Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Huelga contra los auténticos responsables


Justos por pecadores.Opinión de Francesc de CarrerasLa huelga debió dirigirse contra el intocable sector financiero, que nadie se atreve a reformar.La necesidad de la huelga general del pasado miércoles se ha presentado ante los trabajadores, y ante los ciudadanos en general, con aspectos excesivamente ambiguos e imprecisos.En primer lugar, los motivos eran varios y no era clara la distinción entre los importantes y los secundarios: ¿la ley de reforma laboral, entera o en parte?, ¿el aumento de la edad de jubilación?, ¿la congelación de las pensiones?, ¿la rebaja del sueldo de los funcionarios?, ¿el giro en la política social del Gobierno cuando había prometido que éste no tendría lugar? A unos les podía incitar a ir a la huelga unos motivos pero no otros, que quizás los encontraban razonables. En segundo lugar, tampoco estaba claro contra quién se protestaba: ¿contra el Gobierno que había tomado estas medidas?, ¿contra la Unión Europea que las había exigido para afianzar el euro?, ¿contra los mercados financieros que son los que en realidad amenazan la estabilidad monetaria?, ¿contra Obama y el máximo dirigente chino –de cuyo nombre nunca logro acordarme– que también presionaron a Zapatero?Además, otros dos factores contribuían a la confusión. Por un lado, la escasa confianza en la utilidad de la huelga y la seguridad de que a final de mes se le descontaría al trabajador la parte de su salario correspondiente al día no trabajado. Por otro lado, un creciente desprestigio de los sindicatos que no han aportado en los últimos años, ni tampoco ahora, salidas convincentes para remediar el más funesto aspecto de la crisis: el paro que no acaba de crecer. Que los sindicatos defienden en realidad a quiénes tienen trabajo pero no a los parados es una sensación muy extendida, especialmente entre estos últimos.Todos estos elementos convirtieron el 29-S en un día de huelga general muy singular. Seguramente por ello el balance final puede resumirse como lo hacía La Vanguardia: huelga no general, es decir, ni éxito ni fracaso. Aunque la sombra de la duda sobre qué habría sucedido sin los piquetes –más coactivos, se entiende moralmente, que informativos– también contribuye a esta valoración en claroscuro.Y, sin embargo, creo que hay muchas razones para la protesta, la disconformidad con lo que está pasando, el descontento con la actuación de los responsables de la actual crisis. Ha habido años de bonanza económica, de acuerdo: pero, sin duda, mucho más para unos que para otros. Y estos otros son, precisamente, quiénes más pagan las consecuencias de la crisis, lo cual es absolutamente injusto. Por todo ello, quizás la protesta –en forma de huelga o por otros métodos– hubiera debido dirigirse contra quiénes, según acuerdo general, están en el origen de los actuales males: el intocable sector financiero que nadie se atreve a reformar. Lo que da más rabia de todo lo que sucede es que están pagando justos por pecadores.Francesc de CarrerasCatedrático de Derecho Constitucional de la UABPublicado en: La Vanguardia

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