Sábado 24 de Septiembre del 2016
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La vejez no es tan mala…


El giro en U de la vida.Mientras los estudios económicos empiezan a tomar en cuenta conceptos antes ignorados por las estadísticas como el bienestar o la felicidad de las sociedades, diversos estudios sugieren que no está tan mal, después de todo, dejar de ser joven. Menos estrés e irritabilidad, muchos objetivos ya alcanzados y una mayor aceptación de la propia suerte parecen ser las claves de un estado de bienestar pasados los setenta años.Cuando se le pregunta a la gente qué piensa acerca de envejecer, probablemente responda en el mismo sentido que Maurice Chevalier: “La vejez no es tan mala cuando se piensa en la alternativa”. Articulaciones que se ponen rígidas, músculos debilitados, pérdida de visión y de la memoria, más el desprecio negligente por los viejos en el mundo moderno, todo esto parece esbozar una perspectiva temible, mejor que la muerte, quizás, aunque no mucho. Pero la humanidad se equivoca al temer al envejecimiento. La vida no es una larga y lenta declinación de las tierras altas iluminadas por el sol hacia el valle de la muerte. Es más bien un giro en U.Cuando la gente inicia su vida adulta, en general es bastante alegre. Las cosas van cuesta abajo desde la juventud hasta que se llega a la crisis de la mitad de la vida. Hasta aquí la cosa resulta familiar. Lo sorprendente viene después de eso. Aunque al avanzar hacia la vejez la gente pierde cosas que valora -vitalidad, agudeza mental y aspecto atractivo-, también logra lo que busca toda la vida: la felicidad.Esta conclusión curiosa emerge de una nueva rama de la economía que busca una medida más satisfactoria del bienestar humano que el dinero. La economía convencional usa el dinero como representación de la ganancia: esa es la manera deprimente en que la disciplina habla de la felicidad. Pero algunos economistas, descreídos de que hay una relación directa entre dinero y bienestar, han decidido ir al meollo de la cuestión y medir la felicidad misma.Felicidad Bruta NacionalEstas ideas han penetrado el escenario político, comenzando por Bhutan, donde el concepto de Felicidad Bruta Nacional le da forma al proceso de planificación. Todas las nuevas políticas tienen que ser evaluadas con relación a la FBN, algo similar a la evaluación de impacto ambiental común en otros países. En 2008 el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, pidió a dos economistas ganadores del premio Nobel, Amartya Sen y Joseph Stiglitz, que crearan una medida más amplia de la felicidad nacional que el PBI. El mes pasado, en un gesto nada típico para Gran Bretaña, David Cameron anunció que el gobierno británico comenzaría a recoger cifras sobre el bienestar.Ya hay muchos datos sobre el tema recogidos, por ejemplo, por la Encuesta Social General de Estados Unidos, el Eurobarómetro y Gallup. Las encuestas incluyen dos tipos principales de preguntas. Un tipo se refiere a la evaluación que hace la gente de sus vidas y el otro cómo se sienten en cualquier momento en particular. El primer tipo sigue una orientación al estilo de: pensando en su vida en forma general, ¿cómo se siente? El segundo tipo es algo así: ¿ayer, se sintió feliz/conforme/enojado/ansioso? Se dice que el primer tipo de pregunta mide el bienestar global y el segundo el bienestar hedónico o emocional. No siempre se obtiene la misma respuesta: tener hijos, por ejemplo, tiende a hacer que la gente se sienta mejor respecto de su vida en general, pero también aumenta las probabilidades de que ayer se haya sentido enojada o ansiosa.Los estadísticos se dedican a cernir vastas cantidades de datos producidos por estas encuestas al estilo de los mineros en busca de oro. Están tratando de encontrar la respuesta a la eterna pregunta: ¿qué hace feliz a la gente?Parecería que hay cuatro factores principales: género, personalidad, circunstancias externas y edad. Las mujeres en general son un poco más felices que los hombres. Aunque son también más susceptibles a la