Domingo 25 de Septiembre del 2016
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"Bebés", un documental con niños de distintos mundos


Cuatro miradas a la vida y una visión polémica de la maternidad.
Bayarjargal, de Mongolia; Hattie, de San Francisco; Ponijao, de Namibia, y Mari, de Tokio. Cuatro niños de distintos mundos, pero del mismo planeta, que protagonizan un vitalista documental sin diálogos sobre el primer año de vida de cada uno. El director de ‘Bebés’, el francés Thomas Balmès, dice que hay quien le ha dicho que verla le ha dado ganas de tener hijos y que en algunos hospitales estadounidenses la utilizan en terapias antidepresivas. La cinta, además, constituye también cuatro miradas dulces sobre la maternidad, porque es a las madres, principalmente, a las que se ve con los pequeños.

Su llegada a las salas españolas el próximo viernes coincide con la publicación del nuevo libro de la filosofa Elizabeth Bandinter, ‘La Mujer y la madre’ (La Esfera de los Libros), que ya ha vendido en Francia más de 200.000 ejemplares. La autora gala defiende que el instinto maternal no existe y critica la presión sobre las mujeres para que amamanten a sus hijos. Ambos hablan de sus opiniones sobre la relación padres-hijos, al hilo de sus respectivos trabajos:

“La maternidad, en Occidente, es algo que no basta para justificar la existencia de una mujer y me parece increíblemente complicado. Si estás en París y en una cena te preguntan qué haces y dices ‘crío a mis hijos’, pareces una reaccionaria de derechas ultracatólica”, lamenta el cineasta.

Balmès ha rodado un documental que entretiene durante algo más de 70 minutos pese a la carencia de diálogos y los largos planos fijos -algunos de hasta dos minutos-. Algunas de las escenas de gracietas de los bebés serían susceptibles de triunfar por su cuenta en Youtube, como cuando el pequeño de Mongolia se baña en un balde y un animal se acerca a beber del agua. “Quería hacer una película universal para cuestionarnos nuestra relación, como occidentales, con nuestros niños, con la tecnología, nuestro entorno…”, explica el realizador. Por eso buscó ambientes radicalmente distintos. “Mis películas ponen un poco en cuestión esa especie de etnocentrismo o egocentrismo occidental”, añade.

Balmès ha sido testigo del día a día en universos familiares opuestos. Lo único que se propuso a la hora de elegir a las familias fue evitar ambientes religiosos, para no desviar la atención a otro tipo de debates. Asimismo, esquivó a propósito lugares de miseria social. Considera que en Mongolia y Namibia han encontrado la distancia “correcta” en la relación padres-hijo. “Era muy interesante ver a los namibios, que no están ahí jugando con los niños, ni mimándoles como lo podemos hacer nosotros, casi excesivamente. Es una especie de respeto del bebé como persona, con mucho amor, pero con mucha distancia”.

El cineasta también es padre y reconoce que él no predica con el ejemplo. “A veces la culpabilidad occidental de estar ausente rodando me llevaba a intentar compensarles con juguetes, lo cual es absurdo completamente”, recuerda. “No es importante la cantidad de tiempo, sino el tiempo medido en calidad”, puesto que los pequeños “no necesitan una omnipresencia del padre ni de la madre”.

¿Son unos niños más afortunados que otros? “Antes de hacer estas películas puede pensar así y al ver las estadísticas uno tiende a creer que los más felices serán los que viven con más riqueza. En cambio, hay estudios fique señalan que las personas más deprimidas de la tierra son los franceses, pese a tener un nivel de vida de media bastante alto”, comenta.

“No se trata de idealizar un modo de vida más cercano a la naturaleza de manera sistemática. Yo soy un ‘geek’ completo, con mi iPhone y mi iPad, pero al mismo tiempo soy consciente de hasta qué punto es patético”.

En su cinta se muestra, como dice Bandinter, que son las madres las que siguen ocupándose principalmente de los pequeños. Balmès plantea que las razones son tan dispares como los universos retratados. El padre de Japón trabaja más de 10 horas siete días a la semana -así que apenas ve a su hija-, el de Namibia sólo puede ser pastor a más de 100 kilómetros de su casa por la sequía, los de EEUU y Mongolia trabajan los dos, unos en la ciudad, otros en el campo… “Yo soy un mal ejemplo, he pasado más rato con los bebés de la película que con los míos, lo que es bastante aberrante”, repite.

Badinter: ‘El instinto maternal no existe’
“El instinto es propio de los animales y los seres humanos nos diferenciamos por nuestra individualidad. Para algunas mujeres la maternidad es algo completamente natural nada más parir mientras que para otras no es algo evidente y es algo que tienen que aprender, que se convierten poco a poco en madres”, afirma la pensadora francesa.

No considera que lo que dice en su nuevo libro -en el que argumenta contra los supuestos beneficios de amamantar a los bebés- sea una opinión minoritaria. “El libro toca un tema que nadie se atrevía a plantear en Francia. En este país los especialistas en maternidad no dan otra opción que la de amamantar, durante el máximo tiempo posible”, dice.

A ello, señala, contribuye que las mujeres se censuran entre ellas. “Se entrampan a ellas mismas seducidas por las teorías ecologistas. Además, las mujeres tienden a ser más ecologistas que los hombres y se ponen a sí mismas la imposición de ser las madres perfectas en este aspecto [se refiere a amamantar a los bebés]”.

Además, señala: “Amamantar durante mucho tiempo y que la madre se ocupe constantemente del niño alejan al padre. No hay biberones, no hay responsabilidades para el padre. Por lo tanto, se rompe este equilibrio al hacer inútil la figura del padre durante el primer año”.

Bandinter llama la atención sobre cómo han cambiado los roles de los niños dentro de la casa. Culpa a “una variedad de responsables que nos han vendido que a los bebés y a los niños hay que tratarlos como adultos, hay que tener en cuenta todos sus deseos y voluntades a costa de las propias”. Y apunta: “Tan pronto como los bebés nacen las madres nos sentimos culpables y los especialistas lo utilizan, por ello las mujeres se adaptan a sus hijos y además se añaden más trabajo del realmente necesario: el niño se convierte en ley en casa”.

¿Cuál es el mejor país para ser madre? “Ninguno [ríe]. En serio, centrándonos en Europa donde existen sociedades avanzadas bastante diferentes unas de otras, me quedo con Francia o con Reino Unido que son más tolerantes, frente a los países mediterráneos. En Francia por lo general nadie te culpabiliza si llevas a tus hijos después de la baja de maternidad a la guardería”.

“No existe un modelo perfecto, ni yo tengo la solución. Lo importante es que un hijo es una gran responsabilidad pero a la que no estamos obligados”, subraya. Cree también que “lo fundamental es el equilibrio con la pareja, poder contar con el padre” y que “el drama es que todas estas tendencias excluyen al padre de la paternidad”. En este sentido, opina que el reparto de tareas es otra asignatura pendiente para hacer más ‘llevadera’ la maternidad.

“La madre lo es 24 horas sobre 24. Hoy en día, la mujer aún se ocupa de los hijos por lo general tres cuartas partes del día, frente a [lo que hacen] los hombres”.

Ella también es madre. “Mis hijos se solidarizan con mi discurso. Ya están en los cuarenta y a su vez son padres”.

Lucía González
Fuente: El Mundo

Ver trailer del documental

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