Jueves 29 de Septiembre del 2016
Google+ Pinterest
sponsors 1; 2

David ya venció a Goliat con la revolución 2.0, ahora deberá construir su reino


Jeroglíficos de la rebelión 2.0.El rol de Facebook y Twitter en la reciente revuelta contra el dictador egipcio Hosni Mubarak revela las formas novedosas que asume la política ante el surgimiento de los nuevos medios digitales.A lo largo de la historia de la política democrática, las formas de circulación de la información y los cambios tecnológicos han tenido un papel central para definir los mecanismos de participación política y la expresión de las demandas populares. Cada nuevo medio actualiza viejos interrogantes en torno a estos problemas y hace posibles nuevas formas de producir sentido.La irrupción de Internet, caracterizada tanto por la velocidad de su propio desarrollo como por el acelerado ritmo que imprime a los acontecimientos, produce un deslumbramiento tal que, no pocas veces, eclipsa la supervivencia de añejas tradiciones trenzadas con nuevos formatos. Los ardides de la censura y los de los censurados, por ejemplo, vienen dibujando desde hace siglos una especie de grotesco minué, hecho de avances y tropiezos. En 1784, un bando de Federico II de Prusia establecía que las personas privadas no estaban “autorizadas a emitir juicios públicos especialmente juicios reprobatorios” sobre las acciones del soberano o “a darlas a conocer mediante la impresión”, debido a que los súbditos no tenían los conocimientos ni la formación para pronunciarse sobre tan graves materias. Cinco años más tarde, estallaba en París la Revolución Francesa, que anunciaba la declinación final de las monarquías absolutas en Europa y liquidaba, también para siempre, las ilusiones de Federico II.El más espectacular y reciente tropezón de esa nutrida serie lo dio el declinante Mubarak al forzar un apagón informático a nivel nacional. Gesto brutal, por cierto, pero también ingenuo. Los rebeldes desplegaron la estrategia del zorro y generaron rápidamente vericuetos tecnológicos para garantizar que sus convocatorias siguieran circulando. Los usuarios de las redes recurrían a los pequeños servidores que habían logrado esquivar el apagón, hacían circular entre sus pares las instrucciones para burlar la censura, o empleaban un sistema combinado (speak to tweet) que permitía dejar mensajes en un número de teléfono internacional, habilitado por las empresas, para que luego fueran transformados en tweets.La fallida estrategia de control enfilaba, en cambio, por la vía rápida, hacia un caos mucho mayor del que intentaba exorcizar: buena parte de la actividad comercial, financiera y cultural de Egipto quedó fuera de combate mientras duró el corte. Al señalar tan ostensiblemente el temor que le inspiraba el poder de convocatoria de los sublevados y los efectos de la red, lo que el régimen egipcio comunicaba era, sobre todo, la inminencia de su propio fin.También parece algo ingenuo haber pensado que, cerrando el grifo que daba cauce al descontento, lograría contener la rebelión. En enero egipcio las tecnologías de la comunicación tuvieron un protagonismo indudable y fortalecieron la identidad de los grupos juveniles que convocaron a la manifestación del día 25. Pero el movimiento popular que terminó con la caída del régimen estuvo compuesto por factores sociales y políticos muchísimo más complejos. La masividad de la protesta no era resultado mágico de la inspiración de algún cibernauta audaz, aunque los haya habido. La resistencia al régimen de Mubarak venía trabajando pacientemente desde hace años en diversos frentes –con huelgas y blogs, en el movimiento de intelectuales y en Twitter– y el vuelco final de la revuelta parece haber sido disparado por la adhesión de los sindicatos llamando a la huelga general. No hace falta ser egiptólogo para percibir que, cuando la insatisfacción rompe el dique, los mecanismos innovadores de Internet, el artesanal boca a boca, la red televisiva Al Jazeera o las ubicuas cacerolas pueden impulsar una convocatoria exitosa. En particular, en una sociedad donde la penetración de Internet es del 21% y la tasa de analfabetismo alcanza niveles pavorosos es oportuno ser cautelosos antes de poner el foco exclusivamente en los encantos de la Web.Howard Rheinghold, uno de los más reconocidos expertos en los efectos sociales de la tecnología, acuñó hace ya algunos años la expresión “multitudes inteligentes”, para designar a estos “grupos de personas que emprenden movilizaciones colectivas –políticas, sociales, económicas– gracias a que un nuevo medio de comunicación posibilita otros modos de organización, a una escala novedosa, entre personas que hasta entonces no podían coordinar sus movimientos”.El tipo de valores políticos que están en juego en este cambio, las formas novedosas en que se amalgaman estas multitudes plantean uno de los problemas más interesantes del campo actual de las ciencias sociales. Tanto el formidable vuelco electoral producido en España en 2004 como las recientes movilizaciones de los estudiantes británicos o las protestas de los jóvenes griegos en 2008 generan cierta perplejidad ante el peso político que llegan a tener grupos de personas sin adscripciones previas a un colectivo común y con la sola amalgama de consignas lo suficientemente generales como para aglutinar fugazmente a grupos con intereses diversos.En los análisis de estos episodios –y el caso egipcio no es la excepción– se suele mencionar con simpatía su carácter “espontáneo”, “independiente”, o “no ideológico”. Tal celebración indica, por lo general, que los grupos en cuestión no pertenecen a un partido político en el sentido clásico. Pero resulta un tanto disparatado menguar la politicidad del gesto de los grupos que pasaron 20 días en la plaza –resistiendo patotas y balaceras– para exigir un régimen demócrático, justo y participativo. La declaración de principios del Movimiento de Jóvenes 6 de abril –cuyo nombre conmemora precisamente una masiva huelga que tuvo lugar en esa fecha en 2008– explicita su vocación por enlazar su lucha con la de huelguistas e intelectuales. Definir tal acción como “no ideológica” sólo se comprende si nos atenemos a una concepción estrecha del concepto de ideología.El triunfo de la rebelión egipcia fue celebrado en el mundo entero porque reaviva la idea del soñado protagonismo de “los nadies”. Sin embargo, cabe preguntarse si estas nuevas formas de asociación de liderazgos difusos, en las que conviven demandas contradictorias podrán sostenerse en el tiempo. ¿Cómo traducir la eficacia de estas convocatorias para el repudio en un proyecto político que se sostenga en el futuro? ¿Es posible para un grupo de estas características proyectarse hacia la construcción de un orden político diferente sin perder fuerza y popularidad? Los derroteros que pueda seguir a partir de ahora la política egipcia resultan, según los especialistas, tan enigmáticos como la Esfinge. Una vez que se calmen los festejos, la creatividad demostrada por los rebeldes egipcios en la lucha contra el régimen de Mubarak deberá orientarse al desafío de debatir la construcción de un nuevo orden político. Las herramientas que desarrollaron a través de la Web les ofrecen un escenario propicio para ampliar el acceso a la discusión y mantener la cohesión alcanzada. David ya venció a Goliat, ahora deberá construir su reino.María Elena Ques.Publicado en Ñ-Clarín

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>