depresión: un quinto a un cuarto de las mujeres sufre de depresión en algún punto de su vida, comparado con alrededor de un décimo de los hombres. Lo que sugiere que las mujeres son más proclives a tener emociones más extremas o que algunas mujeres sufren más que los hombres, mientras que la mayoría son más alegres.Hay dos rasgos de personalidad que se destacan en medio de la complejidad del análisis de regresión de los economistas: la neurastenia y la extroversión. La gente neurasténica -proclive a la culpa, la ira y la ansiedad- tiende a ser infeliz. Esto es más que una observación tautológica acerca del ánimo de la gente cuando economistas o encuestadores les preguntan sobre sus sentimientos. Estudios que siguen a personas a lo largo de muchos años han mostrado que la neurastenia [en términos estrictamente psiquiátricos] es un rasgo estable de personalidad y un buen elemento para predecir niveles de felicidad. La gente neurasténica no solo es proclive a sentimientos negativos: también suele tener baja inteligencia emocional, lo que la hace mala para formar o manejar relaciones y eso a su vez la hace infeliz.Mientras que la neurastenia tiende a producir gente negativa, la extroversión hace lo opuesto. La gente a la que le gusta trabajar en equipo y que disfruta de las fiestas tiende a ser más feliz que la que cierra la puerta de sus oficinas durante el día y se encierra en casa de noche. Este rasgo de personalidad puede ayudar a explicar algunas diferencias entre culturas: un estudio que compara grupos similares de británicos, chinos y japoneses descubrió que los británicos son, en promedio, más extrovertidos y felices que los chinos y los japoneses.Luego está el papel de las circunstancias. Todo tipo de cosas en la vida de la gente, tales como relaciones, educación, ingresos y salud, moldean cómo se siente. Estar casado apuntala a la gente, pero el efecto no es tan poderoso como el pesar que genera estar desocupado. En Estados Unidos ser negro estaba antes asociado con niveles más bajos de felicidad, aunque las cifras más recientes sugieren que ser negro o hispano hoy en día está asociado con mayor felicidad. La gente que tiene niños en la casa es menos feliz que la que no los tiene. La gente más educada es más feliz, pero el efecto desaparece si se tiene en cuenta los ingresos. Dicho de otro modo, la educación parece hacer más feliz a la gente porque la hace más rica. Y la gente más rica es más feliz que la gente pobre, aunque en qué medida es tema en debate.Otro punto de vistaFinalmente está la cuestión de la edad. Si se le pregunta a un grupo de personas de 30 años y a otro grupo de 70 años (como hizo Peter Ubel, de la Sanford School of Public Policy de la Universidad de Duke, junto con dos colegas, Heather Lacey y Dylan Smith en 2006) qué grupo piensan que es probable que sea más feliz, ambos dicen que los de 30 años. Si se les pide que califiquen su propio bienestar, los de 70 años son los más felices. Los académicos citaron versos escritos por Pete Townshend de The Who cuando tenía 20 años: “Las cosas se ven muy frías/ Espero morir antes de volverme viejo”. Señalaron que Townshend, que ya dejó atrás su cumpleaños número 60, está escribiendo un blog que brilla por su buen humor.Townshend se habrá considerado un joven radicalizado, pero esta visión es antigua y convencional. Las “siete edades del hombre” -la imagen dominante del curso de la vida en los siglos XVI y XVII- se concebían invariablemente como un ascenso en estatura y felicidad hasta la mitad de la vida, seguido de una marcada declinación hacia la tumba. Invertir el ascenso y la caída es una idea reciente. “Unos pocos advertimos el giro en U a comienzos de la década de 1990″, dice Andrew Oswald, profesor de economía de la Warwick Business School. “Hicimos un
