la apertura de los mercados del antiguo bloque comunista como a los avances en las comunicaciones y el transporte. Arrancó, evidentemente, en Occidente y no ha parado de recorrer América Latina, Asia-Pacífico y Asia Central, con Brasil, China e India como países centrales. Pero, por lo que dicen que pasa en China, el mundo se está quedando pequeño.

El poder, incluido el chino, no es comprar todo lo que se desea: eso es simplemente riqueza, que no es poco. El poder es obtener lo que se ansía por debajo de su precio real, y eso es lo que empieza a tener China. Pero también resulta que la era de la mano de obra barata parece que se acaba en China, la fábrica del mundo. Según Helen Qiao, economista jefe de Goldman Sachs en Hong Kong, los salarios en el sector industrial chino han crecido anualmente un 12% en el último decenio, lo que ha reducido significativamente el margen con respecto a las economías occidentales.

Un reciente estudio de Boston Consulting Group afirma que en el 2000 el salario industrial medio en China era apenas el 36% de lo que se pagaba en Estados Unidos. Pero a finales del año pasado, el margen se había estrechado: los salarios chinos habían subido hasta el 48%. Y la consultora de Boston calcula que para el año 2015 la media de los salarios chinos representará el 69% de la estadounidense. Harley Seyedin, presidente de la Cámara de Comercio Americana en el Sur de China, ha concluido, según ha manifestado a Time, que “la era de la mano de obra barata ha terminado en China”.

Esta evolución de los salarios chinos permitirá un mayor consumo interno, lo que será positivo. Pero, en lo que respecta al fenómeno de las deslocalizaciones, lo que se barrunta es un desvío de las inversiones occidentales que puede beneficiar a los países vecinos de China, como son Camboya, Laos y Vietnam, países que tienen una mano de obra mucho más barata.

El escenario de principios del siglo XXI parece claro: asistimos, con las economías emergentes, a la traslación del poder desde la tierra del sol poniente hasta la tierra del sol naciente. Pero una vez que las deslocalizaciones empresariales occidentales hayan completado su vuelta al mundo, ¿adónde iremos a parar con la globalización económica? ¿A África? Hace tiempo que allí ya se ha instalado el poder emergente chino.

Xavier Batalla
Publicado en: La Vanguardia
Ilustración: El Roto-El País

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