Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Populismo, democracia, ignorancia y cultura


Fernando Savater: “El populismo es la democracia de los ignorantes”.
“El populismo es la democracia de los ignorantes. Lo que es la democracia para las personas cultas, una forma de gobierno que genera esperanzas y la forma civilizada de vivir en sociedad, es sustituida por el populismo, que es una degradación destinada a los ignorantes.
Francesc de Carreras: ” La adhesión al populismo suele estar basada en la ignorancia y el arma clásica del populista es la demagogia”.

DOS OPINIONES COINCIDENTES
Fernado Savater
“El populismo es la democracia de los ignorantes”.
Es la democracia rebajada en precio.” Es Fernando Savater, el filósofo y escritor español el que habla así. ¿El escenario? Un encuentro con periodistas en el patio de una escuela del conurbano, en Villa Ballester, al que llegó invitado por el gobierno de Daniel Scioli.

Savater acababa de dar allí, en la escuela primaria Roberto Noble, una inusual clase de filosofía. Después, habló de todo. De líderes y de caudillos. Y también de Mario Vargas Llosa, que mañana, pese a las críticas de los intelectuales kirchneristas, hablará en la Feria del Libro. “En América latina, como en todos lados, hacen falta líderes, pero está la tendencia de sustituir a los líderes por caudillos”, añadió. “Yo conozco la Feria del Libro, conozco a Vargas Llosa, y no conozco a ninguno de los que intervienen en la polémica. Por algo será. Son las ganas de buscarse publicidad de personas que no tienen una categoría intelectual para conseguirla por otros medios. Los que la tienen no necesitan buscarla por ahí”, sintetizó Savater.

“Los dichos de Vargas Llosa han generado una polémica que es un bálsamo intelectual, un estímulo. Si todos los pensamientos fueran unánimes sería terrible. La democracia es que todos puedan opinar y ser escuchados”, añadió.

El ganador de los premios Planeta y Ortega y Gasset también se refirió a la injerencia de los gobiernos en los medios de comunicación.
“A mí siempre me parece peligroso que en una democracia el gobierno interfiera, tanto a favor como en contra, en los medios de comunicación, que son la posibilidad de una mirada objetiva o, por lo menos, de una mirada diferente a la oficial sobre las cosas. Oficializar de cualquier modo o perseguir lo no oficializado en esa mirada creo que es peligroso. Entonces, cuanto menos interfiera el gobierno en los medios de comunicación, mejor”, señaló.

Savater opinó además del peronismo: “Yo tengo relacionado al peronismo con el franquismo porque Franco era un entusiasta de Perón y yo no era un entusiasta de Franco, de modo que por ostensión tampoco soy un entusiasta de Perón. Ahora hablar de peronismo es arqueología; llamarse peronista es como si yo me llamara Tiranosaurio rex”, sostuvo.

Savater hizo estas declaraciones luego de su atípica clase a chicos la Escuela N° 11 y de otros establecimientos de la zona, en la que se refirió a la filosofía y el lugar que debe ocupar en la escuela.
La mañana soleada y el patio colmado de unos doscientos niños fueron el marco de la jornada que comenzó con más de una hora de retraso, por la demora en llegar a la escuela “debido al tránsito”, del subsecretario de Educación bonaerense, Daniel Belinche.
La directora de la institución, Diana Maronese, dio la bienvenida al reconocido autor español. La docente se mostró alegre por la visita y explicó que los alumnos habían trabajado con los libros de Savater. De hecho, varios niños y docentes explicaron a La Nacion que trabajaron con los libros Historia de la filosofía. Sin temor ni temblor y La aventura del pensamiento .

Espíritu de la civilización
Savater se sentó sonriente frente al escritorio ubicado en el improvisado escenario. “Las escuelas son los lugares más civilizados de este mundo de rapiña, de enfrentamientos, de incomprensión y abusos. Aquí es donde se conserva el espíritu de la civilización. Donde se distribuye y posibilita la humanidad”, afirmó al dar comienzo a la charla.
La educación es la esperanza, ustedes son los ciudadanos del mundo que viene y nosotros tenemos que intentar que sea mejor. La educación es la base de la humanidad democrática, es el fundamento. Sin educación no puede haber democracia. Los dos grandes enemigos de la democracia en todo el mundo son la ignorancia y la miseria”, dijo.
“Vosotros sois privilegiados porque tenéis adultos que se acercan con buenas intenciones, para ayudaros a que crezcáis, a que sepáis, para ayudaros a que seáis libres. Porque si alguien es ignorante no puede ser libre. Tenéis que liberaros por vía del conocimiento, de la razón, de la palabra. Tenéis que educaros por vosotros mismos y por todos esos niños del mundo que no pueden educarse, que nadie va a educar. Esa es la importancia de la escuela pública, que es la base de la democracia”, explicó a los estudiantes, que escuchaban en silencio.

“La filosofía es una palabra que asusta, pero no es más que una reflexión sobre lo que somos. La democracia y la filosofía son lo mismo. En ambos casos lo que se va a hacer depende del esfuerzo de los individuos, de lo que cada cual piensa, desea y hace”, explicó.
“La historia de la filosofía es la historia de aquellos que se atrevieron a hacerse las preguntas que se hacen los niños más allá de la infancia. El papel de la filosofía en la escuela es enseñar que venimos de una tradición de gente que se ha negado a crecer demasiado deprisa; si crecer es dedicarse a ganar dinero, enfrentarse los unos a los otros. Su historia es también la vuestra, la de nuestro pensamiento, de su desarrollo intelectual”, continuó el autor español, cuyas últimas obras son Tauroética y La música de las letras.

