Martes 27 de Septiembre del 2016
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El sentido misterioso y oculto de actos como el de Strauss-Kahn


El pasaje al acto de Strauss-Kahn.
¿Delito o suicidio? El futuro dirá si Dominique Strauss-Kahn ha sido víctima de un sórdido complot o si acaba de poner en escena, ante los ojos perplejos del planeta, el espectáculo de su autodestrucción.
En la segunda de las hipótesis, imposible dejar de señalar que la verdadera víctima es la persona agredida y que miles de mujeres son brutalmente acosadas todos los días por individuos absolutamente banales.

Pero, porque justamente esta vez no se trata de un personaje banal, es difícil dejar de preguntarse si ese hombre brillante, admirado, en el cénit de sus capacidades, no deseó inconscientemente esa caída que demuestra el rechazo de un destino ya trazado.

Adversarios y admiradores, todos conocían los dos puntos débiles de Strauss-Kahn: las mujeres y el sexo. El también. En caso de que hubiera dado rienda suelta a sus pulsiones, los psicoanalistas consultados para esta columna evocan la patología pero, sobre todo, el pasaje al acto que la acompaña.

Para Lacan, el pasaje al acto es un gesto sin palabras. Es un intento de romper un estado de tensión psíquica intolerable. El pasaje al acto es repentino, impulsivo, a veces violento y peligroso, adaptado o no al objetivo, con frecuencia desproporcionado. Llega en respuesta a un elemento que lo desencadena o una situación de tensión interior. Psicosis u homicidio, mutilación o suicidio persiguen ese único objetivo.

Desde ese punto de vista, el pasaje al acto del ex director del FMI traduciría un acto fallido: rehusarse a convertirse oficialmente en candidato presidencial. ¿Parece absurdo? Sin embargo, ¿quién no se ha “saboteado” alguna vez? Pasar en forma brillante un examen o una serie de entrevistas de trabajo y quedarse dormido el día decisivo? Vivir en la fascinación de la persona amada y traicionarla en el momento más importante de la relación? Cometer una infracción delante de las fuerzas del orden o una falta grave en el último minuto de un partido?

El sentido misterioso y oculto de esos actos habla de nuestra ambivalencia fundamental entre la voluntad de construir, amar y crecer, y aquella -solapada- de dejarnos llevar por la pulsión, lo infantil, lo inanimado. Cuando esa voluntad de elevación no consigue colmatar las fisuras que intenta disimular, se produce un movimiento fascinante, escondido en lo más profundo del inconsciente, un narcisismo de muerte que busca nuestra propia destrucción.
Esas fuerzas telúricas que nos habitan se nutren de una mitología íntima en la que conviven Eros y Tánatos, Icaro y Edipo, Caín y Antígona: esos héroes sometidos a un destino marcado por la gloria y por la decadencia; a veces por la resurrección.

Según los psicoanalistas, el acto fallido es un acto exitoso. Se trata en realidad de la realización de un deseo inconsciente. El sujeto cree fracasar, pero experimenta una profunda satisfacción inconsciente.
Salvo que se trate de una conspiración, el acto de Dominique Strauss-Kahn suena como un auténtico suicidio. A menos que para él se trate de una resurrección.

Luisa Corradini, París.
Fuente: La Nación

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

1 comentario

  1. semaolvidao Responder

    No sólo es anacrónica y magufa la explicación que forma la chicha del post (por la utilización exclusiva de psicoanalístas [A.K.A. pseudocientíficos]), sino que intenta engañarnos de mala manera sugiriendo que han preguntado a un psicoanalista llamado Lacan. El problema, mismamente, viene a ser que Lacan murió hace la friolera de 30 años.

    Salud y lectura crítica.

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