Sábado 01 de Octubre del 2016
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Una cultura solidaria


Despertar en todos la solidaridad.
Opinión de Manuel Lozano

Muchas veces me pidieron una definición de la palabra solidaridad. Y siempre que empiezo a pensar una respuesta son varios los conceptos que me vienen a la cabeza y que creo no pueden estar ausentes: guiarse por el corazón, hacerlo de igual a igual, intentar ponerse en el lugar del otro, comprometerse hasta el final, dejar que la realidad nos marque el camino, no juzgar, trabajar en equipo y respetar al otro sin imponer. Pero si bien me esfuerzo por encontrar la explicación más adecuada nunca logré una que terminara de convencerme por completo.

Durante este invierno, más de 600 voluntarios de la Red Solidaria salimos a recorrer las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires todos los días repartiendo algo caliente para comer y abrigo a aquellas personas que duermen a la intemperie. Y fue en estos recorridos donde encontré la mejor forma de definir la solidaridad. No con palabras, por supuesto, sino con hechos y actitudes.

Muchas veces escuché que en los momentos más difíciles o de mucha necesidad, el ser humano saca lo peor de sí. Yo no sé si ésta es la excepción, o quienes afirman esto se equivocan porque en la calle viví todo lo contrario. “Ya tengo suficiente -me decían-, pero acercale la frazada a la familia que está en la otra esquina que tiene un bebe y está pasando frío.” “Con uno solo me alcanza. Guardá el resto para continuar el recorrido que te vas a cruzar con otros que también tienen hambre”, explicaban otros. Las personas que viven en la calle se conocen, se protegen, se ayudan y se cuidan. Aprendieron a vivir en una verdadera comunidad y ése es el verdadero sentido de la solidaridad. No es un acto aislado, sino una actitud diaria. Y es en este punto donde aún tenemos mucho por trabajar, necesitamos de un compromiso que perdure en el tiempo. Por eso desde la Red nos gusta hablar de una cultura solidaria.
Cuando empecé a colaborar con esta institución hace siete años sentía que mi generación no estaba muy presente en los proyectos y las campañas que iniciábamos.

Hoy estoy convencido de que eso se ha revertido y que son cada vez más los jóvenes que deciden involucrarse, poner primera e intentar cambiar lo que les parece injusto.
Tengo 26 años y creo -y lo repito hasta el cansancio- que es nuestra generación la que va a lograr construir la realidad que soñamos. Por suerte este impulso de las nuevas generaciones se está complementando con el trabajo de los que tienen más experiencia. Y esta combinación entre la nueva energía y los que tienen mayor experiencia es la que, según mi punto de vista, está llevando a que la cultura solidaria se consolide cada vez más en nuestra sociedad. En los recorridos por el frío, esta heterogeneidad se ve plasmada claramente. Hay chicos de 10 años que se suman como voluntarios junto a sus padres y también jubilados, el más grande de 88, que no sólo nos ayudan, sino que caminan las cuatro horas junto a nosotros.

Y como toda rueda que comienza a girar no tiene límites. En cada uno de los viajes al interior que realizo, o en las charlas, compruebo que cada vez somos más los que trabajamos para construir el mundo en el que queremos vivir. Diariamente miles de personas ponen el cuerpo y el alma para mejorar la realidad en que vivimos. Y creo que de eso se trata y hacia allá vamos como sociedad.

Contagiar las ganas
Tenemos que ir todos, lograr dejar de lado el no te metas, la queja, la indiferencia y comprender que cada uno de nosotros, desde el lugar que ocupamos -estudiantes, profesionales, jubilados, amas de casa- podemos aportar para dejar la realidad un poquito mejor que como la encontramos. Ese es el mayor desafío, despertar a quienes aún se encuentran dormidos. Porque seguramente se durmieron al creer que no era posible, que no estaba a su alcance y que se tenían que acostumbrar y amoldarse a la realidad que les tocaba. Hay que invitarlos, hacerlos parte, contagiarles las ganas, porque una vez que abran los ojos, se involucren y vean que se puede, no dudarán un instante en sumarse y entender que ellos también son los protagonistas.
No hace falta superhéroes ni poderes mágicos. Tampoco millones ni grandes estructuras. En tu escuela, en tu trabajo, en tu barrio, en tu casa, con tu gente. Se trata de levantar la mirada, reconocernos como iguales y aprender a caminar juntos.

Manuel Lozano
El autor es director de la RedSolidaria, redsolidaria@fibertel.com.ar
Publicado en: La Nación

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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