a conferencia sobre el tema pero no vino nadie”.Desde entonces, el interés por la curva en U ha estado creciendo. Su efecto sobre la felicidad es significativo: desde el punto más bajo hasta el pico en la edad más avanzada, alrededor de la mitad del efecto que tiene el desempleo. Aparece en todo el mundo. Oswald y David Blanchflower, profesor de economía del Dartmouth College, analizaron las cifras de 72 países. El punto más bajo varía de acuerdo a los países -los ucranianos están en su peor momento a los 62 y los suizos a los 35- pero en la gran mayoría de los países la gente está en su momento más infeliz entre los cuarenta y apenas pasados los cincuenta. El promedio global es 46.La curva en U aparece en estudios no solo de bienestar global sino también de bienestar hedónico o emocional. Un trabajo, publicado este año por Arthur Stone, Joseph Schwartz y Joan Broderick, del Sony Brook University, y Angus Deaton de Princeton, descompone el bienestar en sentimientos positivos y negativos y analiza cómo la experiencia de esas emociones varía a lo largo de la vida. El disfrute y la felicidad caen en la mitad de la vida, luego vuelven a aumentar; el estrés aumenta apenas pasados los 20, luego cae marcadamente; la preocupación llega a su punto más alto en la mitad de la vida y cae a partir de allí; la ira va declinando a lo largo de la vida; la tristeza aumenta ligeramente en la mitad de la vida y cae a partir de allí.Si se pone la pregunta patas arriba, el patrón sigue apareciendo. Cuando la Encuesta de la Fuerza Laboral Británica pregunta a la gente si está deprimida, la curva en U se convierte en un arco, con su pico a los 46 años.Siempre existe la posibilidad de que las variaciones sean resultado no de cambios durante el curso de la vida, sino de diferencias entre las cohortes.Un europeo de 70 años puede sentirse distinto de uno de 30 años no porque es mayor, sino porque creció durante la Segunda Guerra Mundial y por tanto fue moldeado por experiencias diferentes. Pero la acumulación de datos va en contra de la idea del efecto de cohorte. Los estadounidenses y zimbabeanos no han sido moldeados por experiencias similares, sin embargo la curva en U aparece en ambos países. Y si el responsable de ello fuera el efecto de corte, la curva en U no aparecería de modo coherente en datos que abarcan 40 años.Quizás la curva en U es simplemente una expresión del efecto de circunstancias externas. Al fin de cuentas, los factores comunes afectan a la gente en distintas etapas del ciclo de la vida. La gente de los cuarenta a los cincuenta, por ejemplo, a menudo tiene hijos adolescentes. ¿La infelicidad de la gente madura puede ser consecuencia de compartir el espacio con adolescentes llenos de ira? Y la gente mayor tiende a ser más rica. ¿Su mayor felicidad relativa puede ser resultado del dinero?Resulta que la respuesta es no: aunque se pondere por la riqueza en dinero, el estatus laboral y los hijos, la curva en U sigue allí. Por lo que la creciente felicidad que sigue a la infelicidad de la madurez debe ser resultado, no de circunstancias externas, sino de cambios internos.La gente, según muestran los estudios, se comporta de modo diferente en distintas edades. La gente mayor tiene menos peleas y encuentra mejores soluciones a los conflictos. Sabe controlar mejor sus emociones, acepta mejor la mala fortuna y es menos proclive a la ira. En un estudio, por ejemplo, se les pidió a los sujetos que escucharan grabaciones de gente que supuestamente decía cosas negativas de ellos. Los mayores y los jóvenes se sintieron entristecidos de modo similar, pero la gente mayor se mostró menos enojada y menos proclive a juzgar, y adoptaban el punto de vista, como dijo uno, de que “no se puede dejar contento a todo el mundo todo el tiempo”.Hay varias teorías acerca de por qué esto puede ser así. Laura Carstensen, profesora de Psicología de la Universidad de Stanford, habla de “la capacidad humana de reconocer nuestra propia mortalidad y controlar nuestros horizontes de tiempo”. Debido a que la gente mayor sabe que está más cerca de la muerte, sostiene, se vuelve más capaz de vivir el presente. Comienza a concentrarse en cosas que importan ahora -tales como los sentimientos- y menos en objetivos a largo plazo. “Cuando la gente joven mira a la gente mayor, piensa lo