Domingo 25 de Septiembre del 2016
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El sistema comunista chino prohibe la apología de productos de lujo


Pekín declara la guerra al lujo.Para Pekín no hay nada más subversivo que llevar un bolso de Louis Vuitton. Oler a Christian Dior es un auténtico acto impúdico y lucir unos pendientes de Bulgari, un acto de exhibicionismo. Las sedas caras, la alta costura, los bolsos y los perfumen son, a ojos de las autoridades chinas, peligrosas armas que violan el derecho a la ciudadanía e impiden que la sociedad viva en armonía.Si hace unas décadas la revolución se libraba en Tiannamen ahora se alienta en los probadores de las tiendas de lujo. Para el sistema comunista chino no hay nada más peligroso que una minoría que disfruta de artículos que la gran mayoría solo puede ver en la publicidad. Y para atajar el problema, ha decidido prohibir los anuncios.«Favorecen el hedonismo y el culto a los productos fabricados en el extranjero y tienen un impacto negativo en la sociedad», cita el comunicado de la Administración, que se dice «seriamente preocupada por las desigualdades sociales que genera la publicidad».”El consumo de artículos importados por una élite económica impide el desarrollo en armonía de las clases medias, al crear más diferencias entre las clases pobres y las ricas», continua el documento.Con el 44% de las ventas, China es el primer mercado mundial del lujo y sus calles están plagadas de tiendas, la mayoría con sello francés. Los líderes mundiales de la industria de artículos exclusivos, los grupos galos LVHM (propietario de Louis Vuitton y Dior), Hermès o PPR (dueño de Gucci) hacen su agosto en suelo asiático y han abierto allí decenas de embajadas.En 2010 Hermes, que debe más de la mitad de su cifra de negocio al consumo chino, inauguró cuatro tiendas en este país, mientras que Louis Vuitton, muy presente también en Asia, abrió las puertas de la última de sus tiendas hace tan sólo tres meses en la ciudad de Nanning.Multas de 3000 eurosAnte la imposibilidad de luchar contra el gigante del consumo, la administración por la industria y el comercio de la ciudad ha tenido que conformarse con prohibir al menos su apología. Los marcas tienen hasta el próximo día 15 para maquillar sus anuncios, si no quieren afrontar multas de hasta 3400 euros.Los publicistas de las firmas de ropa y perfumes tendrán que rascarse la sesera para vender sin usar palabras como «supremo», «lujoso» o «royal», ahora prohibidas, según el diario China Daily. La capital sigue los pasos de otras ciudades como Chongqing, que ya había censurado las palabras «único», «mejor» o «irremplazable» en las publicidades inmobiliarias. Una censura verbal que ahora se extiende a los productos de lujo.Raquel Villaécija.Fuente: El Mundo

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