Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Un movimiento para que la gente de más edad, ayude a mejorar el mundo


Nunca es tarde para ir a Harvard si tiene una idea para mejorar el mundo.
Hace seis años, tres profesores de la Escuela de Negocios de Harvard abordaron una pregunta de múltiples implicaciones: ¿de qué forma la misión de una universidad podría cambiar en el siglo XXI?
Su eventual respuesta: abrirles las puertas a los adultos de más edad, y darles herramientas para ayudar a cambiar el mundo.

Hoy, esa misión está tomando forma en las aulas de Harvard. La Iniciativa de Liderazgo Avanzado de la universidad, ahora en su tercer año, invita a profesionales con carreras avanzadas y a ejecutivos a pasar casi un año en su campus. Los participantes pueden escuchar virtualmente cualquiera de los cientos de ofertas académicas de la universidad, ser parte de grupos de estudio y seminarios, y reunirse de forma regular con profesores y estudiantes.

A cambio, Harvard le pide a cada estudiante, o estudiante, que desarrolle un “proyecto de propósito social”, un plan para hacerles frente a problemas significativos en educación, salud, el medio ambiente y otras áreas.

En breve, el programa representa una nueva “tercera etapa” en la educación superior, afirma Rosabeth Moss Kanter, la cofundadora y directora de la iniciativa, y una de los tres profesores de Harvard que en 2005 imaginaron por primera vez un rol más amplio para las universidades de Estados Unidos. Ese tipo de instituciones desde hace tiempo han lanzado a adultos jóvenes al mundo cuando finalizan programas de grado o posgrado. Ahora, sostiene la académica, esas escuelas deben hacer lo mismo por adultos de más edad.

“Claramente, necesitamos más líderes para enfrentar desafíos sociales, y aquí tenemos una gran población de adultos que dejan sus primeras carreras y van a vivir otros 20 o 30 años”, dice Kanter. La educación superior “puede ser el recurso que les da a estos individuos las destrezas y dirección que necesitan”.

Por ahora, la iniciativa de Harvard sigue siendo pequeña: alrededor de 20 a 30 estudiantes participan cada año. Kanter prevé que el programa crezca de forma constante e, idealmente, sea replicado en universidades en todo EE.UU.

De hecho, la iniciativa es una “señal de cosas por venir”, afirma Marc Freedman, presidente ejecutivo de Civic Ventures, una organización sin fines de lucro de San Francisco que se especializa en expandir las contribuciones de estadounidenses de más edad. Señala que una cantidad creciente de recursos —universidades comunitarias, seminarios web, grupos de ex alumnos y asesores de vida, entre otros— ya ayudan a quienes tienen más de 50 años a hacer la transición hacia empleos y carreras en los rubros de servicios sociales y entidades sin fines de lucro.

Eventualmente, estos caminos múltiples, agrega Freedman, “permitirán que individuos en la segunda mitad de su vida avancen sin sobresaltos desde ‘lo último’ a ‘lo próximo'”.

La iniciativa de Harvard se extiende desde enero a noviembre, con un receso a medidas de año (principalmente para trabajo de campo e investigación). Los estudiantes deben cubrir los costos del programa (que la universidad no revela públicamente), aunque hay cierta ayuda financiera disponible para individuos con carreras de servicio público.

Cuando se evalúan los candidatos, los profesores buscan “personas con logros que tienen el potencial de lograr más”, dice Kanter. Tales individuos, agrega, deben estar motivados para “asumir un desafío social a nivel local, nacional o global”.

Dicho de otra forma, no se supone que el año sea una transición placentera hacia un período tardío de la vida. “Es relativamente no estructurado, lo que significa que hay que tener iniciativa propia”, afirma Doug Rauch, de 59 años. Rauch es ex presidente (durante casi 14 años) de Trader Joe’s, una cadena de supermercados en EE.UU., y ahora es un estudiante senior en la iniciativa (que regresó para un segundo año de programa).

