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Gente tóxica: cómo alejarse de la negatividad


Mala gente.
Envidiosos, manipuladores, mediocres, neuróticos, agresivos, victimistas… ¿Por qué sois así? La bajeza humana es un tema clásico en la literatura y en la filosofía. Ahora, el psicólogo argentino Bernardo Stamateas la clasifica en ‘Gente tóxica’ (Ediciones B), un ensayo que tiene dos partes de autoayuda (su propósito es dotar al lector de herramientas con las que defenderse de los malvavados con los que tiene que convivir) y una parte de reflexión: ¿qué es eso de ser mala gente? ¿Y cuánta vileza es aceptable en nuestras vidas antes de pasar a la categoría de ‘gente tóxica’?

Stamateas, que ha tomado el concepto de la estadounidense Lillian Glass, responde en un correo electrónico: “Lo que las une a todas las personas a las que calificamos de gente tóxica es la baja estima y el deseo de lastimar al otro para sentirse bien. Al ser ‘adictos’ emocionales, necesitan robar la ‘energía’ para sentirse vencedores y fuertes. Son personas que nos nivelan para abajo y nos meten miedo o culpa. Los tóxicos son personas que tienen un estilo de vida ‘tóxico’. Todos tenemos rasgos tóxicos en algún momento de nuestra vida, pero la manera de pensar de esta gente es perturbar a determinadas personas”.

“Todos venimos ‘gallados de fábrica’”, continúa Stamateas, “y en algún momento aparecen comportamientos de envidia, de agresión o de crítica. Pero son ocasionales y de corta duración. El tóxico, por otro lado, lo vive como un objetivo: es una necesidad que tiene, un deseo de que el otro esté mal, que le produce una sensación de triunfo interno”.

Y, sin saber mucho de psiquiatría, ¿no tiene eso que ver con la definición de psicopatía? “El psicópata es una persona que no respeta los límites, no tiene culpa, no siente angustia de sus conductas: el otro es una cosa, un objeto para ser usado y descartado. Al no sentir culpa ni angustia no tiene remordimientos a menos que llore como estrategia. Esta falta total de empatía hace ‘cosificar’ al otro como ‘algo’ y no alguien. Han perdido la claridad de lo bueno y lo malo. Todas las conductas, para ellos, son relativas: mentir, engañar, robar, estafar. Si sirven a sus propósitos las utilizan sin ningún miramiento”.

La diferencia puede estar en el origen. “Nosotros somos seres culturales, familiares, psicológicos y espirituales. Nuestros comportamientos se aprenden a lo largo del tiempo bajo estas influencias poderosas: aprendemos a amara, comunicarnos, relacionarnos… Cuando internamente tenemos frustraciones, heridas del pasado, broncas guardadas, recuerdos no sanados, pueden transformarse en una ‘necesidad’ de lastimar a los demás… Por ejemplo, el agresivo es otra categoría que tiene que ver más con una conducta donde la persona vive enojada porque el enojo le hace sentir fuerte y necesita descalificar y agredir por su enorme inseguridad interna. Así podríamos seguir con otras categorías de tóxicos: chismoso, quejoso, envidioso”.

Diversas personalidades tóxicas
A mode de ejemplo se presentan 13 personalidades tóxicas de las cuales habla el texto.

“Si lees este libro, deberás atenerte a las consecuencias”. Un mete-culpas (capítulo 1).
“¡Qué buen libro, Stamateas! (¡Ojalá nadie te lo compre!)”. Un envidioso (cap. 2).
“Nada nuevo… muy sencillo… no va a andar”. Un descalificador (cap. 3).
“Soberana estupidez”. Un agresivo verbal (cap. 4).
“Lo estábamos esperando, la humanidad necesitaba un libro así”. Un falso (cap. 5).
“Me dolió mucho lo que escribió este hombre… Si lo cruzo por la calle lo piso”. Un psicópata (cap. 6).
“Yo lo leí hasta la mitad”. Un mediocre (cap. 7).
“Me dijeron de buena fuente que la página 74 es copia fiel de lo que escribió su tío”. Un chismoso (cap. 8).
“No leerás este libro porque así lo digo yo”. Un autoritario (cap. 9).
“Me gustaría leerlo, pero no sé… me da bronca… pero es posible”. Un neurótico (cap. 10).
“Mi amor, ¿por qué no me dijiste que este libro ya había salido? Te lo hubiese regalado para nuestro aniversario, pero bueno… ¡te perdiste la sorpresa!” Un manipulador (cap. 11).
“¡Impresionante! Veo que el autor siguió mis consejos, pero le falta un poco para alcanzarme”. Un orgulloso (cap. 12).
“Muchas páginas… medio largo… la letra es pequeña”. Un quejoso (cap. 13).

Luis Alemany
Fuente: El Mundo

El autor:
Bernardo Stamateas es de nacionalidad Argentina, Licenciado en Teología, Terapeuta Familiar, Licenciado en Psicología y Sexólogo Clínico. Miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, ha dictado conferencias en todo el mundo.

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