Martes 27 de Septiembre del 2016
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Como llegar felices a los 100 años


Doce consejos para llegar sanos, activos y felices a los 100 años.Especialistas recomiendan no aislarse, tener proyectos y no renunciar a la vida sexual.Si cuatro disparos no hubieran terminado con su vida hace casi tres décadas, ayer John Lennon hubiera cumplido 70 años. ¿Alguien se lo imagina “viejo”? No parece tan fácil, y no sólo porque murió a sus 40, sino porque además su actitud -proactiva, rebelde, hasta revolucionaria- difícilmente hubiera cambiado con la edad. Y su ejemplo no es el único, por cierto.En el mundo, cada dos segundos alguien cumple 50, cada tres segundos, 60. Y a pesar de las contradicciones de la época, la expectativa de vida no se detiene. En el país, hay cerca de 3000 personas que han llegado o superado los 100 años, mil más que hace una década (y casi el 80% son mujeres) y un millón superó ya los 80. Todo indica que pronto estaremos ante las primeras generaciones masivas de centenarios. Llegar. ¿Pero cómo?Hay que empezar desde temprano, plantea la licenciada Susi Reich, psicóloga y presidenta de la Asociación Argentina de Medicina Integrativa (AAMI), que el mes que viene organiza la tercera jornada Felicidad hasta los 100: el plan es reunir a un grupo de profesionales de distintas especialidades del mundo de la salud -tradicionales y no tanto: desde la gerontología, pasando por la medicina ortomolecular y el reiki- y a numerosos vitaleños (personas longevas y vitales) para que con la participación abierta de generaciones más jóvenes produzcan juntos, al cabo del encuentro, un nuevo dodecálogo de recomendaciones para aspirantes a centenarios.Y este año con un plus: la participación de Papelnonos, una agrupación de mayores de 65 que hace música con instrumentos de papel que ellos mismos construyen (ver aparte), un excelente ejemplo de cómo es posible que cumplir años no sea sinónimo de deterioro.Dejar fluir”Los longevos saludables no viven la vida en términos de etapas o crisis, sino como un crecimiento o desarrollo personal continuo – dice el médico gerontólogo Juan Hitzig-. La ruta es para todos la misma, pero hay que distinguir entre envejecimiento y vejez. El envejecimiento es un proceso ligado a la salud, a la independencia y a la autogestión; la vejez es un estado ligado a la discapacidad y la dependencia. Los Papelnonos tienen actitudes que los hacen permanecer en el camino del envejecimiento: sueños, proyectos e ilusiones, como los chicos de 8, 14 o 20. En tanto, los que están al principio y al final (de la vida) hablan de lo mismo.”Beatriz, de 84, operada del corazón hace diez años, dice que le injertaron “una válvula de chancho” y que sabe que no se puede ser joven para siempre, pero que tiene muchas ganas de vivir. Todos los años visita a su hijo en los Estados Unidos y asiste a las dos reuniones semanales de Papelnonos desde hace nueve años.Enrique, 77, es uno de los pocos varones del grupo. Es viudo, con seis hijos y dice que sí, que las mujeres lo acosan. “La directora me llamó anoche casi a las doce de la noche, y Ofelia [que lo mira, sentada en frente], esta mañana, a las 8 -comenta, sonriente-. Yo era un hombre rígido y esquemático. Cambié pañales, pero no podía ni besar ni abrazar, ni siquiera a mis hijos. Aquí cambié.”A Ofelia, de 79 años, viuda y con una década de Papelnonos, aprender a hacer los instrumentos de papel para luego enseñar, a su vez, a los compañeros fue todo un desafío. “Se puede usar cualquier papel, pero hay que cortar con la mano según cada textura e ir trabajándolo. Hacemos saxos, trompetas, clarinetes, arpas, acordeones, violines…”Yecira, de 82 años, tuvo parálisis facial y durante mucho tiempo no se animaba a reír porque le había quedado la boca torcida. Trabajó mucho en su recuperación y volvió a reírse. Elsa, de 75, pionera en Buenos Aires, dice que el lema del grupo es “una sociedad para todas las edades”. Rita, de casi 84, recuerda que en su juventud era una mujer seca, distante. “Aquí repacté con la vida -dice, sonriente, con su bella voz-, el clima es un milagro.”De un lado, estadísticas y actitudes que prometen ser centenario. Del otro, estilos de vida -apuro, demasiada computadora, mala alimentación, agendas sin respiro- que generan cada vez mayores enfermedades a menor edad: chicos de diez años con artritis reumatoidea o contracturas inimaginables para esa edad, mencionan el doctor Gabriel Carrascosa Solar, psicólogo especializado en homeopatía, y el kinesiólogo y osteópata Nelson Higa.¿Por qué los enfoques complementarios o alternativos no tienen éxito en el nivel de atención pública, por ejemplo en los hospitales? “Creo que es por miedo de parte de los profesionales -dice el doctor Norberto Arias-. Siguen una línea con anteojeras. Fui un médico ortodoxo, pero hoy creo que si contemplamos todos los planos [físico, energético, espiritual, emocional], estamos más cerca de entender el ideal humano. Es el objetivo del curso de posgrado en medicinas integrativas de la Universidad de Belgrano, tratando de sembrar para que otros profesionales intenten abrirse.”CONSEJOS VITALEÑOS1. No aislarse . Mucha gente mayor vive sola, pero hay que diferenciar estar de sentirse solo.2. Se pueden aprender cosas nuevas más allá de los 80. Lo demuestran las neurociencias.3. Romper la errónea creencia de que el viejo tiene que “estar tranquilo”.4. Acceder a la espiritualidad con religión o sin ella ; la colaboración solidaria es una manera.5. Moverse físicamente: estar activos es una premisa fundamental para sentirse bien.6. Mejorar la dieta , elegir cereales integrales, incorporar más verduras de distintos colores.7. Sonreír, al menos cinco minutos diarios. No al ceño adusto y el enojo: son tóxicos.8. No dejar de lado la sexualidad , en pareja o autogenerada. Es psicoinmunomoduladora.9. Trascender limitaciones (“no puedo” o “me duele”): a veces, son más mentales que reales.10. Estar en contacto con otras generaciones : los jóvenes necesitan prepararse para la longevidad.11. Ejercer el abuelazgo : es una forma de amor que puede devolver la sensibilidad.12. Vestirse con ropa de color . Es estimulante. El negro, si se lo usa en forma cotidiana, deprime.Gabriela NavarraPublicado en: La Nación

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