Rauch tenía una idea general del problema que planeaba solucionar antes de sumarse a la iniciativa de Harvard: las toneladas de comida en perfecto estado que termina en basurales todos los días en EE.UU. (de restaurantes, tiendas de alimentos y otros), a pesar de que el hambre está en aumento. De todos modos, no estaba seguro de dónde comenzar.

Trabajar junto a profesores, estudiantes de posgrado y sus colegas en el programa cambió todo eso con rapidez. “No se puede imaginar la riqueza de experiencia”, dice Rauch. Asistió a clases de agronegocios, reclutó estudiantes para ayudarlo a sondear los esfuerzos existentes en el campo, enlistó a un profesor de derecho para analizar barreras regulatorias, y compartió sus ideas con otros estudiantes, quienes, a su vez, le indicaron dónde encontrar más recursos.

El resultado: pronto Rauch comenzará una operación en un “entorno minorista” que redistribuirá el llamado exceso de comida en las partes más humildes de las ciudades.

Junko Yoda, de 54 años, quien también es una estudiante senior este año, afirma que el hecho de que la iniciativa de Harvard es un programa que abarca toda la universidad hace la diferencia. “Puedo ir a la escuela de salud pública, o la escuela de derecho, o la escuela de negocios, y encontrar ayuda”, explica Yoda, una ex directora gerente de Deutsche Bank en Singapur y vicepresidente de Goldman Sachs en Japón. “Es una plataforma muy poderosa”. Su proyecto: crear programas para asistir a víctimas de tráfico humano en Tailandia e Indonesia.

Por supuesto, regresar a la universidad luego de tantos años no siempre es fácil, en especial si un individuo “con logros” (una vez más, la preferencia de Harvard) está acostumbrado a trabajar en los más altos niveles empresariales o gubernamentales.

Susan Leal, de 61 años, una estudiante en 2009 y ex directora de la Comisión de Servicios Públicos de San Francisco, afirma que la transición puede ser una lección de “humildad”. “Uno pasa de tener la mejor oficina, donde alguien llevaba su agenda, a un cubículo, y una está sentada con su pequeña BlackBerry”, afirma. “Eso realmente puede ser incómodo para muchos”. Recuerda un día cuando pidió hablar con un profesor y le dieron 15 minutos, “como cualquier otro estudiante de posgrado”.

Es más, los participantes son desafiados en cada oportunidad, señala Leal, por los profesores, los estudiantes y ellos mismos. Las preguntas son corteses pero persistentes, asegura: ¿cuál es su proyecto?, ¿qué postura tiene?, ¿luego qué sigue? “Presionan para que uno indague más profundo”. Leal sabía que quería concentrarse en reducir el uso de agua en EE.UU. y otros países. Eventualmente, se asoció con un profesor de Harvard y escribió un libro.

Actualmente, Leal recibe pedidos para participar o ser oradora en conferencias en todo el mundo centradas en la “sostenibilidad” del agua. La iniciativa de Harvard “me dio una plataforma que me ha permitido contribuir de formas en las que no hubiera podido contribuir antes”, sostiene.

Esa plataforma pronto podría ser adoptada en otros lugares. Una reunión en Miami en junio le dará a otras universidades la posibilidad de aprender sobre el modelo de Harvard para educar a líderes avanzados, afirma Kanter. Ella compara el esfuerzo con el crecimiento de las escuelas de negocios de EE.UU., que comenzaron a aparecer a comienzos del siglo XX y ahora son una parte conocida del ambiente académico.

“Creemos que algún día esta será una etapa de la educación superior que muchas universidades querrán tener”, sostiene. “Queremos construir este movimiento”.

Glenn Ruffennach
Funte: WSJ Américas

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5 comentarios

  1. catia Responder

    una buena idea que debe extenderse y que debe de llegar a españa

  2. Gustavo Adolfo Herrera Responder

    Estoy interesado en ingresar al Programa. Por favor mas informacion en español.

    Gustavo Adolfo Herrera
    Administrador Publico
    Colombia

    1. En Positivo Responder

      Es la única fuente de informacion:
      http://www.advancedleadership.harvard.edu/

  3. Gustavo Adolfo Herrera Responder

    Mas informacion para ingresar al Programa. Gracias.
    Colombia

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