Al dirigirse a los chicos, Savater dijo que van a ser “los gobernantes de mañana”. Y concluyó: “En una democracia todos los ciudadanos son los que gobiernan. Los que mandan por un período son los que nosotros mandamos a mandar, pero en realidad la soberanía está en nosotros. Formar ciudadanos es formar gobernantes, y que haya buenos ciudadanos es el único camino para que haya mejores gobernantes. Ustedes se están preparando para ser los dueños de vuestro destino, del de vuestro país”.

Julieta Molina
Publicado en La Nación

Francesc de Carreras
Los verdaderos finlandeses.
El nacionalismo alemán, por el momento, no ha reaparecido, pero surgen alarmantes brotes de naturaleza parecida en otros países

A principios de los noventa, en pleno debate sobre el tratado de Maastricht, leí unas inquietantes declaraciones de Helmut Schmidt en las que sostenía que o la Europa del euro se consolidaba rápidamente o estaba condenada al fracaso porque resurgiría el viejo nacionalismo germánico bajo la cantinela demagógica de que eran los alemanes quienes estaban financiando la Unión y había que volver al marco como moneda nacional. Por ahora, tal desgracia no ha sucedido. Pero cada vez que el euro está en peligro siento un escalofrío al recordar estas palabras del ex canciller socialdemócrata, un político por el que tengo un profundo respeto debido a su inteligencia, preparación y astucia.

El nacionalismo alemán, por el momento, no ha reaparecido. Sin embargo, surgen alarmantes brotes de naturaleza parecida en otros países, tanto periféricos –como es el caso de las monarquías nórdicas (Suecia, Noruega y Dinamarca), Holanda y Bélgica, Austria o Suiza– como más centrales –tal es el caso de Francia (el renacido Frente Nacional de Marine Le Pen) e Italia (en especial, la Liga Norte o, con otros matices, el mismo fenómeno Berlusconi)–. Ciertamente, hay diferencias entre ellos, cada uno pone el acento en cuestiones en parte distintas, aunque parecidas; pero siempre el populismo es su denominador común.

A este ya nutrido panorama se ha añadido, en las elecciones del domingo pasado, el partido de los Verdaderos Finlandeses, curioso nombre que ya lo dice todo. En efecto, dicho partido ha dado un enorme salto electoral. Ha pasado de obtener apenas un 4% de los votos a conseguir un 19%, multiplicando por ocho sus escaños: de cinco diputados en las últimas elecciones ha logrado alcanzar ahora 39. En estos momentos, los Verdaderos Finlandeses es el tercer partido de su país, sólo ligeramente superado por los conservadores de Coalición Nacional (20,4% y 44 diputados) y el Partido Socialdemócrata (19,1% y 42 diputados).

La clave de este éxito está en que se ha opuesto con firmeza al rescate financiero de Portugal por parte de la UE, posición en la que coincide en lo sustancial con el Partido Socialdemócrata, además de otros partidos menores de derechas e izquierdas y que, según los sondeos de opinión, comparte también la mitad de los ciudadanos finlandeses. Por tanto, en estos momentos de crisis económica, hay síntomas de que la solidaridad europea se resquebraja, una amenaza de torpedo en la misma línea de flotación del euro y de la Unión. En la base de estos nuevos partidos contrarios al proceso de unidad europea acostumbra a estar, como hemos dicho, una determinada forma de enfocar la acción política a la que se suele denominar populismo.

¿Qué entendemos por populismo? La respuesta no es fácil, tantas son las realidades que la palabra esconde, tantas sus variantes prácticas. Anotemos, sin embargo, alguno de sus rasgos fundamentales. En primer lugar, los políticos populistas presumen de interpretar la voluntad auténtica del pueblo sin mediaciones de ningún tipo. El pueblo, para ellos, no es la suma de los individuos que constituyen una sociedad, sino un ente homogéneo sin fisura alguna cuya voluntad sólo el político populista conoce. En segundo lugar, el populista se dirige a los sentimientos de las personas, no a la razón: adula al pueblo y dice hablar en su nombre sin atenerse a reglas previas ni a procesos democráticos. En tercer lugar, el político populista suele plantear soluciones simples a problemas complicados, por lo general esconde las muchas facetas que la realidad ofrece y sólo enseña aquellas que convienen para sus fines. La adhesión al populismo suele estar basada en la ignorancia y el arma clásica del populista es la demagogia.

Pues bien, el antieuropeísmo, es decir, los intentos de volver a la autarquía de los estados europeos, poner obstáculos a la integración y a la cooperación mutua, aprovechar las ventajas sin compartir los inconvenientes, suele hacerse desde formas de acción política populista. Cuestión distinta es discrepar de determinadas políticas europeas, explicar las razones de estas discrepancias de forma argumentada y aceptar el resultado al que se llega en las instituciones mediante la regla de la mayoría: esto es democracia. Pero apelar al “bien del pueblo” teniendo sólo en cuenta sus intereses más inmediatos –en este caso, ahorrarse contribuir a una ayuda para salvar la Unión–, sin prever posteriores consecuencias, es populismo y demagogia. El bien del pueblo es el resultado de un proceso regido por normas en el que han de ser escuchadas todas las partes que componen ese pueblo, no una propuesta que algún iluminado ha decidido previamente sin escucharse más que a sí mismo. Los populismos son peligrosos porque se limitan a excitar las pasiones, no a usar la razón: les importa más vencer que convencer.

El argumento de los Verdaderos Finlandeses, un partido que, por definición, es una parte del pueblo, es que ellos, bajo palabra de honor, son los únicos verdaderos finlandeses. Espero que los demás finlandeses sepan que ello no es cierto, que los verdaderos finlandeses son todos, incluidos los Verdaderos Finlandeses.

Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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