Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Revolución digital: mantener la mente abierta, dispuesta al cambio y a la experimentación


Pistas para entender la revolución digital.
Como es público y notorio estamos en una época de gurúes tecnológicos. Tanto es así que ya no alcanza con esta rara especie de sustantivo calificativo. Ahora tenemos también ninjas y jedis. Me asombra un poco la cantidad de guías espirituales que ha originado la revolución digital, lo poco que dura a veces su liderazgo, su aura o su fama, y lo arbitraria de su ascensión. Gurúes eran los de antes, de eso no cabe duda.

Pero hay cierta lógica en esta infestación de faros de alumbrar apodíctico. ¿Bajo qué condiciones se encuentran muchos guías espirituales? En dos, típicamente: en el entorno religioso y en época de cambios. La revolución digital reúne ambas características.
Por un lado, los avances producidos por la digitalización fueron tan extremos y súbitos que para buena parte de los que nacieron y se formaron en una época previa constituyen misterios insondables. Las religiones nos permiten convivir con misterios abismales de la existencia. Pero las nuevas tecnologías no serían un arcano si no abundaran los que, no sin un toque de desprecio, subestiman al público sin formación técnica y sustituyen la explicación por la receta. O la plegaria.

Por otro, estamos, qué duda cabe, en una época de cambios colosales. De forma semejante a cuando Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles o Vasco da Gama descubrió el cabo de Buena Esperanza. Grandes mitos se derrumban. Un mito como Es imposible llegar a las Indias rodeando Africa se parece demasiado a ¿Quién podría querer una computadora en su casa? o Internet es sólo cosa de nerds .

Está bien, que nos digan en qué sentido cambiará el mundo es una necesidad natural, pero en mi opinión, y como trataré de demostrar más abajo, no hay forma de prever ciertas cosas. Los gurúes nos calman la ansiedad, pero no mucho más.

Secreto a voces
La fe es un misterio. Lo mismo que el amor, la libertad y la muerte. Nos hemos pasado decenas de miles de años filosofando sobre esto y en los últimos 5000 llenamos tablillas, papiros, tablas y papel con nuestros esfuerzos, y seguimos como al principio sin tener nada en claro. La religión nos permite salvar este hiato intelectual porque somos más que mero intelecto. Les guste o no a muchos fundamentalistas de la razón, somos más que razón.

Pero la tecnología digital no tiene nada de mágico, misterioso o incomprensible. Que a unos pocos les convenga que todos los demás no entendamos nada de computadoras no significa que sea algo incomprensible. En rigor, es al revés. Las maquinarias actuales son más fáciles de entender que las supuestamente más sencillas cosas mecánicas y analógicas de antes. Aquí van una serie de pistas para entender qué le pasó al mundo, en términos de tecnología, cuando llegaron las computadoras.

* Antes todas las máquinas eran internamente diferentes, funcionaban de modo diferente y tenían una función diferente. Hoy todas las cosas digitales son lo mismo, son computadoras o son controladas por computadoras. Pasamos, por lo tanto, de innumerables mecanismos, diseños, metodologías y formas de control a una sola, la informática. Una vez que entendemos qué es una computadora, entendemos todos los demás dispositivos.

* ¿Y cuál es la diferencia entre los mecanismos supuestamente sencillos de antes y las computadoras? Antes, las máquinas y herramientas tenían una función específica. Ahora cada función se programa. Es una de las ideas más disruptivas de la historia técnica de la humanidad. Pasamos de herramientas que servían para algo a otras que, no sirviendo de entrada para nada, pueden usarse para todo. La computadora (o cualquier otro dispositivo digital) sólo sirve para una cosa, para ser programada. Entender esto es clave, es la piedra fundacional de la revolución digital.

* En el pasado la información se podía guardar como tinta sobre papel, bromuro de plata sobre acetato, señales magnéticas analógicas sobre cinta, surcos en un plato de vinilo. Hoy toda la información existe bajo la forma de números binarios alojados en memorias digitales mutuamente compatibles. De nuevo, simplificamos: de docenas de métodos a uno solo.

* Antes teníamos acceso directo al mecanismo, la polea, la manivela, la palanca, el motor. En consecuencia, cualquier cosa mecánica podía romperse si la usábamos mal. Ahora, en cambio, no tenemos acceso al microprocesador, la memoria o el disco duro, sino que un programa media entre nosotros y los mecanismos. Por eso, las computadoras (y todas son computadoras) no pueden romperse por usarlas mal.

* El gran obstáculo para comprender las computadoras (y llevará dos párrafos, éste y el siguiente, aclararlo) es que mientras las máquinas de antes simulaban la función de nuestros músculos o aumentaban el poder de nuestros sentidos, las computadoras simulan las funciones del más oculto y menos conocido de nuestros órganos, el cerebro. Básicamente, hacen cálculo y evalúan proposiciones lógicas. Es natural que nos cueste despegarnos del obvio telar, del explícito automóvil. Pero no hace falta sino un leve cambio de mirada para ver la nueva realidad.

* ¿Qué son los misteriosos, mágicos, inexplicables dispositivos digitales, entonces? Son máquinas que procesan información. Todo lo que llamamos información (texto, video, magnitudes físicas, valores numéricos, imágenes, sonido y demás) es transformado en bits y, llegado el caso, se opera sobre esos bits para hacer algo útil: imprimir, mostrar en pantalla, transmitir por Internet, obtener estadísticas, cambiar la tipografía, ecualizar, y la lista, como sabemos, no sólo podría seguir durante semanas, sino que siempre se puede ampliar.

Ayuda> Acerca del futuro
La otra misión que encomendamos a los sufridos gurúes es la de decirnos cómo va a cambiar el mundo en el porvenir, dónde invertir, cómo será el periodismo, la medicina, la política, la economía, el comercio, la psicología y las relaciones del mañana, entre otras cosas. Bueno, les tengo una mala noticia. No hay forma de acertar.
En 1960 se podía. En 1940 se podía. Pero cuando la civilización entra en un período de cambios paradigmáticos, el grado de transformación es tan absoluto que resultará imposible para cualquiera establecer lo que vendrá. ¿Por qué? Porque el futuro no sólo no es visible. En este momento de la historia el futuro es también incomprensible.

Dicho de otra forma, si un gurú acertara con lo que va a ocurrir no lo entenderíamos. Imagine que alguien le hubiera dicho a Andrés Vesalio, el anatomista del siglo XVI, que en el porvenir, gracias a un invento reciente, la imprenta de tipos móviles, las ciencias avanzarían tanto que en el futuro habría máquinas que verían a través de la piel y la carne y mostrarían los huesos. Imagine mostrarle al pobre Vesalio un tomógrafo en funcionamiento. Leonardo previó las máquinas voladoras, pero no las líneas aéreas ni la industria del turismo.

Hoy nos pasa lo mismo. Si pudiéramos viajar al mundo que tendremos dentro de 100 o 200 años (quizá mucho menos) no lo comprenderíamos. No tienen la culpa de esto los gurúes, es una característica de la realidad, una regla de juego infranqueable.

Lo mejor que puede hacerse, y por favor no se tome esto como consejo de gurú, es mantener la mente abierta, dispuesta al cambio, a la experimentación, estamos en territorios no cartografiados. Y créame, Ptolomeo estaba equivocado.

Ariel Torres
Especialista en tecnología, publica su columna de opinión, pistas e ideas sobre computación personal desde hace más de 15 años en el diario La Nación.
Publicado en: La Nación

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