Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Cómo podemos salvar el planeta a través de pequeños gestos


Margaret Fenwick: “Antes de comprar algo, hay que preguntarse de dónde viene, de que está hecho”.No intenta cambiar el mundo, pero casi. Bloguera, escritora y “ecopecadora”, Margaret Fenwick nos cuenta cómo podemos salvar el planeta a través de pequeños gestos cotidianos y de un nuevo estilo de vida. Muy “ecochic”.La primera vez que se dio cuenta de la necesidad de salvar el planeta fue hace 4 ó 5 años leyendo un artículo que define muy cómico sobre las acciones demostrativas de varios “green bloggers” desperdigados por el mundo. Entonces, Margaret Fenwick ya había dejado Estados Unidos para establecerse definitivamente en Madrid y bajo el lema “¡Esta guiri se va a enterar (de cómo podemos salvar el planeta a través de pequeños gestos vivir una vida más sana y sostenible)!” estrenó un blog – ‘Verde que te quiero verde’– que no tardó en convertirse primero en una especie de breviario virtual del buen hacer “eco” y después en la idea de un libro que se titula ‘Ecochic’ y que explica con un lenguaje simple y directo cómo podemos cuidar del planeta a través de pequeños gestos cotidianos.Pregunta: Salvar el planeta, vivir una vida más sana y sostenible y, aunque a través de pequeños gestos cotidianos, cambiar el mundo. Dada la importancia que revisten todos estos temas, ¿El título “Ecochic” no te parece un poco “frívolo”?Respuesta: Totalmente de acuerdo y de hecho al inicio el título tenía que ser “vida sana, planeta sano” o algo por el estilo, algo que hiciera referencia al equilibrio entre estas dos cosas. Pero la verdad es que las palabras “ecologismo”, “ecologista” o el simple prefijo “eco” siempre han estado muy relacionadas con lo político y con lo espiritual, pero yo quería alejarme del pesimismo y de la seriedad que traían consigo estas palabras e ir por otro camino: ¿Qué desodorante comprar limitando los daños para el planeta? ¿Cómo y dónde puedo comprar un abrigo de buena calidad y que me va a valer durante años? Esto no es algo político o budista, es algo que afecta a la vida de todos. “Chic” en el Diccionario de la Real Academia Española significa ser elegante, tener estilo, tener savoir faire y esto es lo que entiendo con “chic”. No moda sino un estilo de vida que incluye gestos cotidianos que no hacen daño al planeta y ayudan a mejorar un poco su estado de salud.Tu libro está pensado como un manual de consejos prácticos que son el fruto de tus experiencias directas. ¿Ha sido difícil cambiar tu día a día?Bueno, antes hacer la compra era una obsesión total, un estrés. Pero cuando empecé a enterarme de mis opciones sostenibles, a saber qué marcas elegir, lo que necesitaba y lo que no me hacía falta de verdad se me hizo poco a poco más fácil. Sólo se ajustó un poco mi lista de la compra. Por ejemplo, fruta y verduras ecológicas las compro en Mil Historias, una ONG de Madrid que comercializa productos cultivados por personas sin hogar en tierra clasificada como ecológica. Luego una vez a la semana o al mes voy a grandes superficies y ya que estoy, ¡aprovecho para hacer estudios de mercado mientras hago la compra! Cuando empecé a concienciarme sobre los temas del medio ambiente y a reflexionar sobre ellos, mi marido me dijo: ¡No nos pongamos verdes hasta las narices! En estos últimos 4 o 5 años, mi vida no ha cambiado nada, pero sí he cambiado todo de mi vida. Aunque yo también a veces cedo a mis “ecopecados”.¿Cómo cuáles?Darme un baño en vez de una ducha una vez a la semana, encendiendo velas –las de soja, no las de cera de abeja, precisa Margaret–, pero ya lo hago mucho menos y cuando lo hago, el resto de la semana me doy duchas súper rápidas como los militares para reequilibrar la cantidad de agua que gasto.¿Crees que lo “eco” es un lujo por el precio y por el tiempo que requiere?No, en absoluto. Yo no compro sólo productos “eco”, quiero que la gente lo sepa, no me lo podría permitir. Lo que sí es importante es que cada uno entienda que si compra aunque sea uno de los productos que utiliza todos los días – la leche, el azúcar, los huevos – de un cultivo ecológico, está mandando un mensaje muy importante al productor, diciendo que le importa su trabajo y también a quien lo vende y a los otros consumidores. La calidad del agua que sale del grifo depende directamente de los pesticidas que se utilizan en los cultivos no ecológicos y lo que hay que pensar es que con este pequeño gesto se está haciendo el agua un poco más pura. Es más: ¡Estos pequeños gestos ayudan a ahorrar sobre las facturas, lo digo por experiencia!Así que se trata al fin y al cabo de salvar el planeta, como en el cine. ¿Y quiénes son en este caso los malos de la película?La demanda. Yo no echo la culpa a nadie salvo que a mi misma. Si no hubiera demanda de petróleo, no estaría pasando lo que está pasando en el Golfo de México. Si hubiera una demanda enorme de energía renovable, si todos lo hiciéramos mañana, las eléctricas del país se darían la vuelta inmediatamente. Los políticos quieren sus votos y las empresas su dinero y nadie a parte de nosotros tiene el control sobre esto. Echarle la culpa a alguien es demasiado fácil. Hay que tomar la decisión.¿Cuál es la diferencia entre estar concienciado y asustado?Vuelvo a decir, se trata de pequeños gestos y de ir acostumbrándose poco a poco: cambias tus bombillas de bajo consumo, compras papel reciclado. Al inicio yo estaba súper estresada, pero ser extremista no sirve de nada, simplemente tienes que modificar tu día a día e ir acostumbrándote.¿Algún ejemplo?Por ejemplo, llevar siempre bolsas reutilizables para la compra, evitando así que te llenen de bolsas de plástico cada vez que vas a un supermercado; no comprarlo todo, sino poco y de buena calidad; no comprar mil productos para limpiar, sino un multiuso y luego vinagre y bicarbonato donde haga falta. Una cosa que hago es “preciclar”, es decir, si tengo que comprar fruta o verdura en un supermercado, voy directamente con mi bolsita de plástico que utilizo más veces y los vendedores pegan encima la etiqueta con el precio. Algunos “alucinan”, pero al final no ponen pegas y todo el mundo se va tan contento.¿Hacia dónde crees que va la “tendencia verde”?En inglés hay dos palabras: “fad”, que indica una moda pasajera y “trend”. ¿Qué es un trend? A mí me gusta decir que es el ejercicio, como la aeróbica en los años 80, que consiguió afirmar la idea de que el ejercicio era bueno e importante para la salud. Luego vinieron step, spinning, yoga y pilates, pero el mensaje y la finalidad son los mismos. Yo creo que esto es lo que va a pasar también con lo eco: el mensaje ya no se pone en discusión, aunque haya mil maneras de meterlo en práctica. También veo una evolución hacia lo ético. Citando la doctora Jane Goodall (primatóloga de fama mundial y autora del prólogo del libro Ecochic), antes de comprar algo, hay que preguntarse de dónde viene, de que está hecho, quién lo ha hecho, ya tengo algo parecido, lo puedo pedir prestado o encontrar de segunda mano, cuánto me puede durar y qué va a pasar cuando termine de utilizarlo. Simplemente se trata de parar y pensar.Publicado en: lainformación.com

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