Viernes 30 de Septiembre del 2016
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1001 libros infantiles que hay que leer y ser feliz


La autora británica Julia Eccleshare ha reunido 1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer. Relatos de todos los tiempos, clásicos de Andersen o los hermanos Grimm y, entre los españoles, historias de Elvira Lindo, Laura Gallego, Bernardo Atxaga y Gustavo Martín Garzo.
Hubo una vez una vaca, que atendía al nombre de Mo, que no se gustaba a sí misma. Érase una vez un niño que soñaba en su barrio de Carabanchel.
Había una vez un bosquecillo mágico, lleno de sorpresas, miedos y misterios. Y una isla poblada de pájaros y un príncipe que se convertía en mendigo. Y también un elefante que viajaba de la selva a la ciudad. Érase una vez un lugar habitado por hadas, fantasmas y monstruos. Cuentos para todos los gustos.

Historias y más historias que han poblado los sueños de los niños y también de los adultos, y que han sido seleccionadas por la editora y escritora infantil británica Julia Eccleshare en 1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer (Grijalbo Ilustrados). La obra incluye referencias de autores del mundo entero, desde los clásicos de Andersen o los hermanos Grimm a los últimos cuentos con historias de hoy mismo, con sus correspondientes ilustraciones, en un repaso pormenorizado por los mejores relatos para niños de todos los tiempos, aquellos que han cautivado a generaciones y generaciones y que siguen resistiendo el paso de los años.

“El objetivo del libro ha sido el de crear una guía con las mejores obras, tanto clásicas como contemporáneas, dirigidas a niños de todas las edades y a través de todo el mundo”, asegura, vía correo electrónico, Julia Eccleshare. La selección de los autores y los cuentos de 1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer se ha realizado, explica Eccleshare, siguiendo las recomendaciones de críticos, escritores, libreros, académicos y profesores, además de tener en cuenta aquellos títulos que han obtenido grandes premios.

“Regresar a ese pasado, visitar de nuevo los clásicos nacionales e internacionales ha sido toda una lección sobre los cambios históricos, culturales y también literarios”, asegura la también editora infantil del periódico The Guardian. Las reseñas de las obras elegidas, divididas por edades (desde 0 años hasta más de 12), se acompañan de dibujos y, en algunos casos, de las cubiertas originales de las primeras ediciones. Entre los autores elegidos figuran nombres como Roald Dahl, Isabel Allende, Italo Calvino, Louisa May Alcott, C. S. Lewis, Astrid Lindgren, Antonio Skármeta, Bernardo Atxaga, Elvira Lindo o Gustavo Martín Garzo. Libros que van desde los cuentos populares chinos, 200 años antes de Cristo, de autor desconocido, a clásicos como Pinocho o Los tres cerditos, finalizando en éxitos de ayer mismo, como Memorias de Idhún: la Resistencia, obra de Laura Gallego publicada en 2004. Tan importante como las historias son los dibujos que las acompañan. En muchas ocasiones es el propio autor de la historia el que realza también los dibujos, caso de Antoine de Saint-Exupéry y su Principito, Astrid Lindgren y Pippi Calzaslargas o la española Roser Capdevila con sus famosas Tres mellizas. Otras veces es otro el que pone rostro a los relatos del autor, como Quentin Blake, colaborador habitual de Roald Dahl.

Un trabajo largo y pormenorizado que ha contado en cada país con expertos en literatura infantil y juvenil. En el caso de España, esta tarea ha recaído en Estrella Borrego, cordobesa afincada en Barcelona, quien ha escrito los textos de presentación de la casi treintena de cuentos españoles elegidos. Borrego echa de menos algunos títulos más en español, aunque lo comprende por la gran tradición que tiene la literatura infantil en los países anglosajones, que han editado miles y miles de cuentos fundamentales a lo largo de la historia. “El libro es una joya para quien le guste la literatura infantil y juvenil, también para padres y profesores que buscan fomentar la lectura entre los niños”, cuenta Borrego, que destaca la recuperación de algunos títulos difíciles de encontrar y de ilustraciones clásicas ya algo olvidadas. “Es estupendo ver el dibujo real de Heidi, tan alejado de la imagen de dibujos animados japoneses que tenemos hoy tan presente”, añade Borrego, para quien la literatura infantil está de moda: “Es un tema recurrente en tiempos de crisis”.

Moda o crisis, lo que está claro es que, según datos del Anuario de la Fundación SM, esta literatura no se ha visto afectada de manera tan radical por la crisis económica como el resto del sector del libro. Además del continuo ascenso del número de títulos editados (en 2009 el consumo en literatura infantil y juvenil creció en volumen -11,9%- y en valor -11,4%-, casi el triple que el total del sector del libro con respecto al año anterior), uno de los mensajes más positivos, aportados por este estudio, es ver cómo el número de títulos en circulación mantiene su tendencia alcista de los últimos seis años.

