Sábado 01 de Octubre del 2016
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La energía verde necesita una lógica competitiva


Europa se vuelve verde.La crisis ha permitido reducir las emisiones de CO2, pero también socava los fundamentos de la “economía ecológica” al estilo europeo. Al poner en tela de juicio las subvenciones destinadas las tecnologías menos competentes, este choque puede resultar favorable para el desarrollo del sector.El 12 de octubre de 2010, la Agencia Europa del Medio Ambiente advertía lo siguiente: “Un nuevo informe demuestra que, gracias a la importante reducción de las emisiones de CO2 en 2008 y 2009, la Unión Europea de los Quince logró e incluso superó el objetivo del protocolo de Kioto, es decir, una reducción del 8% de las emisiones de CO2.” Este informe demuestra además que “la Unión Europea de los Veintisiete se encuentra por el buen camino para llegar, de aquí a 2020, al objetivo de la reducción del 20%”. Según este estudio, en 2009 la producción de CO2 fue un 6,9% inferior con respecto a 2008: se trata de la disminución más importante desde que se controlan las emisiones de gases carbónicos.Todo el mundo coincide en que la principal causa de este descenso ha sido la crisis económica. No obstante, sorprende el optimismo de este informe, que vuelve a mencionarse en un comunicado de la Comisión Europea del 26 de mayo de 2010: “El hecho de que nos aproximáramos a este objetivo del 20%, al contrario de lo que podía pensarse en 2008, tiene un efecto evidente de arrastre sobre el desafío que hemos planteado de llegar a una reducción del 30%”.Sin embargo, estas palabras prudentes ocultan una lógica rigurosa. Los primeros esbozos del informe hablaban del impacto de la crisis económica sobre las emisiones de CO2 con un tono claramente entusiasta, lo que provocó una gran resistencia incluso en los medios tradicionalmente favorables al intervencionismo ecológico europeo.Por ejemplo, en un documento interno del BDA, la patronal alemana, se puede leer lo siguiente: “El menor crecimiento económico no debería emplearse como instrumento de protección del clima”. Las organizaciones industriales de los demás países europeos han adoptado posiciones parecidas, incluso más contundentes.Descenso en la demandaLa publicación del informe definitivo ha provocado un clamor de protesta, sobre todo en Business Europe (la confederación de industriales europeos) y Eurelectric (la asociación de la industria eléctrica). Por primera vez, los dos accionistas mayoritarios del ejecutivo de la Unión Europea, es decir, Francia y Alemania, han marcado las distancias a través de una declaración conjunta de sus respectivos ministros de Industria. Sin embargo, parece que el opositor más rotundo al proyecto es el responsable europeo de Industria, el alemán Gunther Oettinger.La gestión de la problemática sobre el clima se confió a la danesa Connie Hedegaard, que desde 2009, fecha de la renovación de la Comisión, dirige la Dirección general sobre el clima, creada especialmente por ella. Connie Hedegaard es considerada una “extremista”. Muchos la consideran la “madrina” de la cumbre de Copenhague [COP15], ideada en principio como celebración de la beatificación ecológica de Barack Obama, pero que resultó ser un auténtico fiasco, pues los principales participantes, es decir, Estados Unidos, India y China, rechazaron un compromiso vinculante después de Kioto.La crisis ha cortado la rama del árbol en la que se asentaba la industria ecológica europea. Pero sobre todo ha descendido la demanda: ya no es una necesidad crear nuevas capacidades productivas. Se estima que la demanda de energías primarias en la UE se ha reducido un 3,4% entre 2005 y 2010; hoy se sabe que se volverán a los índices de antes de la crisis después de 2020. Según la Comisión Europea, el aumento del consumo total entre 2015 y 2030 apenas llegará al cuatro por ciento; este valor será incluso inferior al seis por ciento con respecto a las previsiones de 2007.Por otro lado, el acceso al crédito es más difícil para todos los europeos. Este fenómeno es especialmente