Domingo 25 de Septiembre del 2016
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El poder de la militancia en la red


El nuevo poder.
Opinión de Fernando Ónega.

“Cobardes”, llamó Alejandro Sanz a los políticos españoles. “Censores”, replican los internautas movilizados contra la ley Sinde, que no fue ley ni fue decreto, sino un intento de camuflar una norma en el cajón de sastre de la economía sostenible. Entre esas dos calificaciones oscila el estado de opinión que suscitó el fallido asalto a la piratería en internet. Políticamente, el último fracaso que añade el gobierno a su amplia colección de fiascos. Operativamente, la constatación de una pésima gestión en la busca de acuerdos parlamentarios. Socialmente, la confirmación de la fortaleza de la red, que se constituye en auténtico poder, con influencia política nunca vista. Por tanto, la caída de la llamada ley Sinde es un hecho relevante en la vida del país.

Iniciemos el análisis por algo tan obvio, que produce rubor escribirlo: si una norma es incapaz de ganar la adhesión de un solo partido político, es una norma democráticamente inaceptable. Podrá gustar más o menos, tener mejor o peor intención, ser incluso necesaria, pero no cumple la regla básica de la democracia, que es ser aprobada por una mayoría. Como eso no ha ocurrido, la decaída ministra de Cultura debería esforzarse más en acomodarse a las posiciones de la mayoría adversa que en negociar compensaciones a CiU que no tienen nada que ver con la propiedad intelectual, ni con los derechos de autor, ni con los robos en la red. La legitimidad democrática se gana, no se compra.

Sigamos por los errores cometidos, que no se pueden juntar más en una sola decisión. Se diseñó un procedimiento de cierre de webs que suscita las peores sospechas, con un disminuido papel del juez y una intervención gubernamental que tropieza con el garantismo del resto de las nuestras leyes. Se ocultó en la ley de Economía Sostenible, cuando su lugar lógico sería la ley de Propiedad Intelectual o, si se habla de robos, en el Código Penal. No se admitieron las enmiendas razonables de la oposición, lo cual siempre es tentar al diablo. Y se cometió la torpeza final de ponerse a negociar el mismo día de la votación, sin capacidad de maniobra ni de transacción. Ha ocurrido lo que tenía que ocurrir.

Y terminemos en las consecuencias. “Ganan los piratas”, tituló un diario. Y es cierto: sin esa ley, piratear está autorizado. Debe de ser la primera vez en la historia en que la incompetencia política permite que se sigan produciendo asaltos a la propiedad y haciendo negocios con ellos. Pero no descartemos que Alejandro Sanz tenga razón cuando llama cobardes a los políticos. Anotados los fallos, los errores y la falta de cintura del Gobierno, parece también evidente que ningún partido ha querido enfrentarse (y menos en solitario) al mundo de los internautas, que demuestran una actividad, una militancia y un activismo insólitos. Nadie quiere ser cómplice de una acción contra ellos. Nadie quiere ser demonizado por este nuevo poder.

Fernando Ónega.
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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