Parece pues que son momentos para la imaginación y la creatividad. Sin olvidar, por supuesto, el humor, ese registro que los autores consideran imprescindible a la hora de escribir para niños o adolescentes. Es el caso de Bernardo Atxaga, cuyo libro Memorias de una vaca forma parte de la selección de 1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer. “Se trata seguramente del libro más alejado de mi propia biografía, el más separado de mí. Aunque se cuentan cosas duras hay también mucho humor”, explica el autor vasco, que recuerda la absoluta felicidad con la que abordó la escritura de ese cuento. “Quizás ha sido el libro que más felizmente he hecho. Fue un verano en París. Lo escribí a mano y en apenas 23 días. Nunca he vuelto a escribir nada en ese tiempo, ni siquiera relatos más cortos. Tiene muchas referencias de París, como los anuncios de la marca de quesitos La vache qui rit que inundaban entonces las calles de la ciudad. Como lo hice a mano solo tenía un original y me entró pavor de perderlo, así que me fui a un comercio con fotocopiadoras y allí me esperé a que, delante de mí, me hicieran las copias. Luego las mandé por correo y me quedé tan tranquilo”, cuenta Atxaga.

Y si a Atxaga le embargó la felicidad, con cruasanes y bistrós parisienses incluidos, Elvira Lindo supo cuando escribió Manolito Gafotas, otro de los cuentos seleccionados, lo que era el valor de la ficción. “Recuerdo la época en la que visitaba colegios, cuando ya llevaba tres o cuatro libros: era recibida como una heroína por los pequeños. Me daban besos, algunos lloraban de emoción y muchos creían que Manolito vivía de verdad. Fue muy emocionante”, explica desde Guadalajara (México) la escritora madrileña. Casi igual a lo vivido por Roser Capdevila, autora de Las tres mellizas, pero en casa propia. Esta autora catalana, que llevó a la literatura las aventuras de sus tres hijas mellizas -ahora ya con 40 años- echa de menos aquella época de absoluta creación. “Me hacían tan feliz esos libros y esos personajes que me inspiraban los vecinos de mi barrio o mis propias profesoras de la infancia”, recuerda Capdevila, una mujer que creció entre los cuentos orales que le contaba su abuela: Cenicienta, El gato con botas o Blancanieves.

También hay hueco en 1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer para la más absoluta de las fantasías. Es el caso de Tres cuentos de hadas, de Gustavo Martín Garzo. Un hada caprichosa, algo frívola y olvidadiza, que es todo un homenaje a los cuentos de Andersen o de los hermanos Grimm. Un mundo fantástico que, según su autor, no se aparta de la realidad. “Al contrario, nos permiten adentrarnos en sus zonas más misteriosas y ocultas. Los seres fantásticos que pueblan los cuentos de hadas son un símbolo de todo lo que de prodigioso hay en la vida. Late en ellos la idea de la vida como un don, de que hay que perseguir la felicidad. Toda la literatura fantástica habla de la búsqueda del paraíso”, explica Martín Garzo, para quien en estos cuentos de la infancia es donde se encuentran las primeras palabras, las que te enseñan a mirar y te llevan a las grandes preguntas de la existencia. “Si la vida tiene sentido, qué es el amor, por qué existen la injusticia y el dolor, por qué tenemos que morir

… Luego no hacemos sino dar vueltas a esas historias inolvidables una y otra vez”.

Ya lo advirtió el británico C. S. Lewis hace un montón de tiempo. “No hay libro que merezca la pena leer a los diez años que no sea digno de leer a los cincuenta”, dejó escrito el autor de Las crónicas de Narnia. Una opinión que es compartida por Julia Eccleshare -”lo que leemos en la infancia permanece siempre en nuestra memoria”- y que ha serpenteado en la selección de los 1.001 libros. Como Bernardo Atxaga, que solo recuerda los tebeos de su época de infancia, pero tiene bien presente un libro que le regalaron en su adolescencia: Los papeles póstumos del Club Pickwick, de Charles Dickens, además de toda la obra de Baroja o Las mil mejores novelas policiacas, en una edición con papel biblia.

Y si hay un título que más que marcar le incitó a leer y escribir a Elvira Lindo fue Mujercitas. “A mí los libros me ayudaron a tener un mundo independiente dentro de una familia numerosa y me despertaron el deseo de ser adulta”, señala la autora, que recita toda una larga serie de títulos que ella guarda en un lugar de honor: Huckleberry Finn o Corazón, que le introdujeron en la literatura realista, Zapatos de fuego, sandalias de viento, un clásico alemán que recomienda vivamente y, por supuesto, toda la serie de los Cinco, los Siete, Guillermo Brown o Tintín.

“A Osito Pardo le encanta ser pequeño. ¡Pero a veces le gustaría ser grande de repente!”. “Ella conducía el camión como podía, esquivando tocones y madrigueras de conejo”. “Brunilda vivía… con su gato Bruno. Él era negro. Y así empezaron los problemas”. Son trozos de cuentos, de fantasía, magia, humor, realidad, misterio, miedo. “Todos los libros para niños y jóvenes necesitan una fuerte historia con un argumento que consiga mantener su atención. Un narrador con voz clara en el relato hace que el lector entre de pleno en su mundo y disfrute con él. No pueden faltar ni la imaginación ni el humor”, recomienda Julia Eccleshare. Una recomendación que cruza fronteras y edades, que viaja desde el valle de Balanzateghui, donde pasta la vaca Mo, hasta la inmensidad del mar donde el Corsario Negro se bate con los piratas. Mientras Pinocho, ese muñeco de madera, sueña con ser de carne y hueso.

1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer. Selección realizada por Julia Eccleshare. Prólogo e ilustraciones de Quentin Blake, entre otros. Traducción de Ferran Alaminos, Estrella Borrego, Ana Guelbenzu, Fernando Emilio Nápoles e Israel Ortega. Grijalbo Ilustrados. Barcelona, 2010. 960 páginas. 35 euros.

Rocío García
Publicado en: Babelia-El País

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