Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Ronaldo y el Real Madrid festejan la Copa del Rey


El Real Madrid conquista la Copa del Rey ante el Barça en Mestalla.
Los blancos se imponen en un encuentro con mucha dureza gracias a una jugada aislada en la prórroga a un Barça superior en la segunda parte, pero que no pudo con el planteamiento defensivo de Mourinho
El primer título importante de los tres que se disputan Barça y Madrid en la presente temporada acabó levantado anoche en Mestalla por manos blancas. Los truenos se impusieron a los violines en la prórroga gracias a un soberbio cabezazo de Cristiano Ronaldo.

Cuando mejor jugaba el Barça, el Madrid asestó un golpe de gracia a los azulgrana para llevarse la Copa del Rey en una final tensa y vibrante, planteada a cara de perro por Mourinho, como sabía él que podía hacerle más daño al Barça. Nada fue igual para los azulgrana, que anoche encajaron una derrota que no tiene porque poner en duda sus principios ni sus ideas ni su estilo. Murió de pie este Barça en la primera batalla, la menos importante de las tres en juego, pero en la que el Madrid le ha advertido de lo que es capaz.

El Madrid salió mentalizado para demostrar algo más, para no pasar más como marioneta del Barça. Salió más tensionado y planificado para destrozar el idilio azulgrana con la pelota. Salió además con rabia, dispuesto para una pelea a fondo, cuerpo a cuerpo, de toma y daca.

El centro del campo del Barça se encontró atolondrado con tanta presión y no había tiempo para la pausa y mucho menos para que Xavi, Busquets o Iniesta pensaran. Ahí estaban Pepe, Alonso, Khedira y Özil que parecían perros hambrientos preparados para morder a todo azulgrana que se moviera o tuviera el balón. La final se movió en unos parámetros imprevisibles.

El Madrid, a base de tesón, esfuerzo, coraje y lucha, llevaba la iniciativa. El Barça parecía golpeado y no encontraba soluciones para resolver el enredo que le planteaba el Madrid. Sin duda hubo superioridad blanca durante esos 45 primeros minutos, en casi todas las líneas, en casi todas las acciones, hasta el punto de crear más ocasiones de gol –hasta un poste de Pepe cuando ya se aproximaba el descanso– y previamente un disparo de Ronaldo que Mascherano sacó bajo los palos y dos opciones más desbaratadas por Pinto a sendos disparos del portugués. Y la superioridad blanca se notó principalmente en negar al Barça su fútbol de ataque, y en no crear ocasiones de gol.

Todo eso lo sabía el Barça. Sabía que no estaba jugando bien, sabía que no tenía el balón y que en consecuencia no dominaba, tampoco mandaba y por supuesto que no estaba nada cómodo. Mourinho parecía haber encontrado una fórmula para desequilibrarlo, pero sobre todo para no dejarlo pensar. Equilibrada las fuerzas, la batalla fue cruenta. Nadie regalaba nada. El Barça tuvo que bajar a la mina y fajarse también en el escenario que dispuso el rival. Había que pelear. No iba a ser una lucha desigual.

El Madrid había nivelado su desventaja mordiendo, peleando, rascando la piel fina del Barça, y los azulgrana no tuvieron más remedio que entrar en ese combate. El Barça lo intentó arreglar como pudo en la segunda parte. Salió casi tres minutos antes al campo que el Madrid, como si tuviera ganas de cambiar el signo, de querer jugar a lo que sabe, de imponer su criterio sobre el que estaba dictando el Madrid. Y lo hizo, y de qué manera, mientras la grada azulgrana empujaba y apoyaba, el equipo carburó como él sabe. Controló el balón, llevó la iniciativa, habló, y presentó su estilo. Se fue a por el partido y lo hizo de la forma que mejor sabe hacerlo.

Tocando el balón, abriendo espacios, aprovechando que Messi se había abierto a la derecha del ataque, que Iniesta había entrado en el partido y arriesgaba más, y lo mismo hacían Pedro y Xavi, y Alves volvía a hacer de alfil profundo, de aguja que perforaba y hacía agujeros en la defensa blanca en combinaciones con Messi. Había aparecido el Barça cautivador, con su fútbol, sin entrar en la pelea barriobajera en la que se había puesto en el primer periodo. Entonces la afición azulgrana se sintió satisfecha y respiró tanto como su equipo.

El Madrid fue acorralado y entonces fue cuando apareció su mejor hombre, Iker Casillas, para salvarlo de los ataques constantes de los hombres de Guardiola. El Barça había invertido el sentido del partido. Era suyo, pero no pudo rematarlo en esa segunda parte fantástica en la que dominó completamente al Madrid. Pedro, Iniesta, Messi en varias ocasiones se estrellaron contra el portero blanco. Y ya en las postrimerías Pinto también hizo un paradón a un tiro de Di María.

El partido llegó a la prórroga. Ahí, en esos minutos extras como si los dos equipos no hubieran jugado bastantes minutos ya en la temporada, se planteó la decisión final de la Copa. El Real Madrid aprovechó la velocidad de Cristiano Ronaldo para rematar el partido. Fue una mala noche para el Barça y para su fútbol, pero todavía quedan dos más para el desquite ante el Madrid. De momento, el rey del fútbol está en jaque.

Dagoberto Escorcia
Publicado en: La Vanguardia

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