Martes 27 de Septiembre del 2016
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China: el éxito y su clase política


La clase política china.
Opinión de Eugenio Bregolat

En el año 2000 oí de boca de Tung Cheehwa, entonces jefe del Gobierno de Hong Kong, esta afirmación: “Greenspan me ha dicho que China tiene la mejor clase política del mundo”. La lectura de las memorias de Greenspan (La era de la turbulencia),publicadas en el 2007, deja claro por qué hizo semejante afirmación. Se muestra deslumbrado por Zhu Rongji, el primer ministro chino anterior al actual, para mí la personalidad más sobresaliente de las tres décadas de reforma económica después de su inspirador, el gran Deng Xiaoping. Greenspan habla de sus once años de amistad con Zhu.

El detallado conocimiento que, una vez jubilado, seguía teniendo tanto de los problemas de la economía china como de la forma en que debían tratarse hacía dudar a Greenspan de que realmente se hubiese retirado. Por cierto, uno de los temas que habían discutido era la forma óptima de supervisión bancaria. Aparecido en vísperas del estallido de la crisis financiera, no se extiende sobre este punto. Sería interesante que un día Greenspan contara sus conversaciones con Zhu sobre este punto.

Greenspan extiende sus elogios a otros altos responsables de la economía china, como Zhou Xiaochuan, el actual gobernador del banco central, cuyo nombre saltó a las primeras páginas de la prensa económica mundial el pasado año cuando pidió que el dólar fuese reemplazado como moneda de reserva por derechos especiales de giro del FMI. Se asombra Greenspan de que “él y sus colegas, solo pocos años después de abandonar la planificación económica y el aislamiento internacional, hayan logrado tan gran habilidad en operar en el sistema financiero global”. Greenspan no es un caso aislado; muchos dirigentes norteamericanos y de otros países sienten un profundo respeto por la clase política china, que ha protagonizado en los últimos treinta años el proceso de desarrollo económico más espectacular de la historia universal. Y con un país de 1.300 millones de habitantes. El naufragio de la reforma en Rusia demuestra que lo que ha hecho China, que a veces puede parecer fácil, era, y sigue siendo, muy complicado.

Los nueve miembros del Comité Permanente del Politburó del PCCH son todos ingenieros o científicos, tienen un alto grado de sofisticación económica y manejan las categorías económicas como cualquier alto dirigente occidental. Han superado los últimos años diversos retos de alta complejidad. Primero, el ingreso en la OMC, en diciembre del 2001, que muchos pensaban iba a barrer sectores industriales enteros en China, y que, bien al contrario, la ha convertido en el primer exportador global y en el principal acumulador de divisas extranjeras (cosas que, obviamente, tienen también sus inconvenientes). Segundo, la reforma de las empresas estatales, que implicó el despido de más de cincuenta millones de sus empleados (que no fueron dejados a la intemperie). Tercero, el saneamiento de la banca pública, con criterios occidentales quebrada quince años atrás, que costó medio billón de dólares. Cuarto, la recuperación de la soberanía sobre Hong Kong sin que este, contra el pronóstico de muchos, se arruinara. Quinto, la gestión de la crisis económica global: China ha hecho la mayor contribución, con su paquete de estímulo fiscal y crediticio, a que el mundo pueda encontrar la salida del túnel; fue el primer país en acelerar y ahora es el primero en frenar.

El sistema de economía mixta, o capitalismo de Estado, que incluye el control estatal de en torno a un tercio del capital empresarial, incluida la banca, así como fuertes sistemas de planificación a largo plazo y de regulación, ha mostrado su eficacia ante la crisis. Todos piden ahora más Estado, abandonando los fracasados postulados ultraliberales, lo que supone, salvadas todas las distancias, un movimiento en dirección al modelo chino.

La moneda tiene otra cara. China se enfrenta a serios problemas: la necesidad de dar más peso al consumo, las crecientes diferencias de renta entre personas y regiones, la ecología y un largo etcétera. Pero en esos treinta años largos, desde que empezó la reforma económica sus dirigentes han evidenciado una notable capacidad de ir resolviendo sus problemas. Aunque nadie conoce el futuro, ello permite ser optimistas sobre el de China. Una de las principales razones para ello, es, y vuelvo al principio, la calidad de su clase política. Tras conocer personalmente a parte de ella, comparto con Greenspan el gran respeto que siente por los dirigentes chinos.

El PCCH, con más de setenta millones de miembros (el 5% de la población de China), es la mayor meritocracia del mundo. No es más que la versión actual del mandarinato, la burocracia que ha gobernado durante más de dos mil años. Desde el siglo sexto se reclutaba a través de los exámenes imperiales, basados en el mérito. O sea, hace quince siglos que los chinos inventaron las oposiciones, que en Europa apenas si tienen un siglo de vida. La cultura política del mandarinato, anclada en el pensamiento confuciano, es una de las claves para entender el éxito económico de China en las últimas décadas.

Eugenio Bregolat
Ex embajador español en China
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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