Martes 27 de Septiembre del 2016
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Menos gasto en armas, más en salud y educación


Crisis, gasto militar y desarme.
Opinión de Federico Mayor Zaragoza (y otros)
Todo hacía esperar que, al término de la guerra fría, finalizada la carrera armamentística entre las superpotencias, pudieran reducirse los gastos militares e invertir los “dividendos de la paz” en cooperación internacional y promoción de desarrollo global sostenible.

No fue así: de nuevo los países más poderosos de la tierra crearon las condiciones necesarias para seguir incrementando las inversiones en armas y tecnología militar. Para fabricar armas… hay que fabricar enemigos. En los últimos años ha tenido lugar -en contra de lo que era de esperar como reacción al disparate de la invasión de Irak- una remilitarización generalizada.

La nueva fase de la instalación de bases estadounidenses en Colombia -“para hacer frente a las amenazas no solo del narcoterrorismo sino de Gobiernos anti-Estados Unidos”- ha servido de pretexto a procesos de rearme ya en curso en toda América Latina. En Venezuela el presidente Chávez ha anunciado la compra de misiles rusos “que no fallan” (4.400 millones de dólares entre 2005 y 2007). Perú, Ecuador y Bolivia se han lanzado a la compra de armamento. Brasil ha adquirido a Francia 8.500 millones de euros en helicópteros de combate, 36 aviones Rafale y transferencia de tecnología para la construcción conjunta de submarinos.

Por si fuera poco, Francia aprobó en julio de 2009 un programa para los años 2009-2014 por un importe total de 180.000 millones de euros con incrementos posteriores hasta alcanzar los 337.000 millones. El gasto militar francés se sitúa detrás del educativo y del pago de la deuda. El Pentágono concluyó en 2009 un acuerdo de venta de aviones de combate a Irak por 6.300 millones de euros. Entre 2010 y 2014, India tiene previsto adquirir a Estados Unidos 30.000 millones de dólares en armas, para “modernizar” sus fuerzas armadas.

El gasto militar mundial, según el Informe del Instituto Internacional de Estudios por la Paz de Estocolmo (SIPRI) publicado este mes de junio, aumentó el 5,9% en 2009, alcanzando la cifra sin precedentes de 1.531.000 millones de dólares (más de 4.194 millones al día). Los 10 primeros países en gasto militar, por orden son: Estados Unidos 661.000 millones; China, 100; Francia, 63,9; Reino Unido, 58,3; Rusia, 53,3; Japón, 51; Alemania, 45,6; Arabia Saudí, 41,3; India, 36,3 e Italia, 35,8. Por lo que respecta a crecimiento del gasto, para el periodo 1999-2008, China encabeza la lista con un 194% seguida por Rusia (173%) y Arabia Saudí (81%). La media mundial es del 44,7%. El incremento de España es del 37,7%.

Un aspecto especialmente relevante es el desarme nuclear. El Consejo de Seguridad de las Naciones de Unidas aprobó el 24 de septiembre de 2009, por unanimidad, la resolución propuesta porel presidente Obama para atajar la proliferación nuclear. Por otra parte, EE UU y Rusia firmaron en abril de 2010 una importante reducción de arsenales. El nuevo Tratado establece que en un periodo de 10 años ambas partes reducirán el número de cabezas nucleares desplegadas a 1.550, un 30% menos del número acordado en la última ocasión. La reducción que ahora se ha propuesto constituye, por tanto, un paso importante, pero insuficiente y demasiado prudente, como quedó claro en la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear de mayo de 2010.

El presidente Obama ha declarado que el uso de las armas nucleares, mientras existan, deberá limitarse a “casos extremos”. Poder nuclear, “arcano máximo del poder”, ha escrito recientemente Lluís Bassets. ¿Se eliminará del todo rápidamente? Quizás no. Pero hay que intentar que quede reducida al máximo esta permanente amenaza para la humanidad. Poder nuclear y poder en el espacio… cuando resulta ahora que lo apremiante es ocuparse de la Tierra.

No debe olvidarse nunca a China, en la presente situación, que está desplazando tantas cuestiones estratégicas desde el Mediterráneo al Atlántico y hacia el Pacífico. En la celebración de su 60º aniversario exhibió un extraordinario poderío militar: misiles nucleares, aviones, cohetes…

Todo lo que acabamos de describir demuestra que la ONU es ahora más necesaria que nunca. El G-20 ha sido un “invento” ineficaz, fruto del tardo neoliberalismo y de las presiones de las potencias emergentes, que no puede asumir la gobernación mundial, ni tan siquiera desde un punto de vista estrictamente financiero, al carecer de formalidad institucional y democrática. El presidente Lula ha puesto de manifiesto: “no podemos admitir países armados hasta los dientes y otros desarmados. Tenemos que dialogar con Irán. El único límite a la posición de Brasil es el respeto a las Resoluciones de la ONU, que mi país cumplirá”. A ver si cunde el ejemplo.

