Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Superar la adversidad


Lo que de verdad importa.
Tres testimonios explican a los jóvenes cómo superar la adversidad: con responsabilidad, inteligencia y capacidad para dar sentido a lo que se hace.
Dicen los psicólogos que los tiempos de bonanza han minado la capacidad de los individuos, sobre todo de las generaciones jóvenes, de encajar los golpes que da la vida, a consecuencia de la limitada tolerancia a la frustración. Existe una capacidad para enfrentarse a las adversidades, que algunos llevan dentro, mientras que otros deben aprenderlo. Es lo que llaman resiliencia, una realidad que ponen de manifiesto los testimonios de los participantes.

Dos adolescentes grafiteros, chándal y D tejanos en ristre, suben al escenario y al ritmo de una música imposible dibujan el lema del congreso: “Lo que de verdad importa”. La idea original de Lo que de verdad importa nació hace cuatro años, cuando llegó a manos de María Franco – fundadora de la empresa social Además Proyectos Solidarios-What really matters,el diario personal donde Nicholas Forstmann, enfermo de cáncer, dejó escritas para sus hijos sus últimas reflexiones sobre las cosas que “de verdad” importan en la vida.

La adversidad no es sólo patrimonio de los más mayores. Hay jóvenes a quienes la vida les pone un día ante retos difíciles. Obligados a enfrentarse a circunstancias muy distintas de las de sus colegas de escuela o compañeros de trabajo, o se hunden o resurgen. Con esa filosofía se gestó el encuentro organizado por Además Proyectos Solidarios. Tras la introducción de su presidente de honor, Leopoldo Abadía, presentaban ayer sus ponencias en el auditorio AXA de Barcelona, tres personas que podían aportar claves: el actor con síndrome de Down Pablo Pineda, William Rodríguez – superviviente del 11-S-y Bosco Gutiérrez, que estuvo secuestrado durante nueve meses en un zulo de menos de tres metros cuadrados. Cada uno de ellos relató su experiencia y su particular fórmula para superar las contrariedades. Pablo Pineda, conocido por ser protagonista de la película Yo, también – por la que obtuvo la Concha de Plata, es el primer europeo con síndrome de Down que obtuvo un título universitario. Ha cursado dos carreras – Magisterio y Psicopedagogía-y defiende la inclusión de todos los colectivos dentro de la sociedad, normalizar antes que crear guetos.

“Desde que nací mis padres tuvieron algunas ideas muy claras. Para empezar yo era, primero, su hijo – alguien a quien educar-y no un “pobre síndrome de Down” al que cuidar. Después me inculcaron un par de cositas más – explica Pineda-,como que uno es capaz de hacer las cosas si se lo cree. ¡Y vaya si me lo creí! Nunca hay que caer en la tentación de la superprotección, jamás, eso es lo peor que pueden hacernos. La soledad te la tienes que comer solo. Y luego, lo de siempre: constancia e inconformismo. Nunca te quedes con lo que ya sabes”. La ponencia de Pablo Pineda acabó con un aplauso cerrado y el público en pie.

William Rodríguez, superviviente de la Torre Norte del Worl Trade Center, fue el último en salir del edificio antes del derrumbe aquel 11 de septiembre del 2001. Aquel día llegó tarde a su trabajo – la limpieza de las escaleras-,lo que le salvó la vida y le permitió quedarse a ayudar a los bomberos a rescatar a otras personas.

En aquella época William acababa de cumplir los cuarenta y creía que era feliz: “Mi vida antes del 11 de septiembre era vacía – pero eso lo sé ahora-,sin ningún tipo de dirección. Imagine vivir la juventud en Nueva York, ir de fiesta en fiesta sin ninguna preocupación”. Llega el día del desastre y su vida da un vuelco que él define como metamorfosis interna,espiritual. “Empezó desde que me sacan de los escombros. Y se afianza cuando me doy cuenta de que he perdido doscientos amigos, compañeros, algo que te obliga a replantearte qué es importante en la vida”.

Cree que cada uno llega al mundo con un propósito escrito, “y es obligación de cada uno conocer cuáles son sus facultades para desarrollarlas al máximo a su alrededor. A mí me quedó claro ese día infernal cuál era mi destino”. Actualmente, William Rodríguez es presidente de la Asociación de las Víctimas Hispanas del Terrorismo, la más importante de Estados Unidos.

El prestigioso arquitecto mexicano Bosco Gutiérrez Cortina permaneció secuestrado más de nueve meses en un zulo de un metro por tres, desnudo la mitad del tiempo. Así lo interpretaría después: “Yo entiendo mi secuestro como si Dios me hubiera dicho: no te puedo volver a meter en el vientre de tu madre, pero te voy a meter nueve meses en un cuartito para que con tu inteligencia y tu memoria decidas cómo vas a vivir tu segunda oportunidad. Entendí con todo mi ser que mi tesoro es mi gente y no mi trabajo o mi cuenta bancaria. En el zulo lo hubiera dado todo por abrazar un minuto a uno de mis hijos. Desde entonces valoro a la gente por sus cosas positivas y no por sus errores”.

Tenía entonces 33 años “y estaba en mi plenitud física y mental, era aficionado a correr maratones”. Nunca te das cuenta, dice, de lo que tus padres han puesto en ti, de valores, “muchas veces los padres pensamos que nuestras palabras caen en saco roto. No es cierto. Todo ese cultivo sale del archivo cuando la vida te pone en una encrucijada. Muchos de los argumentos que me hicieron a mí resistir eran los mismos que oí en casa hasta la saciedad”.

Una de esas columnas donde agarrarse, en el caso de Bosco, fue la fe. “La tienes en stand by hasta que surge y entonces es fundamental. Es el punto de inflexión: tienes que escoger entre la desesperanza o la fe”. ¿Tan determinante es ante un problema? “Creer o no creer es tan determinante como la píldora de Matrix: o te tomas la roja o te tomas la azul, pero hay consecuencias drásticas en ello. En un momento de tu vida tienes que decidir y obrar en consecuencia”, relata Bosco.

Al principio del secuestro tiró la toalla. “Es muy aguda la depresión, pero, como diría un amigo, la inteligencia es la rapidez de adaptarte a las circunstancias. Tal vez. Yo me desesperé, me tiraba al suelo, me moría…, y entonces pensé en toda la gente que dejaba yo atrás si me dejaba vencer, y me levanté”. Una experiencia tan fuerte como la suya, advierte, no te inmuniza para futuros obstáculos: “Tienes que estar siempre alerta”.

Las previsiones apuntaban una asistencia de mil jóvenes, cifra que se rebasó. El congreso, que definen sus organizadores como apolítico y aconfesional, está recorriendo las principales ciudades españolas dando a conocer a muchos jóvenes testimonios impactantes que les ayuden a construir su propia escala de valores ya responsabilizarse en momentos claves de su vida. Preguntarse: “Además de hacer lo que debo, ¿doy sentido a lo que hago?”.

Núria Escur
Publicado en: La Vanguardia

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