Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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La construcción de una nueva política


China, Twitter y los jóvenes vs. “el Faraón”.
Opinión de Thomas L. Friedman.
Cualquier persona que haya seguido de cerca la cuestión de Medio Oriente durante un tiempo sabe que después de cualquier cataclismo en esa región, las cinco palabras más peligrosas son: “Nada volverá a ser igual”. Al fin y al cabo, la región absorbió la caída del Muro de Berlín y el surgimiento de Google sin pestañear.
Pero mientras viajo por Israel, Jordania y Cisjordania para dimensionar los efectos de la ola de choque que viene desde Egipto, estoy convencido de que las fuerzas que sostuvieron el statu quo durante tanto tiempo -petróleo, autocracia, la distracción de Israel y el miedo al caos que podría venir con el cambio- ahora enfrentan finalmente a un motor de cambio que es aún más poderoso: China, Twitter y los jóvenes veinteañeros.

Por supuesto que China per se no está alentando las revueltas de estos lugares, pero lo que sí está detrás es el creciente consumo de carne, maíz, trigo y aceite de los países en desarrollo liderados por China y el bloque asiático. Los aumentos en los precios de alimentos y gasolina que azotaron Medio Oriente en los últimos seis meses claramente agudizaron el descontento con los regímenes ilegítimos, especialmente entre los jóvenes, los pobres y los desempleados.

Es por eso que ahora todos los gobiernos se apresuran a aumentar los subsidios y los salarios, aun sin saber cómo van a pagarlos o, lo que es peor, sacando dinero del presupuesto destinado a la construcción de escuelas e infraestructura.
Pero China es un desafío para Egipto y Jordania por otras razones. Hace años, escribí acerca de los empresarios egipcios que para Ramadán importaban de China faroles tradicionales que venían con un microchip con música folklórica egipcia. Si China puede fabricar juguetes para Ramadán más baratos y atractivos que los mal pagados trabajadores egipcios, hay un problema de competitividad.

Hoy, Egipto, Jordania, Yemen y Túnez tienen un ejército rebosante de frustrados: los “educados inempleables”. En los papeles, tienen un título universitario, pero en realidad no cuentan con habilidades que les permitan competir globalmente. Acabo de volver de Singapur: su gobierno está obsesionado con cuestiones como la forma de enseñar mejor las fracciones a los chicos de tercer grado. Esa no ha sido precisamente la obsesión de Hosni Mubarak.

Miro a los jóvenes que se concentran hoy en el centro de Ammán, y a los miles que se reunieron en Egipto y Túnez, y mi corazón sufre por ellos. Tanto potencial humano y sin embargo no tienen la menor idea de lo atrasados que están; o quizá sí lo sepan y por eso se sublevan. El gobierno de Egipto ha desperdiciado los últimos 30 años acosándolos con la intolerancia blanda de las bajas expectativas: “Tengan paciencia. Egipto tiene su propio ritmo, como el Nilo”. Genial. Singapur también tiene su propio ritmo: el de Internet.

En el mundo árabe hay 100 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años, muchos de ellos varones sin una educación que les permita conseguir un buen trabajo, comprarse un departamento y casarse. Si a eso se le suma el alza de los alimentos, la difusión de Twitter, Facebook, los mensajes de texto y otras tecnologías, se convierte en una máquina muy poderosa.

En Jordania, los oídos me retumban con quejas sobre la corrupción, la frustración con el rey y la reina, y el disgusto por la enorme brecha entre ricos y pobres. El rey Abdullah, que la semana pasada despidió a su gabinete y prometió una verdadera reforma, tiene mucho trabajo por delante. Y la gente no está dispuesta a conformarse con más de lo mismo. Ahora lo dicen sin reparos, y ya no firman sus comentarios en los blogs con seudónimos del tipo “Mohammed viviendo en Suecia”.

Jordania no va a estallar? hoy. El país hace equilibrio entre las tribus beduinas de Cisjordania y los palestinos cisjordanos, quienes en 1970 se enfrentaron en una guerra civil. “No hay manera de que los cisjordanos se unan a los palestinos para derrocar a la monarquía hachemita”, me comentó un general jordano retirado. Pero ese equilibrio a su vez dificulta la posibilidad de una reforma.

Los eventos de Egipto evidentemente fueron un llamado de atención para la monarquía. El desafío que enfrenta ahora el rey es convencer al pueblo de que “su voz tendrá más peso en el cuarto oscuro que en las calles”, dijo Salah Eddim al-Bashir, miembro del Senado de Jordania.

Pienso que lo que pasa hoy en Egipto es la revolución de 1952, liderada desde arriba por los militares, contra la revolución de 2011, conducida desde abajo por el pueblo. Para que Egipto tenga un final feliz, el ejército tiene que ceder parte de su poder e iniciar un proceso de transición política justo, que abra espacio para que las fuerzas de centro puedan construir precisamente lo que Mubarak nunca permitió: partidos políticos legítimos, independientes, modernizadores y laicos, que puedan competir en elecciones libres contra la Hermandad Musulmana, que hoy es el único partido político propiamente dicho.

Hasta ahora, las cosas eran fáciles para la Hermandad. No tenían oponentes laicos legítimos. Lo único que sabían decir era: “La respuesta es el Islam” o “Mubarak es sionista”, y con eso conseguían el 20% de los votos. Si Egipto y Jordania pueden construir una nueva política, por primera vez la Hermandad enfrentará una competencia real de los centristas moderados de ambos países? y lo saben.

Fuente: The New York Times-La Nación

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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