Domingo 25 de Septiembre del 2016
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"Hablar de esas cosas de las que no habla la realidad mediática"


“El problema es que vivimos entre mandones y mandados”
Entrevista a Miguel Ángel Solá, actor, director teatral y productor.

Tengo 60 años. Nací en Buenos Aires y vivo en Madrid desde hace 12 años. Estoy casado con la actriz Blanca Oteyza y tenemos dos hijas. Licenciado en Humanidades. Deberíamos partir todos de la misma línea de meta y ayudar a los que se rezagan. Creo en Dios, no en la Iglesia.

Nueve generaciones de artistas. ¿Predestinado?
Nací dentro de un teatro y lo odiaba porque me robaba muchísimas horas de estar con mi madre. Pero el mismo día que me licencié, me presenté a un casting y me dieron el papel.

Usted ha sido Marco Antonio, Adán, un médico, un demente…
He sido mil personajes dispares. Al principio creía que los hacía yo, pero con el tiempo me di cuenta de que son ellos los que vienen a contar una historia. Yo soy el portavoz; simplemente, tengo que abrirme.

Eso debe de tener sus riesgos.
No utilizo la memoria en escena, para mí es contra natura, como lo es tener miedo por subir a un escenario o ante una cámara. Si eliges una cosa porque te hace feliz, no puedes sentir miedo, tienes que vivirla bien.

El miedo lo arruina todo.
Estaba en las islas Canarias con el agua por las rodillas, se formó una ola gigante, como un edificio, y me cayó encima. Son fenómenos muy particulares: mareas del Pino. Me dejó boca abajo, como una araña, muriéndome en dos palmos de agua.

¿Quién le salvó?
El conserje del hotel donde nos alojábamos me vio desaparecer, vino, me abrazó y la segunda ola le cayó a él enla espalda, la soportó y no me soltó, porque si no, se me hubiera llevado el mar. Primer diagnóstico: tetraplejia y después tres años de rehabilitación.

¿Qué ha aprendido de esa experiencia?
Sólo servía para árbitro de ping-pong, y eso para mí no era vivir. Tuve que aprender a caminar, a tragarme los dolores… Hablábamos del miedo, y ahí lo sentí: miedo a ser un estorbo. Pensé en cómo suicidarme.

¿Ha superado el miedo?
Hay miedos que se instalan cuando tienes hijos, son como larvas, y una larva no tiene nada que ver con un ser querido. Me da la sensación de que cuando uno piensa en el miedo, lo atrae.

Tuvo un segundo accidente.
Un síncope. A partir de los 50, cuando los hombres nos levantamos de noche a hacer pipí, debemos hacerlo sentados. Me destrocé los huesos de la cara. Estrenábamos al día siguiente, y nos quedamos en pelotas.

¿Le ha cambiado el carácter?
Ya me he acostumbrado a los dolores, pero me han entristecido un poco. A nadie le gusta ser menos de lo que fue.

¿Qué es lo importante?
Mi mujer y mis hijas. Y hay cosas de las que me siento orgulloso: he ayudado a mucha gente en momentos difíciles, a perseguidos políticos. Me he tomado en serio ciertas cosas que aprendí, como que la libertad es un útil, no un concepto, que la ética existe y que hay que defenderla porque son muchos los que no creen en ella.

¿Qué pretende con su trabajo?
Conmover. Hablar de esas cosas de las que no habla la realidad mediática. Lo que se trasluce de los medios es que los seres humanos somos una mierda. La noticia sigue siendo que el hombre mordió al perro.

¿Hay otra realidad?
Mi experiencia en los hospitales es la de personas que se desvivían para salvarme a mí y al de al lado. Pasaban las horas y veías a la misma persona con la misma sonrisa tratando de cuidarte. Y fíjese en los maestros.

Una profesión difícil.
Yo no podría estar ni cinco minutos entre 35 niños, ¡sería Herodes! Y ellos están ahí todos los días intentando hacerlos crecer bien. Yo conozco a más gente así que a pederastas o asesinos, pero esos son los que ocupan los periódicos, y los nada encumbrados de la fama, que no tienen ningún mérito.

Quiero contar esa otra historia, alguien tiene que hacer el trabajo limpio. Decir que urge vivir y quererse, y aprender a cuidarnos y a cuidar lo que nos rodea, y no llenarnos de cosas inútiles y apreciar lo que el otro hace. Es tan fácil destruir…, pero el ser humano demuestra su fortaleza construyendo.

¿Le apoyan los productores y los programadores?
Cuando llegamos a Madrid con Adán y Eva estuvo tres años viviendo en cajones, nadie quería hacerla porque no tenía entreactos: “¿Cuándo se van a fumar el pitillo?”. La vieron un millón y medio de personas. Sólo el 2% del teatro de texto en el mundo sobrepasa el millón. Diez años estuvimos en cartel.

Usted produce sus espectáculos y actúa en ellos. ¿También se hipoteca?

No me gusta que me digan cómo hay que hacer las cosas. Las dos obras que he hecho, Adán y Eva y Por el placer de volver a verla,nacieron de hipotecar mi casa, porque cada vez que tuvimos dinero para producir se lo comieron mis accidentes.

Difícil.
Difícil es vivir en África con un hijito con la pancha inflada; esto es un contratiempo.

Es usted un quijote.
Creo que el gran problema es que vivimos entre mandones y mandados y el sueño se pierde. Por eso está mal el mundo, porque la gente no dedica la vida a lo que quiere. Nadie que haya trascendido ha dejado de perseguir su sueño. El sueño es como una mujer coqueta: hay que conquistarlo y saber decirle por qué eres merecedor.

Si el tigre tiene hambre, la presa no se le puede escapar, porque si no come, muere. Al hombre le pasa igual: si no cumple su sueño, se transforma en la sombra de sí mismo.

Ima Sanchís
Publicado en:La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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