Martes 27 de Septiembre del 2016
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Europa y el islam: una relación fructífera


Europa y el islam: un vals en cinco tiempos.
A veces las falsas ideas son las más extendidas; desde la Edad Media, cada una de las generaciones europeas ha imaginado al islam como un fenómeno nuevo y agresivo, fanático, expansivo… Pero no todos sus antecedentes tienen forma de conquista. Europa y el islam, panorama en cinco etapas de una relación fructífera.

1- Las alianzas históricas
Entre la civilización musulmana y el “viejo continente”, los vínculos son antiguos. El mejor amigo de Harún al-Rashid, califa de Bagdad en el siglo IX, no era otro que el emperador europeo Carlomagno, a quien regaló un suntuoso elefante de márfil que atravesó escoltado gran parte de Europa. En el siglo XII, Federico II del Sacro Imperio encabeza la sexta cruzada, y no derramará gota de sangre alguna; al contrario, este príncipe arabófono incluso estrechará lazos de amistad con el sultán Malik Al-Kamel tras un acuerdo de paz. Más adelante, el tratado de las Capitulaciones firmado por el rey Francisco I y Solimán el Magnífico permitió que los cristianos ejercieran libremente el comercio en territorio musulmán, mientras 30.000 marinos del sultán permanecieron en Tolón para proteger a Francia de las otras potencias europeas.

2 – La Europa otomana
11 de los 27 países de la actual Unión Europea tienen un pasado musulmán, arabo-bereber, omeya o turco-otomano. Históricamente, entre un cuarto y un tercio del continente europeo estuvo bajo dominación del Imperio otomano; fue éste una potencia europea, partícipe de alianzas y rivalidades continuas a merced de la situación geopolítica del momento. Con la introducción de la noción de progreso, en el siglo XVIII, el islam deviene objeto de fértiles comparaciones, de las que ciertos rasgos sirven incluso de paradigma: de los turcos se alaba la justicia y la organización militar, a los árabes se les otorgan cualidades morales. En territorio otomano, las distintas confesiones religiosas viven pacíficamente, y, en Toledo, Santa María la Blanca sirve de mezquita el viernes, de sinagoga el sábado y de iglesia el domingo. De las conversiones, voluntarias en parte, resultan en los Balcanes las comunidades musulmanas de Bosnia y de Albania, que perduran hasta hoy.

3 – Esos “trabajadores invitados” que Europa reclama
Tras las dos guerras mundiales (en las que también combatieron molucos holandeses, franceses musulmanes, marroquíes de la armada española, eritreos en Italia…) la presencia de musulmanes aumenta. Europa necesita mano de obra: argelinos en Francia, marroquíes en Bélgica, turcos en Alemania… Estos “trabajadores invitados”, que a menudo han llegado solos, practican sin dificultad un islam discreto. Los años 1970-80 dejan ver una petición de sus fieles: las mezquitas aparecen en las fábricas. Las conversiones se hacen más numerosas, intelectuales incluidos: el coreógrafo franco-suizo Maurice Béjard se une al movimiento místico sufí. Recientemente ha aparecido un nuevo islam juvenil que reclama estructuras y reconocimiento, y a la par asistimos a la tímida creación de órganos representativos como la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), Conseil français du Culte Musulman (Consejo francés de Culto musulmán), la Zentralrat del Muslime (ZDM), o el British Muslim Council (Consejo musulmán británico), para dialogar con los respectivos gobiernos.

4 – La imaginación de occidente se deja llevar por oriente
“Las mil y una noches”, edición rumana de 1961 | ¿Qué niño europeo no se durmió alguna vez pensando en las Mil y Una Noches?
La presencia musulmana en Europa no se limita a un legado arquitectónico. A partir del siglo XVI, los relatos de viajes son auténticos best-sellers que alimentan la curiosidad y el gusto de los lectores por un orientalismo incipiente. Abundan traducciones y apropiaciones que hacen de la literatura oriental un elemento del romanticismo. Scheherezade y Las mil y una noches están de moda y en las artes decorativas las turquerías causan furor.

Gerberto de Aurillac, futuro papa Silvestre II, pone de moda a un autor griego descubierto en manuscritos árabes (un tal Aristóteles) y extiende también todos los avances de la ciencia musulmana: la astronomía (algunas constelaciones siguen llevando nombres árabes), y sobre todo el álgebra. La cifra cero es una idea nueva en Europa, como el gusano de seda y la cerámica que nos legan los moriscos andalusíes. Andalucía, musulmana durante casi diez siglos, hace alarde de la Alhambra de Granada y del monumental palacio de Carlos V. Antes de exhibir el barroco católico, la mezquita-catedral de Córdoba lució un minarete omeya, así como la basílica de Santa Sofía en Constantinopla estaba llamada a convertirse en mezquita de Estambul. Y no es casualidad si Fátima, hija de Mahoma y mater dolorosa para los chiítas, sea también uno de los lugares santos en Portugal para los católicos.

5 – Placeres físicos y espirituales
Aunque en otra época y lejos de aquí, “servía para dar a los soldados el anticipo del paraíso”
La herencia del islam a veces se encuentra en lugares inesperados. Dice la leyenda que un pastelero vienés habría creado el cruasán, la célebre confitura, para celebrar el fin del sitio de Viena por las tropas otomanas. Antes de ser un homicida, el asesino (assassin, assassino; presente en un buen número de lenguas europeas) era un “fumador de hachís” (hachachin) en una época en la que el cannabis servía para dar a los soldados un anticipo del paraíso…

Lejos de ser exhaustiva, esta rápida ojeada muestra que es imposible pensar Europa y el islam en oposición: esto sería como olvidar una gran parte de España, la mitad de los Balcanes y una larga página de la historia. Sería olvidar que más de 15 millones de musulmanes son hoy en día ciudadanos de la Unión Europea. El islam y Europa comparten cultura. ¡Ni hablar de rechazo a una parte de uno mismo! Mientras tanto, el eterno vecino otomano, rebautizado como la “cuestión turca”, sigue sin andar lejos.

Fabien Champion
Publicado en: Análisis-Cafe Babel

POR FABIEN CHAMPION

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