Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Ernesto Sabato, un gran escritor, un faro de la ética, un grande, un justo


Un hombre justo que buscó la verdad.Conocí a Ernesto Sabato hace muchos años en la Chacra Gallardo, en Bella Vista. Comenzaba a ser famoso. Acababa de publicar El túnel y desde entonces siempre tuvimos una amistad que no se interrumpió nunca.Incluso tuve el privilegio de estar a su lado en la Comisión por la Desaparición de Personas (Conadep) que Sábato presidió con un enorme coraje y una permanente dignidad.Quizás sea interesante agregar, sobre todo para los jóvenes que no lo vivieron, que la situación por la que atravesaba el país cuando advino la democracia era completamente distinta a lo que podría ser hoy. Las Fuerzas Armadas tenían todavía un gran poder (fue así que el presidente Raúl Alfonsín tuvo que afrontar tres golpes de Estado) y querían evitar por cualquier medio que se llegara al juicio a las juntas que, en 1985, marcó un jalón en la jurisprudencia internacional.Tan es así que, cuando fuimos con Estela Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, a declarar ante el tribunal de Roma por los desaparecidos de origen italiano, el fiscal romano Dr. Caporale nos dijo textualmente: “Quizás ustedes no adviertan la enorme importancia que tiene en la jurisprudencia actual el juicio a las juntas que se realizó en Argentina. Es un caso único en América Latina y en la jurisprudencia del siglo XX, repito, porque Nüremberg fue un juicio de vencedores y en Kosovo el tribunal tuvo componentes internacionales. En cambio, en el juicio argentino los jueces, los fiscales y los testigos eran todos argentinos que afrontaban serias dificultades en su seguridad personal.”Lo recuerdo hoy, ante la muerte de Sabato , porque con total desaprensión de las reglas más elementales de la cultura, al prólogo del informe “Nunca más” que firmaba Ernesto Sabato, se le adosó (durante el gobierno del presidente Néstor Kirchner) otro prólogo superpuesto.Sería interesante que quienes fueron responsables de este atropello intelectual se reunieran y elaboraran otro informe “Nunca más”, pero sobre los crímenes de la Triple A que ocurrieron bajo el gobierno constitucional de Isabel Perón.Volviendo a Sabato no quiero olvidar algunas cosas que me manifestó (el día de su cumpleaños número 94) en un reportaje para el diario Perfil: “¡Estoy contento de haber cumplido 94 años! Por supuesto que me hubiera gustado cumplir 34. Noventa y cuatro es una cifra importante, pero hay que aceptar la vida como es. Aceptarla. La vida cobra valor porque la espera la muerte que es un hecho trágico y trascendente. Y misterioso. Porque no sabemos realmente en qué consiste la muerte. Nadie ha vuelto de allí”.- Sin embargo, vos crees en la inmortalidad del alma.- Sí, no solamente por lo que yo pueda pensar sino por lo que dicen los filósofos. Sí, creo en la eternidad del alma.(Se detiene y explica). Ahora bien, ¿qué será esto realmente? No lo sé. Sé, en cambio, que hay que aceptarlo con estoicismo, luchando hasta el último día sin bajar los brazos por lo que uno cree que son causas justas. Uno se equivoca muchas veces a lo largo de la vida pero siempre he tratado de luchar por los desamparados y oprimidos.Querido Ernesto, así fue y te recordaremos siempre como un hombre justo que buscó la verdad.Magdalena Ruiz GuiñazúPeriodista argentinaPublicado en: La NaciónArtículos relacionados:Reflexiones de Ernesto Sábato

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