Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Capitalismo solidario


“Dar crédito al pobre es un excelente negocio”.
Entrevista a Michael Chu, fundador de bancos solidarios; profesor de microcrédito en Harvard.,
Tengo 61 años: sé que juego el último tiempo del partido. Nací en Kumming (China), me crié en Montevideo y vivo en Boston. Casado con Victoria Cowling Chu. Los mercados son una fuerza para el bien y la justicia… si se usan con principios éticos y solidarios. Colaboro con Esade
Un día corriendo por un aeropuerto… Me detuve y me dije: ¿Para qué corres?
¿Y tenía respuesta?
Ya me había hecho esa pregunta otras veces y podía haberme vuelto a contestar: “Porque vas a una reunión muy importante”, pero esta vez esa respuesta no fue suficiente….

¿Por qué?

Porque ya tenía 60 años: así me di cuenta de que jugaba el último tiempo del partido.

Vamos, vamos: que 60 hoy no son nada.

Son importantes si no te engañas y eres consciente de que no eres eterno. Hasta entonces me interesaba lo interesante, pero ahora sé que debo concentrarme en lo imprescindible. Y aquella reunión a la que iba era interesante, pero no era imprescindible.

¿Qué le es ahora imprescindible?

Colmar el vacío que te deja no hacer nada por los demás. Y lo que yo podía y puedo hacer por los demás era concentrarme en crear bancos y empresas para mejorar la vida de los sectores de bajos ingresos.

Pero ya llevaba mucho tiempo en eso.

Pero ahora debía concentrarme sólo en ayudar a poner la enorme fuerza del mercado a trabajar para los que han nacido fuera del sistema e integrarlos en él.

¿Cómo?

Déjeme explicar mi historia y verá: mi padre fue el empresario que puso en marcha las fábricas textiles de Yunan, pero nos tuvimos que exiliar en 1953 y elegimos Uruguay, entonces “la suiza de las Américas”.

¿Cómo les fue?

Yo crecí y me di cuenta de que la injusticia social es inadmisible. Me fui a estudiar a Darmouth y cuando volví a Uruguay estaba a la izquierda del Che.

También era la época.

Al volver, un directivo de la multinacional Unilever me fichó, pese a saberme izquierdista para que viera: “Al enemigo desde dentro”. Me encargaron de comprar gallinas, millones de gallinas para hacer cubos de caldo.

Seguro que aprendió mucho.

Hasta que en el 73, los militares dieron un golpe de Estado y yo empecé a conspirar contra la dictadura, pero la clandestinidad en Uruguay era imposible para un chino…

Un amarillo rojo: fácil de detectar.

Así que volví a EE. UU. y estudié en la Harvard Business School y al salir en los ochenta me ficharon en Wall Street, yme especialicé en fusiones y adquisiciones.

También era la época.

Muchas multinacionales estaban sin optimizar y en bolsa tenían un precio bajísimo, así que con los directivos pedías un crédito, comprabas el negocio, lo mejorabas y con el flujo de caja lo devolvías y te convertías en dueño de la empresa donde eras empleado.

Supongo que no era tan fácil.

Así compramos Nabisco. En esencia ese era el mecanismo, pero para mí también fue una atalaya magnífica para ver lo torpe que es la mano invisible de Adam Smith.

¿Dónde quedó su inquietud social?

Mi amigo directivo de Unilever también se acordaba de ella y me llamó para colaborar con Acción Internacional, pionera en microfinanzas y microcréditos.

No era un negocio como Wall Street.

Lo es. Fue un descubrimiento: podías dar microcréditos y no sólo cubrir gastos sino ganar dinero: ser un negocio muy rentable.

Estupendo.

El siguiente paso era convertirnos en un banco normal para tener acceso a más mercados y así en 1992 fundamos Banco Solidario de Bolivia, hoy próspero BancoSol.

¿También funcionó?

Fue pionero de un movimiento con el que acabamos fundando bancos en principio para microcréditos y hoy sólidos y rentables como MiBanco en Perú o Compartamos Banco en México, una institución que había nacido como ONG en Chiapas.

Un estado muy pobre.

Pues en el 2007 su salida a bolsa en México fue 22 veces sobrevendida, un exitazo.

¿Cómo lograban tantos inversores?

Porque el 80 por ciento del mercado en Latinoamérica estaba mal servido y tenía un enorme potencial de desarrollo que se realizó cuando llegaron gobiernos más estables.

¿Los pobres devuelven los créditos?

Pues claro, por la misma razón que usted: quieren poder pedir otro si lo necesitan.

Y la alternativa es la usura.

Una campesina que vende huevos en el mercado en Bolivia pide 100 dólares al prestamista y a los días tiene que devolverle 102: ¡un interés del 3.000 por cien!

Entiendo que sus bancos ganen dinero.

Y cobrando intereses razonables, pero rentables: nada de limosnas. El problema del tercer mundo es que nadie quería explotarlo, nadie quería arriesgar su dinero allí. Pero los enormes beneficios han acabado convenciendo de que allí hay negocio y un banco debe ser solidario y ético, pero negocio.

Una buena experiencia.

Por eso me ofrecieron volver a Harvard para dirigir un seminario sobre microcrédito y por eso estoy ahora en Esade.

¿Cómo se pasa de la filantropía al capitalismo solidario?

Si quieres ser efectivo contra la pobreza debes acceder a millones de personas; tener continuidad en el tiempo y lograr expandirte para reducir costes.

Pocas ONG lo logran.

Ayudar al pobre debe ser un negocio ético, pero rentable, de hecho ya lo está siendo sobre todo para los pobres.

Capitalismo solidario
Chu en su juventud estuvo “a la izquierda del Che” y en su madurez “en el corazón de Wall Street” y después supo combinar la fuerza de los mercados y la generosidad de los ideales en su “capitalismo solidario”, que incorpora a los pobres al sistema, uniendo la ética de la solidaridad a los incentivos de mercado. Así se han logrado éxitos en Latinoamérica como Banco-Sol, Compartamos Banco o MiBanco, promovidos por Chu desde su creación como ONG de microcrédito hasta su conversión hoy en banca competitiva y próspera sin renunciar a sus principios. Chu dice que ya está jugando “el último tiempo” de su partido, pero como lo juega a favor de los demás, lo disfruta como un chaval.

Lluís Amiguet
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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