Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Solidaridad y crisis


La solidaridad ciudadana resiste.Las oenegés intensifican sus campañas para captar socios y buscan nuevas formas de financiación.La lucha contra la evasión de impuestos y la erradicación de los paraísos fiscales es uno de los grandes retos que persiguen las oenegés para reducir el número de hambrientos.El año no podía empezar peor. El terremoto de Haití sesgó más de 200.000 vidas y ponía a prueba la solidaridad internacional. El ciudadano deapie respondió y oenegés como Médicos sin Fronteras (MSF) recaudaban cifras históricas, en concreto, 8,5 millones de euros frente a los 560.000 euros ingresados por el tsunami. La generosa respuesta desbordó todas las previsiones y a la vez planteó el reto que aflora siempre que estalla un desastre: ¿cómo animar al donante ocasional a que se comprometa a satisfacer periódicamente una cuota? España es uno los países con un índice más bajo de donantes: sólo el 11% de la población colabora económicamente con alguna oenegé, frente al 56% de Gran Bretaña o el 90% de Estados Unidos, según el último estudio de la Asociación Española de Fundraising. Pero cuando se produce una emergencia como la de Haití o el tsunami, esta cifra puede alcanzar el 18%.Las oenegés de Cooperación al Desarrollo temen inminentes recortes de las ayudas que les llegan de las administraciones, una amenaza que preocupa especialmente a aquellas entidades cuyos presupuestos están supeditados en buena medida a los recursos públicos. “El objetivo es la pluralidad de la financiación, que una oenegé no dependa en más del 50% de una sola fuente. Eso permite que sean más independientes y que si una vía de financiación falla, no caigan en picado sus ingresos”, sostiene Patricia de Roda, directora general de la Fundación Lealtad, institución sin ánimo de lucro que fomenta la transparencia de las oenegés.Si una oenegé tiene una sólida base de socios, es más fácil sobrevivir en épocas de crisis. Por eso estas organizaciones se enfrentan al desafío de ganarse la complicidad del ciudadano y lograr que colabore de manera estable, no sólo cuando se produce una catástrofe. “Los españoles todavía no estamos concienciados de la labor de las oenegés, no hay suficiente información de lo que hacen y por eso hay cierta desconfianza. Cuanto más se conoce su trabajo, más se consigue la implicación de la sociedad”, añade Patricia de Roda.Cada oenegé es un mundo y no puede generalizarse. Las que disponen de un mayor presupuesto, como Intermón-Oxfam, Manos Unidas, Ayuda en Acción o MSF, han apostado por una economía basada en las cuotas de los socios y en las aportaciones de las empresas. La mayoría reconoce que son unos años difíciles, que cuesta mucho más captar nuevos donantes, aunque aseguran que la masa de socios no ha retrocedido. ¿Cómo se ha conseguido? Rebajando las cuotas y compensando las bajas con altas gracias a persistentes campañas en la calle. “También hay que tener en cuenta el efecto Haití, nosotros hemos recaudado 8,5 millones de euros, la cifra más alta jamás registrada en una catástrofe. Una parte de los 26.000 nuevos socios de este año [ de un total de 266.000] son personas que donaron tras este terremoto”, apunta Andreu Maldonado, director de finanzas de MSF. “Se ha reducido muy poco la aportación media, de los 158,5 euros al año del 2008 hemos pasado a los 157,8, actuales, pero estamos consiguiendo más socios con iniciativas como las de pagar un euro a la semana”, precisa Maldonado. Todo ello ha hecho que el presupuesto de este año ronde los 103 millones de euros, frente a los 67 del 2009.Intermón-Oxfam (IO) ha diseñado campañas más agresivas e imaginativas para poder equilibrar su presupuesto y no tener que recortar sus proyectos en el Sur. “Cada vez cuesta más conseguir socios, por eso desde hace dos años hemos apostado por estrategias más directas, como el puerta a puerta o el telemarketing”, explica Marc Pintor, director de finanzas de IO. Pintor cuenta que toca reducir los gastos, “ajustando el personal y mejorando nuestra eficiencia”, pero también diversificando los canales de ingresos, potenciando el comercio justo, la línea editorial, las herencias e iniciativas como el Oxfam Trailwalker, que el año que viene llega a España. Una prueba consistente en recorrer 100 kilómetros en equipos de cuatro personas