aterrorizante que debe ser acercarse al final de la vida. Pero la gente mayor sabe lo que más importa.”Por ejemplo, dice, “los jóvenes van a fiestas formales porque pueden llegar a conocer a alguien que le puede resultar útil en el futuro, aunque no conozco a nadie al que le guste realmente ir a esas fiestas formales”.Menos ambición, más aceptaciónHay otras explicaciones posibles. Quizás ver morir a contemporáneos infunde a los sobrevivientes el ánimo de aprovechar lo mejor posible el tiempo que les queda. Quizás la gente llega a aceptar sus puntos fuertes y débiles, deja de tener expectativas de ser CEO o lograr que cuelguen sus cuadros en la Academia Real, y aprende a estar satisfecha con ser subgerente de sucursal y con que su acuarela se muestre en la fiesta de la iglesia. “Ser una vieja solterona -dice un personaje en un cuento de Edna Ferber, una novelista estadounidense que nunca se casó- era como morir ahogada, una sensación realmente deliciosa cuando una deja de luchar contra ella”. Quizás la aceptación del envejecimiento en sí misma sea fuente de alivio. “Qué grato es el día -observó William James, un filósofo estadounidense- cuando renunciamos a ser jóvenes o delgados.”Cualesquiera sean las causas de la curva en U, tiene consecuencias que van más allá de lo emocional. La felicidad no solo hace feliz a la gente, también la hace más sana. John Weinman, profesor de psiquiatría del King’s College de Londres, monitoreó los niveles de estrés de un grupo de voluntarios y luego les infligió pequeñas heridas. Las heridas de los sujetos con menos estrés se curaron el doble de rápido que las de los más estresados. En la Carnegie Mellon University en Pittsburgh, Sheldon Cohen infectó a personas con virus de resfrío y gripe. Descubrió que la gente más feliz es menos proclive a tener la enfermedad y muestra menos síntomas cuando contrae enfermedades. De modo que, si bien la gente mayor tiende a ser menos saludable que la más joven, su buen ánimo puede ayudar a contrarrestar su debilidad.La gente más feliz es más productiva también. Oswald y dos colegas, Eugenio Proto y Daniel Sgroi, le levantaron el ánimo a un grupo de voluntarios mostrándoles una película cómica, y luego le hicieron pruebas mentales comparando su desempeño con el de grupos que habían visto un film neutro o no habían visto cine. Los que habían visto el film gracioso tuvieron un desempeño 12% mejor. Esto lleva a dos conclusiones. Primero: si va a ser voluntario de un estudio, elija el experimento de los economistas en vez del de los psicólogos o psiquiatras. Segundo: el buen humor de los viejos debería contrarrestar la pérdida de productividad debida a la declinación de su capacidad cognitiva, perspectiva que debería ser especialmente alentadora para los lectores de The Economist (edad promedio: 47).Fuente: The Economist- La Nación.

1 comentario

  1. Guillermo Responder

    El artículo me pareció más que interesante. Estoy a dias de cumplir mis 80 años sobre la tierra. Eso hizo que me interesara aún más el contenido y la vuelta en U. Vivo en un pais donde se puede ser muy feliz, pero no te dejan. Hay que vivir la felicidad como a escondidas. Como si no tuvieses derecho a tenerla. El entorno está sumamente enfermo.Y empeorando. La inseguridad no está a la vuelta de la esquina. Está en la puerta de cada casa, en las rutas en las avenidas en los paseos, en los restaurants, en el mismo aire. No te arriesgues a mostrar tu felicidad te señalarian como insensible, ante tantos secuestros ; asesinatos en ocación de robo,y violaciones de toda índole, la iinjusticia tiene amparo, las leyes no pueden cumplirse, las cosas están al revés. Los victimarios pasan ha ser víctimas, y a los asesinados…… por algo los habrán matado. No?? En mis casi 80 he visto muchisimas cosas, y he aprendido, y sigo aprendiendo y estudiando, no pienso más en la muerte como cuando era joven. Pienso que cuando desaparezca me llevaré la eternidad de lo vivido. Y soy muy feliz a escondidas. No lo divulguen!!

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