Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Cadenas altruistas de trasplantes


Una cadena de trasplantes eterna.
España comenzará el año que viene una nueva práctica médica que lleva tres años en marcha en Estados Unidos: las cadenas altruistas de trasplante de riñón, iniciadas por un donante al que se llama buen samaritano. Este entrega su riñón de forma totalmente desinteresada. El órgano se trasplanta con la condición de que un amigo o familiar del receptor otorgue uno de sus riñones a un segundo paciente, y así sucesivamente. Fue EE UU el país pionero en esta práctica. Allí, el doctor Michael Rees y una persona con buenas intenciones comenzaron en 2007 un experimento que ha salvado ya 10 vidas y que inició una práctica médica en auge.

El 18 de julio de 2007 Matt Jones, de Michigan, inició la cadena. Viajó 3.000 kilómetros, hasta Arizona, para entrar a un quirófano y someterse a una operación de cinco horas, con un postoperatorio de un mes, por pura buena voluntad. Le regaló un riñón a Barb, una desconocida. Padre de cinco hijos, de 31 años, Matt siempre quiso hacer algo semejante. Pensó que podía vivir perfectamente con un riñón y que, con el que le sobraba, podía salvar una vida. En su familia nadie necesitaba uno, así que decidió buscar a un receptor. Acudió a un centro de trasplantes de Nueva York, donde no encontró a paciente alguno compatible con su serología.

En aquel centro neoyorquino le recomendaron que contactara con el urólogo Michael Rees, una eminencia en trasplantes que lidera la Alianza para la Donación en Pares en Toledo, Ohio. Ese tipo de donación cruzada en pares la protagonizan dos parejas de donante y receptor que son incompatibles entre sí. Es un caso habitual: muchas personas no pueden donar riñones a sus familiares o allegados por incompatibilidades en la sangre o porque el receptor ha generado anticuerpos a las proteínas que recubren las células del donante. De ese modo, se busca a las dos parejas, en la que el donante de una familia es compatible con el receptor de la otra y viceversa.

“Pensé que igual podía inscribirme sin receptor. Solo donar mi riñón y que eso le ayudara a una familia. Pero entonces el doctor Rees me habló de una idea suya, de una cadena de buena voluntad que podría seguir para siempre. Me pareció una idea fantástica”, explica Matt a EL PAÍS. “Si mi riñón podía salvar una vida, eso era un motivo de felicidad suficiente para mí”. Matt niega ser un héroe, pero para los receptores de riñones en esta cadena, lo es. También para sus hijos. Los más mayores entienden lo que ha hecho, las vidas que la cadena que él inició ha salvado, y ese es un ejemplo que tendrán presente de por vida.

Desde luego, si hay alguien para quien Matt es un héroe, es para Barb y Ron Bunnell, pareja residente en Phoenix, Arizona. A Barb le habían diagnosticado una enfermedad poliquística renal en su treintena. Por dolencias similares, su abuela había fallecido a los 56 años. Su madre murió por causas parecidas a los 57. En 2007 ella tenía 53. Contemplaba con nerviosismo tres, cuatro o cinco años más de vida en diálisis, sufriendo, sin poder viajar hasta Chicago, donde viven algunos de sus nietos.

Ron y Barb tenían el mismo grupo sanguíneo y eran, en teoría, compatibles. Pero, según les dijeron en un centro hospitalario de Arizona tras someterse a unas pruebas, Barb había desarrollado anticuerpos contra las células de Ron durante el embarazo de sus dos hijos. Entonces acudieron al centro del doctor Rees, que un día les llamó con las noticias de que Matt, un donante de Michigan, era compatible con Barb. La única anomalía: “Él no necesita el riñón de Ron. No tiene familiar alguno que requiera un trasplante”, dijo el doctor Rees. “Lo que haremos es establecer una cadena. Ron donará su riñón a otra persona”.

Entonces les explicó la idea de la cadena eterna. En muchas ocasiones, los trasplantes cruzados suceden simultáneamente, para evitar que el familiar del primer receptor falte a su palabra de donar posteriormente su riñón después de que se haya producido la operación inicial. Rees debía conocer en persona a Ron para evaluar si era una persona de la que podía fiarse para ese tipo de experimento. El matrimonio viajó a Ohio aquel verano de 2007, cenaron con el doctor y conocieron a la que sería la receptora del riñón, Angela Heckman, de 34 años, que estaba en diálisis desde hacía más de una década y que había estado a punto de fallecer en dos ocasiones.

Ron, una persona apacible que habla de su mujer con verdadera devoción, convenció al doctor en seguida. Este dio el visto bueno a la operación inicial. Matt viajó a Phoenix el 18 de julio de 2007. Los Bunnell y él se conocieron en la recepción de un hotel. “Inmediatamente, sin mediar palabra, nos pusimos a llorar”, rememora Ron. “Fue muy emotivo. Allí estaba alguien que, porque sí, le iba a salvar la vida a mi mujer”. Ocho días después, con su mujer en el postoperatorio, él hizo lo mismo por Angela: viajó a Toledo, Ohio, para someterse a la misma operación.

Angela se confiesa feliz de tener el riñón de Ron. “Sobre todo porque no lo recibí de una lista de espera de las que los donantes son personas que han fallecido. Tengo el riñón de alguien vivo”, explica, emocionada. “Al principio estaba atónita, no me lo creía. Mi madre no me podía dar su riñón, y pensé que seguiría en diálisis para siempre. Luego me sentí afortunada, como si la coincidencia hubiera jugado a mi favor: estuve en el lugar adecuado y en el momento adecuado”. Desde que comenzó su nueva vida, Angela se ha matriculado en la universidad, donde estudia para ser técnico de ultrasonidos.

La madre de Angela, Laurie, de 54 años, quería donar pero era también incompatible con su hija, así que se comprometió a donar a su riñón a Cecilia Jasienski que tenía entonces 71 años. La hija de esta, de 42 años, donó a un paciente de 41, y así hasta 10 operaciones que abarcan gran parte de la geografía del país, con personas de todo tipo de razas y extracciones sociales, de entre 29 y 71 años, salvándose las vidas unos a otros. La hija de la última receptora, Heleena McKinney, de 32 años, es del grupo sanguíneo AB y desde marzo de 2008 se está buscando un paciente que sea compatible con ella.

En EE UU hay 88.000 personas en listas de espera para recibir riñones. Desde que Rees y su equipo iniciaron la cadena original, ya han establecido otras 10 que siguen en marcha, con un historial de 25 operaciones. Nadie, en ninguna de ellas, ha traicionado su promesa de donar un riñón posteriormente a que lo recibiera su familiar o allegado.

Rees ha creado un movimiento nacional, que incluso ha sido reconocido por el Congreso federal con una ley, aprobada en 2007, que establece que el intercambio de riñones no viola las normas imperantes contra tráfico de órganos.

David Alandete
Publicado en: El País

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