En España, el gasto militar, aunque sufrió dos descensos consecutivos en los presupuestos de 2009 y 2010, ha experimentado un crecimiento espectacular en los últimos años. Hace un mes, EL PAÍS informaba de que las cifras oficiales presentadas por el Gobierno representan una venta de material de defensa por valor de 1.346 millones de euros. Una cifra récord que, respecto a 2008, supone un incremento del 44,1%.

Es importante destacar que el presidente Obama ha aprobado una nueva estrategia de seguridad nacional, que descarta el “ataque anticipatorio” de Bush y Cheney y favorece las alianzas internacionales. Incluye la reconciliación con Rusia y la revitalización de la ONU. Al impulsar la nueva estrategia de las prioridades del Pentágono, Obama ha sido muy explícito: “… hemos de optar entre inversiones destinadas a mantener la seguridad del pueblo norteamericano y las destinadas a enriquecer a una compañía fabricante o a un gran contratista”. Otro ejemplo y razonamiento que deberían generalizarse.

Estas medidas podrían ser el inicio de cambios que evitaran las lesivas incoherencias actuales. Las múltiples crisis que padecemos son fruto de un modelo económico y financiero que sustituyó los principios democráticos de justicia, igualdad y solidaridad por simples leyes del mercado. Las consecuencias están a la vista: centenares de millones de personas pasan hambre -más de 70.000 mueren diariamente en un genocidio de desamparo y olvido que constituye una auténtica vergüenza colectiva- al tiempo que se invierten más de 4.000 millones de dólares cada día en gastos militares y de armamento. El neoliberalismo de la especulación sigue, después de su “rescate” con fondos públicos, dirigiendo el mundo a través del grupo plutocrático G-20, de tal forma que se está debilitando gravemente el poder político a escala mundial. Centenares de millones de personas no tiene acceso al agua potable o un sistema mínimo de salud. Centenares de miles de personas han perdido la vida en conflictos armados. Alguno de ellos, como el de Oriente Próximo, requieren que, de una vez, Europa y Estados Unidos promuevan la creación inmediata del Estado de Palestina y aseguren que los extremistas de ambos lados no entorpezcan la convivencia y buena vecindad.

La reducción de los déficits tiene que ir acompañada ineludiblemente de la desaparición de los paraísos fiscales, de la regulación de los tráficos ilegales a escala supranacional y del recorte profundo en los gastos militares, abandonando de una vez el perverso adagio de “si quieres la paz prepara la guerra” sustituyéndolo por “si quieres la paz ayuda a construirla con tu comportamiento cotidiano”.

Esta construcción es incompatible con el incremento permanente de los medios de destrucción. Es improcedente reducir las inversiones en desarrollo, salud, educación, etcétera y permitir a la vez gastos militares desproporcionados, sobre todo cuando, en buena medida, el material militar que nos vemos forzados a adquirir es propio de confrontaciones pretéritas.

Con los datos que se incluyen más arriba, tanto a escala mundial como europea y española, creemos que las medidas de ajuste presentadas -y las que se preparen para el futuro- deberían incluir una revisión profunda del gasto militar, disminuyendo particularmente los fondos destinados a armas de incierta utilización o en el contexto de grandes alianzas.

Un nuevo concepto de seguridad debería proponerse desde Europa al mundo entero, de tal manera que en la ONU existiera un Consejo de Seguridad territorial, pero también económica y social, medioambiental, ante catástrofes naturales o provocadas… Sería el principio de los cambios radicales que hoy reclama la sociedad. Hasta ahora, la sociedad carecía de posibilidades de participación no presencial en los asuntos públicos. Hoy empieza a ser consciente del enorme poder ciudadano que le confiere la nueva tecnología de la comunicación. A partir de ahora, la gobernación mundial será progresivamente democrática porque no tendrá más remedio que contar progresivamente con la mayoría de los habitantes de la Tierra.

Firman este artículo Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación Cultura de Paz; Jordi Armadans, director de la Fundación por la Paz; Alfons Banda, presidente de la Fundación por la Paz; Vicenç Fisas, director de la Escuela de Cultura de Paz de la UAB; Rafael Grasa, presidente del Instituto Catalán Internacional por la Paz (ICIP); Manuel Manonelles, director de UBUNTU y de la Fundación Cultura de Paz Barcelona; Manuela Mesa, presidenta de la Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ), y Arcadi Oliveres, presidente de Justicia i Paz.
Publicado en: El País

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