que deben recaudar cada uno un mínimo de 1.500 euros destinados a luchar contra la pobreza.IO ha logrado mantener este ejercicio los 80 millones de presupuesto, a pesar de la importante caída de las aportaciones de las empresas, un contratiempo con el que ha tenido que lidiar la mayoría de las oenegés. Y más en el caso de IO, en la cual el dinero privado representa el 70% de sus recursos.MSF es una de las organizaciones que han puesto un límite (el 15%) a los ingresos procedentes de las arcas públicas; de hecho, actualmente está en el 10%, el 90% es financiación privada, mayoritariamente (75%) de los socios. El mismo esquema se repite en Unicef. “La solidaridad individual no retrocede, lo que sí ha bajado son las subvenciones públicas y las aportaciones de las empresas”, constata Andrés Conde, director de marketing de esta agencia de la ONU. “Los particulares no se han dado de bajaydespués de Haití se ha quedado más gente con nosotros; calculamos que hemos retenido a un 18% de donantes”, destaca Conde.Unicef quiere poner sobre la mesa la desigual respuesta ante catástrofes de grandes dimensiones: “Con Haití recaudamos diez millones de euros ypara las inundaciones de Pakistán, 800.000. Pero la dimensión del desastre de Pakistán es mayor que la de Haití y el tsunami juntos, pues 20 millones de personas se han quedado sin casa y sin medios de subsistencia”, añade. La explicación, según Conde, radica en “cierto cansancio del donante; con Haití la gente estaba predispuesta a ayudar, con Pakistán ya no tanto”, sumado a factores de “lejanía cultural” y a “la dificultad de movilizar a la gente cuando la emergencia se produce en países con conflictos armados”. “Además, el foco mediático sólo estuvo en Pakistán durante quince días”.En los ámbitos académicos se insiste en que las oenegés deben esforzarse en difundir su trabajo, en explicar la repercusión que tienen sus proyectos en los países pobres. Quizás los escándalos de Anesvad e Intervida crearon cierta desconfianza, casos aislados, pues “las oenegés son las entidades privadas más fiscalizadas y transparentes: explican qué seha hecho con cada euro que reciben”, apunta José Ángel Sotillo, director del máster de Cooperación Internacional de la Universidad Complutense de Madrid. Sotillo remarca que la clave para sortear la recesión es que todas las oenegés, grandes y pequeñas, se apliquen para que más del 50% de sus fondos procedan del ámbito privado y que se planteen abordar conjuntamente diferentes proyectos. “En un escenario de crisis y en un mundo donde hay falta de coordinación, ir juntos supone optimizar recursos”.La fuga de 126.000 millonesLa lucha contra la evasión de impuestos y la erradicación de los paraísos fiscales es uno de los grandes retos que persiguen las oenegés para reducir el número de hambrientos. La reciente cumbre sobre los objetivos de desarrollo del Milenio de Nueva York pasó de puntillas sobre este asunto, aunque sí alentó a los países ricos a que impulsen una tasa global sobre las transacciones financieras. Cuando la crisis ha empujado a la baja la ayuda oficial al desarrollo, ambas iniciativas reportarían anhelados recursos para luchar contra la pobreza y el cambio climático. En este contexto, la Red Internacional BankTrack ha hecho público el informe Cerrar la brecha: evaluación de las políticas de inversión de los bancos internacionales,en el que denuncia que los países pobres pierden cada año 126.000 millones de euros por no recaudar impuestos a las corporaciones extranjeras. La oenegé Setem, que ha participado en la elaboración del estudio, denuncia que muchos bancos siguen favoreciendo la evasió
n de fondos a través de paraísos fiscales. Sólo tres de los 49 bancos investigados por Bank-Track “tienen políticas sobre el cumplimiento de las obligaciones fiscales”; entre estos tres no están las dos entidades españolas analizadas, el BBVA y el Santander. La red BankTrack reclama que los bancos hagan pública la información financiera en todos los países que operan, detallando los impuestos, y que no tengan ninguna filial en paraísos fiscales. En este informe se evalúan las políticas de gestión de activos de estos bancos en relación con ámbitos como el cambio climático, la energía, la corrupción, el tráfico de armas o los derechos humanos.Fuente: La Vanguardia

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