Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Hombres y mujeres ejemplificadores


El príncipe insufla ánimos.La ceremonia de la entrega de los Premios se convierte en una petición de coraje y confianza a España para superar la crisis por parte de don Felipe.No había ayer dos entrenadores sobre el escenario del teatro Campoamor. Había tres. A Vicente del Bosque y Luis Aragonés -que recogieron el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes junto a 10 miembros de la Roja- se unió don Felipe. El príncipe se puso el chándal y bajo al vestuario de una nación desmoralizada, desconcertada y confusa para pedir ánimos. “España se ha demostrado a sí misma en muchas ocasiones que sabe superar los momentos críticos. Ahora debe volver a hacerlo”, aseguró.No había ayer dos entrenadores sobre el escenario del teatro Campoamor. Había tres. A Vicente del Bosque y Luis Aragonés -que recogieron el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes junto a 10 miembros de la Roja- se unió don Felipe. El príncipe se puso el chándal y bajo al vestuario de una nación desmoralizada, desconcertada y confusa para pedir ánimos. “España se ha demostrado a sí misma en muchas ocasiones que sabe superar los momentos críticos. Ahora debe volver a hacerlo”, aseguró.Fue al final de una ceremonia medida y cálida. Una ceremonia de relevo. De bienvenida para la nueva directora de la Fundación, Teresa Sanjurjo, y de despedida para Graciano García, quien hace 30 años puso los cimientos de los hoy prestigiosos premios en marcha.Un acontecimiento teñido de rojo por el impulso y la pasión que desató la selección. Pero donde no pasaron desapercibidos los demás: el discreto Richard Serra (Artes), los sabios del entendimiento, la comunicación y el diálogo entre culturas, como Alain Touraine y Zygmunt Bauman (Comunicación y Humanidades) o Amin Maalouf (Letras). Los tres hablaron de concordia, diversidad y encuentro. ” Cómo convertir nuestras diferencias en provecho y no calamidad” , dijo Maalouf. El escritor franco libanés abogó por convertir la cultura en algo crucial para épocas descarriadas: “Y la nuestra lo es”, avisó.Pero ahí estaban otros ejemplares premiados para demostrar que no tanto: las representantes de Manos Unidas (Concordia), los héroes de esa resurrección médica que permiten los trasplantes, como los representantes de la Transplantation Society y la Organización nacional española (premio de Cooperación Internacional). Así como David Julius, Linda Watkins y Baruch Minke (Investigación Científico Técnica) y los representantes del equipo arqueológico de los guerreros de Xi’an (Ciencias Sociales).Labores ejemplarizantes, héroes contemporáneos que nos pueden ayudar a traspasar esta edad líquida, que diría Bauman, por el pasadizo de uno de esos laberintos robustos de metal que esculpe Richard Serra hacia la salvación.Podemos. Eso parecía querer decir el príncipe. El heredero se empeñó en insuflar ánimos en su discurso. “Logremos construir con ilusión una economía más competitiva y eficiente, que no rehúya el riesgo de emprender e innovar, ágil para adaptarse a los acelerados cambios que vivimos, capaz de generar empleo”, aseguraba. “Una sociedad solidaria e inclusiva en la que tantas personas sin trabajo sepan que su situación es tan sólo transitoria, nunca una desesperanza sin final”.Pero no lo hizo sin dar capones. Sin reconocer que en el camino se han dejado girones éticos: “Debemos buscar la moderación donde haya habido excesos: ética donde haya habido abusos”. Para ello pidió ambición. “Decía Ortega y Gasset que sólo es posible avanzar cuando se mira lejos y sólo cabe progresar cuando se piensa en grande” . Ya habíamos pasado por circunstancias peores antes: ” Ellos lo consiguieron. Estoy convencido de que nosotros podemos volver a conseguirlo. No tengáis duda. Yo no la tengo” . Y saltó al campo.Fuente: El País

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