perjudicial para las industrias con altos capitales, que se caracterizan por registrar costes fijos importantes y pocos costes variables, como es el caso de las nuevas energías renovables. Por lo tanto, es más complicado reunir el capital para crear instalaciones y casi imposible destinar estos capitales a la investigación y al desarrollo.Lo mejor es ser ecológicos y ricosCasi todos los países europeos han reducido la cantidad de sus subvenciones. En Italia, el gobierno ha recortado los gastos energéticos para el sector fotovoltaico una media del 20%. En España, se habla abiertamente de la “burbuja solar”, desde que la reducción de las subvenciones llegó en ciertos casos al 45% del valor de las instalaciones y provocó el cierre de grandes instalaciones de producción de paneles solares. Incluso Alemania ha ido reduciendo paulatinamente sus subvenciones: primero un 3%, luego, en enero de 2010, un 13% y por último, un 21% a partir de 2012. Por su parte, Gran Bretaña ha anunciado una reducción del diez por ciento a partir de 2013.Sin embargo, este cambio de rumbo revela cuestiones más profundas, que no dependen únicamente de la coyuntura económica. A nadie le extraña que ciertos países, como Alemania, España y Dinamarca, examinen la política medioambiental a través del prisma de la política industrial: queremos ser ecológicos, pero mejor aún si somos a la vez ecológicos y ricos. Sin embargo, esta experiencia fracasó. En el mejor de los casos, la riqueza se transfirió, no se creó y probablemente, esta transferencia acabe por destruirla.Si bien al principio Europa era líder mundial en tecnología ecológica, hoy no se puede decir lo mismo. Los productores chinos han llegado con una política comercial agresiva que, por una parte, ha reducido los costes de producción al aumentar los márgenes de una forma desmesurada y por otro lado, ha implicado el desplazamiento de la renta ecológica más allá de las fronteras europeas. Entretanto, en Europa las fábricas cierran sus puertas, mientras que la producción de paneles solares en China, alimentada fundamentalmente con nuestras subvenciones, aumentará un 50% en 2010. ¿Qué queda de todo esto aparte de los vestigios de una bonita ilusión?La energía limpia debe adoptar una lógica competitivaEuropa se deja arrastrar en parte por la inercia ideológica: en la cumbre de Cancún sobre el cambio climático [COP16/CMP6], dará un golpe en la mesa y proclamará ante el resto del mundo sus virtudes. Pero, analizando la situación, existe una corriente europea realista que obliga a elaborar nuevos objetivos y nuevas estrategias, ante la constatación de que todas las fuentes de energía no son iguales y no todas merecen que se impulsen con gastos desproporcionados.Las energías ecológicas deben reaccionar ante las señales del mercado y adecuarse a una demanda más estructurada. Por ejemplo, se pueden replantear las subvenciones a los biocarburantes, recompensando las tecnologías que saben producirlos a precios competitivos y explotan terrenos marginales. Además, es probable que la energía eólica deba limitarse a zonas con viento, renunciando así a la pretensión de instalar aerogeneradores que sólo funcionen entre 1.000 o 1.500 horas al año.Si se reduce la distancia entre las energías tradicionales y las denominadas limpias, resulta menos costoso y socialmente más aceptable seguir una serie de objetivos extra-económicos. Sin embargo, es necesario dejar el modelo intervencionista que ha definido hasta ahora el concepto europeo, con una planificación de los precios y de las cantidades de la energía producida, para adoptar una lógica competitiva, en la que se fomenten las fuentes de energía que no emitan CO2 (por ejemplo, penalizando a las demás con
un impuesto sobre emisiones de carbono). No obstante, el hecho de emitir poco CO2, o incluso nada en absoluto, no es una garantía de supervivencia. Puede parecer paradójico, pero el final del dinero fácil puede transformar la oruga verde en una mariposa renovable.Carlo StagnaroPublicado en Il Foglio Milán-Presseurop

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