Viernes 30 de Septiembre del 2016
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La influencia de nuestra agenda diaria en nuestra calidad de vida


Cómo su agenda puede ayudar (o perjudicar) su salud.
Las interrupciones a nuestro ritmo cíclico, el reloj de 24 horas que regula el sueño y la vigilia, afectan nuestros cuerpos de más maneras de las que se creía.
Nuevas investigaciones muestran que cada uno de nuestros órganos contiene células con sus propios genes de reloj cíclico que ayudan a los procesos del cuerpo, tales como la digestión, a desarrollarse con la máxima eficiencia en ciertos momentos del día.

Cuando el reloj cíclico es alterado —por el “jet lag”, el cambio de horario de trabajo o por comer en el momento incorrecto— puede, con el tiempo, contribuir a un aumento del peso y a la depresión. Incluso puede incrementar el riesgo de problemas cardíacos o hepáticos.

Se solía pensar que el cerebro era el principal reloj del cuerpo y que enviaba señales diciéndole a los órganos cuándo debían funcionar. Pero durante la última década, a medida que los científicos descubrían genes de reloj en células de diferentes órganos del cuerpo, el cerebro ha pasado a ser visto como el conductor de una orquesta.

Cada órgano funciona con su propio reloj interno, produciendo moléculas y enzimas a niveles diferentes según el momento del día; el cerebro trabaja para asegurarse de que todos los relojes estén sincronizados. Una falta de sincronización entre el cerebro y el resto de los órganos, o entre órganos individuales, puede causar problemas. Por ejemplo, si el páncreas no está coordinado con el hígado, la producción de insulina puede ser demasiado baja o demasiado alta, dice Fred Turek, profesor de ciencias biológicas y director del Centro para el Sueño y la Biología Cíclica de la Universidad Northwestern.

La ubicuidad de los genes de reloj en el cuerpo ha llevado a un floreciente campo de investigación que se concentra en determinar de qué manera las interrupciones en el ritmo cíclico pueden contribuir a contraer enfermedades, y si normalizarlo dentro de las células puede ayudar a evitar o tratar cuadros como la colitis, la diabetes y la obesidad.

Algunos investigadores realizan estudios para determinar si hay un momento óptimo del día para comer que permita subir menos de peso.
Este grupo de genes parece tener una influencia particularmente fuerte en el metabolismo y en la forma en que el cuerpo maneja la grasa y el azúcar. Durante gran parte de la década pasada, Turek y sus colegas han estado estudiando la forma en que estos genes interactúan con la grasa y cómo contribuyen a la obesidad, la diabetes y a problemas digestivos como la colitis.

En 2005, demostraron que ratones con una mutación de los genes de reloj en el “núcleo supraquiasmático” del cerebro —la región que se cree que es responsable de sincronizar el ritmo cíclico en todo el cuerpo— habían registrado alteraciones en sus hábitos alimentarios.

Los ratones comían más a toda hora del día, en lugar de comer fundamentalmente en la noche cuando en general están despiertos. Estos ratones mutantes eran obesos y tenían una serie de problemas metabólicos, incluidos alto colesterol y alto nivel de azúcar en la sangre. Los descubrimientos fueron publicados en la revista Science.

Entonces los investigadores encontraron algo sorprendente: no solamente la mutación de los genes cambiaba su conducta sino que ésta influía sobre los mencionados genes.

Tener una dieta alta en grasas habría cambiado los genes de reloj en una parte del cerebro, el hígado y los tejidos adiposos. En un estudio posterior, el grupo mostró que los ratones nocturnos que comían alimentos con mucha grasa solamente durante el día, cuando se suponía que debían dormir, subían de peso más que aquellos alimentados durante la noche, incluso si ingerían la misma cantidad de calorías.

No está clara la manera exacta en que las interrupciones del ritmo cíclico pueden influir en el peso del cuerpo. Una teoría es que en algunos momentos del día, las bacterias del intestino pueden ser más o menos activas en la transformación de los alimentos en moléculas que serán absorbidas por el intestino. Comer grasas en un momento en que las bacterias están menos activas podría llevar a una transformación de menos calidad de la comida y a que se acumule más grasa, explica Turek.

Su equipo también está estudiando la condición intestinal conocida como colitis. Los síntomas, incluyendo la diarrea intensa, van y vienen en ciclos, una observación que llevó a Turek y sus colegas a preguntarse si el ritmo cíclico podía tener un rol en este caso.

En un estudio publicado en 2008, gradualmente cambiaron el ritmo de descanso de ratones saludables cada cinco días durante tres meses y demostraron que los animales no tuvieron cambios en su peso o en sus problemas intestinales. Pero cuando se les hizo ingerir una solución que inducía los síntomas de la colitis, aquellos que habían cambiado su ciclo de descanso sufrieron consecuencias mucho peores, y perdieron el 25% del peso de su cuerpo; los ratones que mantuvieron la rutina cíclica normal perdieron solamente 10% de su peso.

“Si su reloj cíclico es alterado, puede no ser un problema. Pero puede serlo si usted está embarazada o si está comiendo mucho en el momento incorrecto del día o tiene síntomas de gripe”, dice Turek.

El reloj cíclico más fácil de reprogramar es el cerebro, señala Turek. Dormir suficiente, entre siete y ocho horas, e idealmente dormirse y despertarse aproximadamente a la misma hora todos los días, incluso en los fines de semana, es importante para mantener el ciclo correcto.
Hacer ejercicio en forma regular pero no poco antes de ir a la cama, también es relevante.

“Quizás en algunos pacientes, la razón por la que están desarrollando una enfermedad y otros desórdenes es un reloj biológico que no está funcionando. Ahora tenemos una serie de caminos nuevos para desarrollar tratamientos”, dice Steve Kay, decano de la división de ciencias biológicas de la Universidad de San Diego.

Shirley S. Wang
Fuente: WSJ Américas

1 comentario

  1. amparo Responder

    Interesante artículo, ahora hay qué descubrir el reloj de cada uno.

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