Lunes 26 de Septiembre del 2016
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La política tiene aún mucho que aprender de la publicidad


Política sin chispa.
Opinión de M. Dolores García.
Por cada tanque que se fabrica en el mundo, se fabrican 131.000 peluches. Por cada bolsa de valores que se desploma, hay diez versiones de ‘What a wonderful world’. Por cada persona corrupta, hay 8.000 donando sangre. Por cada muro que existe, se ponen 200.000 alfombras de bienvenido. Por cada científico que diseña un arma, un millón de mamás está haciendo pasteles de chocolate…”.

Cualquiera que se coloque ante una pantalla estos días puede haber escuchado esos mensajes, o estos otros: “En el mundo se imprime más dinero de monopoly que dólares. Hay más vídeos divertidos en internet que malas noticias en todo el mundo. Amor tiene más resultados en Google que Miedo. Por cada persona que dice que todo va a peor, hay cien parejas buscando un hijo…”. Se trata de un anuncio de Coca-Cola. El imperio del refresco omnipresente busca tocar la fibra sensible del personal con un spot cuyo éxito ha traspasado la televisión para prodigarse con fruición por internet. Vender durante décadas el mismo mejunje requiere gran agudeza y conocimiento de las inquietudes subliminales del mercado potencial y, en efecto, vuelven a dar en el clavo… Ante el pesimismo que nos envuelve, qué fácil resulta concentrar una brizna de esperanza en cada sinuosa botella expuesta en la barra del bar, en cada lata que aguarda en las máquinas de vending…

En tiempos de crisis, las marcas explotan su lado más emotivo porque deambulamos más blanditos que nunca… Ya no nos venden las objetivas prestaciones del producto, sino que intentan llegar al corazón. Y esa máxima, obvia en la publicidad comercial, resulta igualmente útil en el marketing político. Coca-Cola, que será una multinacional pero tiene claro lo del hecho diferencial, ha dejado que su anuncio fuera adaptado a la idiosincrasia de cada país, a los miedos e ilusiones de cada sociedad. Por eso, es curioso analizar el contenido del anuncio que se emite en España. De él se deduce que los españoles adoran la solidaridad, el buen rollo, a mamá y el sexo (aunque sea con fines procreadores). En cambio, detestan las guerras, el poder financiero y la corrupción. El anuncio obvia muchos otros miedos que irrumpen con fuerza en la sociedad española actual, como la inmigración. Pero la marca sólo recurre a aquellos males sobre los que hay consenso unánime.

La política tiene aún mucho que aprender de la publicidad. Zapatero alardeó de optimismo antropológico cuando las cosas iban bien; ahora es el pregonero de los recortes y el único hálito de esperanza que puede transmitir es el anuncio de su retirada. Mientras, Rajoy y optimismo parecen términos antagónicos. Si algo transmite el anuncio del famoso refresco es el grado de desesperación de la sociedad española, capaz de emocionarse con imágenes que contraponen tanques a ositos de peluche… Si, como vende la multinacional, “hay razones para creer en un mundo mejor”, algún líder con credibilidad podría empezar a explicarlo… Por nuestra salud emocional.

M. Dolores García
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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